|
LICOR
Dulcísimas
cerezas
en el ritual de octubre.
Se yo te mordiese los cilios
y gimiese de espanto
diría que el amor
es una invención del sueño,
que el cuerpo con que ejerzo
esta danza secreta
no tiene definición
mas es daño y pena,
lasca de uñas, mancha
de sangre en un pañuelo.
Reiríamos
del amor
de tal forma alumbrados
que el sueño pasaría
y yo vería la verdad
que naufraga cuando todo
es placer triturado.
placer?
yo sondaría
milímetros de nervios
y pesaría los gestos
las mínimas torsiones
concluyendo con la nada
de una nube trazada
en una hoja vacía.
(Ni siquiera una nube
distante y verdadera.)
Se
quisieses oírme
yo contaría la historia
de una imagen que quise
robar de lo que es real
una gota de miel.
Diría
que este hurto
sin dimensión exacta
seria toda la gloria
de esta imagen sin voz.
Se quisieses oírme
yo te prometería
luego, después dispensar
llevando a mi historia.
Y
yo te desearía
el puerto da locura
para que sólo hablases
de esta opaca memoria.
Dulcísimas
cerezas.
Octubre, la nueva, nada
reconstruí lo perdido
cuando es mito referido
de improbable delicia.
Dulcísimas
cerezas,
imponderable gesto
suspenso entre el remozo
y la frustrada caricia.
Walmir
Ayala
|