El
alce (fragmento)
La
señora Yonelet era una mujer llena de iniciativa y don de mando.
Involucraba a los otros invitados, al peso muerto, por decirlo así,
en toda clase de ejercicios y ocupaciones que los separaran de
Bertie y Dora, que de este modo podían ajustarse a sus propios
planes; es decir, a los planes de Dora, con la pasiva aquiescencia
de Bertie.
Dora ayudaba en la decoración navideña de la iglesia
parroquial, y Bertie le ayudaba a ayudar. Juntos daban de comer a
los cisnes, hasta que las aves entraron en huelga por dispepsia;
jugaban billar juntos, fotografiaban juntos los orfanatos de la
población y, desde una prudente distancia, el alce domesticado
que pastaba altivo y solitario por el parque.
Era
"domesticado" en el sentido de que hacía tiempo había
perdido el último vestigio de temor a la raza humana; pero nada
en su pasado alentaba a los vecinos humanos a sentir una confianza
recíproca.