Me lancé a su alrededor,
Lo dibujé debajo;
Me pegué, me ahogué con él,
Mi blanca maravilla.
Padre y madre,
Llorando y salvaje,
Vinieron al bosque,
Llamando al niño,
Vinieron desde el palacio,
Bajo el estanque,
Llamando a mi querido,
Mi hermoso
Bajo el agua,
Frío y tan pálido!
¿Podía el amor hacer
que la belleza fallase?
¡Ah de mí para mortales!
En algunas lunas,
Si lo hubiera abandonado,
Después de algunos tiempos
Se habría marchitado,
Desvanecido,
Él, el monarca joven, a quien
Todos obedecerían,
Más justo que el justo;
Extraño para la primavera,
gris y sin alegría,
Se habría marchitado,
Se habría desvanecido,
Cambiar de lugar una parodia,
¡El día del desprecio!
Ahora lo he tomado
en la flor de la vida,
Salvándole del lento envenenamiento
tal vez despiadada,
buscando la felicidad en el suyo,
en la flor de la vida,
Salvándole del cruel
Deshonor del tiempo.
Colocándole a él, a mi hermoso,
dulcemente en el descanso,
Cariñoso, adorable,
Aquí presente mi cristalino,
¡Aquí en mi pecho!