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Doble
noche
La noche no logra
terminar, malhumorada permanece, adormeciendo a los gatos y a las
hojas. Estar aprisionada entre dos globos de luces y mantener, como una
cabellera que se esparce infinitamente, el oscuro capote de su
misterio. La noche nos agarra un pie, nos clava en un árbol, cuando
abrimos los ojos ya no podemos ver al gato dormido. El gato está
escarbando la tierra, ha fabricado un agujero húmedo. Lo acariciamos con
rapidez, pero ha tenido tiempo para tapar el agujero. Hace trampa y
esconde de nuevo a la noche.
II
Entré en el cuarto, no me
decidí a encender la luz. Estaba un hombre sentado en un taburete, su
espalda toda frente a mis ojos. No lo sentí como extraño ni alteraba la
colocación de los muebles ni el botón de la luz. Como en una explicación
casi inaudible dije: Uno. El otro, con su cuerpo inmovilizado, moviendo
sus labios con sílabas muy lentas, me respondió: el cuerpo. Temeroso, con
gran culpa, encendí la luz. El otro seguía en su taburete, comenzó
entonces como un debate ciceroniano en el senado romano, golpeando las
almohadas con los puños. El gato absorto y lentísimo comenzó de nuevo a
esconder la noche.
JOSÉ
LEZAMA LIMA
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