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LO INNOMBRABLE
¿Por qué estoy
hoy alegre?
Sin motivo
ninguno
oigo ascender por mí las acechanzas
de un fuego azul.
¿Sólo por esto?
Hay, también, lo
invisible.
Nunca se sabe bien quién late dentro
de nuestra pervivencia.
No es el amor, no
estoy enamorado.
No es que tenga dinero ni esperanzas.
Ninguna novedad, ningún alivio
ha llamado a mi puerta.
Y sin embargo es
cierto, Oh certidumbre.
¿A qué se deberá
que esté hoy el aire
tan fresco y matinal?
¿Que el color de la vida se me ofrezca
lleno de persuasión? ¿A qué secreto?
¿O tal vez a qué
causa imprevisible?
Porque secreto
no.
Todo está dicho ya.
Todo más que sabido.
La juventud se
fue como un aroma
que impregnó cuanto somos.
Como un frasco
vacío y transparente:
ya no queda secreto.
Ya no queda de mí
más que esta idea
desnuda de la dicha,
la posesión del
ser sin exigencias,
este frasco vacío,
esta felicidad.
Algo tan
quebradizo y duro en cambio
que más vale callar sobre su alcance.
Una sola palabra
bastaría
a disiparlo entero.
Juan Gil
Albert
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