Un caso de ninfomanía 

KRAFFT - EBING, Richard Von

Fuente: Krafft-Ebing. Psychopathia sexualis.
Stuttgart : Ferdinand Enke, (1924)

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La señora V fue adicta a los hombres desde su juventud. Se trataba de una mujer con antecedentes familiares normales, de cultura elevada, buen carácter, muy modesta y que se ruborizaba con suma facilidad, aunque siempre fue el terror de la familia: cada vez que se encontraba a solas con un hombre, sin importarle si era niño o anciano, guapo o feo, lo desnudaba y lo animaba a satisfacer su lujuria con vehemencia.

Recurrió al matrimonio con la esperanza de curarse, pero aunque amaba mucho a su marido, no era capaz de controlarse cuando estaba sola con un hombre; ya fuera un invitado o un trabajador de la casa, les exigía que copulasen con ella.

Nada logró curarla de dicho trastorno. Incluso de anciana siguió siendo ninfómana. En cierta ocasión trató de violar a un niño de doce años al que se había llevado a la alcoba. El muchacho logró escapar y su hermano le dio a ella una soberana paliza, pero todo fue en vano. 

La enviaron a un convento, y allí fue un modelo intachable de buena conducta, sin cometer ninguna indiscreción. Pero en cuanto regresó a casa reanudó sus prácticas perversas. Entonces la familia le dio una pequeña asignación económica y le pidió que se fuera lejos. Se puso a trabajar duro con objeto de ganar el dinero que necesitaba para comprar amantes. 

Cualquiera que viera a aquella señora pulcra y apuesta de sesenta y cinco años de edad, con sus modales modestos y su disposición extraordinariamente amable, jamás hubiera podido sospechar con cuanto atrevimiento necesitaba aún satisfacer sus impulsos sexuales. 

Finalmente, la señora V fue internada en un manicomio, donde vivió hasta mayo de 1858, fecha en que murió, a la edad de setenta y tres años, de una apoplejía cerebral. Su comportamiento en el manicomio era irreprochable mientras estaba bajo vigilancia; pero en cuanto se descuidaban, ella aprovechaba cualquier oportunidad, como en sus viejos tiempos, y esto ocurrió hasta pocos días antes de su muerte. No se detectaron en ella otros signos de anomalía mental.

 

   
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