|
EL
CONDENADO A MUERTE
A
Maurice Pilorge , asesino de veinte años.
Sobre
mi pescuezo sin armadura y sin odio, mi pescuezo
Que
mi mano más ligera y grave que una viuda
Acaricia
bajo mi collar, sin que tu corazón se conmueva,
Deja
a tus dientes depositar su sonrisa de lobo.
Oh
ven mi bello sol, oh ven mi noche de España,
Alcanza
mis ojos que mañana habrán muerto.
Alcanza,
abre mi puerta, entrégame tu mano,
Llévame
lejos de aquí hasta alcanzar nuestro campo.
Pueden
despertar el cielo, florecer las estrellas,
No
las flores suspirar, ni de los prados la hierba negra
Acoger
el rocío donde la mañana va a beber,
La
campana puede sonar: sólo yo voy a morir.
¡Oh
ven mi cielo rosa, oh mi canasta rubia!
Visita
en esta noche a tu condenado a muerte.
Arráncate
la carne , mata, trepa, muerde,
¡Pero
ven! Deposita tu mejilla junto a mi redonda cabeza.
No
hemos acabado aún de hablarnos de amor.
No
hemos acabado aún de fumar nuestros gitanes.
Podemos
preguntarnos por qué las Cortes condenan
A
un asesino tan bello que hace el día palidecer.
¡Amor
ven a mi boca! ¡Amor abre tus puertas!
Atraviesa
los pasillos, baja, camina ligero,
Vuela
en las escaleras más ágil que un pastor,
Más
propicio al aire que un vuelo de hojas muertas.
Oh
atraviesa los muros; si hace falta camina en el borde
De
los techos, de los océanos; cúbrete de luz,
Usa
la amenaza, usa la plegaria,
Pero
ven, oh mi fragata, una hora antes de mi muerte.
JEAN
GENET
|