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TENER
ENTRE LAS MANOS
Tener entre las manos largamente tu sombra
de cara al sol.
Tu recuerdo me persigue o me arrastra sin remedio,
sin salida, sin freno, sin refugio, sin habla, sin aire.
El tiempo se transforma en casa de abandono,
en cortes de árboles donde tu imagen se disuelve en humo.
En el sabor más amargo que la historia del hombre conozca.
En el abrir y cerrarse de puertas que conducen
al dominio encantado de tu nombre,
Donde todo perece
un inmenso campo baldío roído de hierbas y pedruscos. Tus pies,
tu frente,
tu espalda de diluvio,
tu vientre de aluvión,
tus muslos de centellas.
Una piedra que gira, otra que se levanta,
Un caballo encantado, un arbusto de piedra,
un lecho de piedra.
Una boca de piedra y ese brillo que a veces me rodea,
para explicarme en letra muerta las prolongaciones
misteriosas de tus manos que vuelven con el aspecto amenazante de
un cuarto modesto con la cortina roja
que se abre ante el infierno.
Las sabanas, el cielo de la noche,
el sol, el aire, la lluvia...y el viento...el viento...
solo es el viento el que me trae tu nombre.
CÉSAR
MORO
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