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AMOR
Y MUERTE
(Fragmento)
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Cuando lo envuelve todo la formidable fuerza y
fulmina en el alma afán constante, ¡cuántas veces te implora con
intenso deseo, oh dulce muerte, el dolorido amante! ¡Cuántas veces,
oh, cuántas a la noche o al alba abandonándose rendido juzgó gran
dicha que jamás pudiera despertar de su sueño ni ver la luz amarga
nuevamente! Y al son a veces de la triste esquila, del canto que
conduce a los que mueren al eterno olvido, con suspiros
ardientes de lo íntimo del pecho envidia tuvo de aquel que bajo
tierra a habitar iba. Hasta la tosca plebe, el labriego, que
ignora toda virtud que del saber deriva, hasta la joven tímida y
esquiva, que de la muerte al nombre sentía sus cabellos erizarse,
contemplan ya la tumba y el sudario con un mirar de fortaleza
lleno, y en hierro y en veneno meditan largamente, y aun en su
indocta mente la gentileza del morir comprenden. Tanto a la muerte
inclina de amor la disciplina. Y es frecuente que la interna pasión
llegue a tal punto que la fuerza vital no se sostenga, y ceda el
cuerpo frágil a la terrible lucha, y de esta suerte por fraterno
poder triunfe la muerte, o tanto instigue amor en lo profundo del
corazón que el tosco campesino y la tierna doncella con mano
violenta su carne juvenil den a la tierra. Ríe entonces el
mundo, al que el cielo vejez y paz consienta
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GIACOMO
LEOPARDI
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