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El presente artículo se origina a raíz del trabajo
realizado durante los primeros meses del año 2001 en un Colectivo de
Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales de Madrid (España). El
trabajo consistió en analizar la problemática específica, identidad
y estilos de vida de un grupo de gays varones de más de 30 años que
se reúnen para realizar diversas actividades todos los viernes.
En este tiempo pude comprobar cómo buena parte de
ellos se sentían, en cierto modo, incómodos o fuera de lugar en lo
que se viene conociendo como el ambiente, es decir, el
conjunto de locales, bares, calles y lugares de encuentro y ocio
frecuentado mayoritariamente por gays y lesbianas. Este espacio se
identifica hoy en la ciudad de Madrid fundamentalmente con el barrio
de Chueca y alrededores. |
Introducción
Después de recoger información diversa en el citado
colectivo; analizar los comentarios que fueron surgiendo durante
algunas de las actividades y los resultados de entrevistas en
profundidad; observar las actitudes corporales y la moda existente
en este entorno y examinar la literatura existente al respecto,
llegué al convencimiento de que el cuerpo se constituye en un
elemento central en la construcción de la identidad gay. Es más, se
convierte en un instrumento de pertenencia y aceptación por parte
del grupo o, en su defecto, de exclusión.
Antes de entrar directamente en la relación del
cuerpo y los gays me ha parecido necesario hacer un pequeño
recorrido por el término homosexual, la identidad gay central y ver
la importancia del cuerpo y la imagen en esta identidad. Tras el
marco teórico ofrezco unas pinceladas extraídas del trabajo de campo
con el fin de ilustrar lo que se expone en este marco teórico.
MARCO TEÓRICO
Homosexualidad
Para Alberto Mira 1 este concepto
“parece referirse” a “el deseo y las relaciones sexuales entre
individuos del mismo sexo”. El término homosexualidad
pertenece a ese grupo de palabras cuyos significados no son unívocos
o fijos, sino que lo subjetivo o ideológico contribuyen a darle un
sentido determinado: para unos es un acto o conjunto de actos, para
otros una identidad social o cultural, para otros una enfermedad,
para otros un deseo, para otros un pecado...
Mira piensa que no sólo el concepto, sino también
esas realidades a las que parece referirse, han sido siempre parte
de una estrategia de demarcación de fronteras y marginación de la
diferencia. Se trataría así de una palabra creada desde una
perspectiva heterosexista, con el afán de nombrar algo, cuando otros
muchos rasgos de la personalidad no reciben ni atención ni etiqueta,
y de este modo se crea una otredad con la que un nosotros rechaza
cualquier identificación. La homosexualidad se construiría como una
identidad cuyo fin sería el de reforzar por oposición un modelo: el
de la familia heterosexual supuestamente monógama con fines pro
creativos.
Además -indica- no se puede hablar de
homosexualidad, sino de homosexualidades, ya que
(repasando las manifestaciones del amor o deseo entre individuos del
mismo sexo) podríamos ver distintos modelos que se
identificarían en cierto sentido con el concepto de homosexualidad,
aunque no se puede hacer una identificación absoluta entre
cualquiera de ellos: homosexualidad ritual en Melanesia y otras
culturas, la pederastia griega, la sodomía en la edad media, el
travestismo, el modelo patológico de fines del XIX que considera la
homosexualidad como una enfermedad y que perdura en cierto modo
hasta nuestros días...
Todos estos modelos enfatizan la marginación, la
trasgresión y la condena. En los sesenta surge (principalmente en
los países anglosajones) el modelo gay, que supone una
definición afirmativa de la homosexualidad. La homosexualidad dice
“yo” sin máscaras ni rodeos y se introduce y apropia del concepto de
identidad. Hasta ese momento, el rol se definía según un sistema de
coordenadas masculino-femenino, los gays defienden un rol que va más
allá de ambos y no depende necesariamente de éstos: ser gay es un
modo de ser en el mundo legítimo en sí mismo.
El modelo gay se ve contestado en los 90 por el
movimiento queer, que cuestiona la posibilidad de una
identidad social estable basada en ese deseo entre personas del
mismo sexo. Este modelo se basa en su capacidad de oponerse a
cualquier fijación de la identidad y por tanto en la trasgresión (en
cuanto a prácticas, deseos o roles).
Identidad
Oscar
Guasch2 comienza su artículo Minoría Social y sexo
disidente: de la práctica sexual a la subcultura, con la
siguiente aseveración: “Las relaciones sexuales entre varones son
unas prácticas sociales en torno a las que se ha construido un
estilo de vida primero y una subcultura después”. El mayor
logro social de estas prácticas sería para él, el haber configurado
una identidad social específica que ofrecer a sus practicantes: la
identidad gay.
Él utiliza el concepto de subcultura como aquel que
nombra intersubjetividades no exóticas, contraponiéndolo al concepto
antropológico de cultura que se aplica a las sociedades exóticas.
Además el concepto de subcultura sería un sistema de valores que
siendo parte de otro más amplio y central, ha cristalizado aparte.
Por su parte otro antropólogo, Alberto Cardín3, defenderá la
teoría de que la cultura gay es la única subcultura presente en la
aldea-mundo-occidental y la única que presenta un carácter de
globalidad comparable.
Al hablar de identidad gay es muy interesante la
propuesta que hace Oscar Guash en otro de sus libros: La Sociedad
Rosa3. Guasch nos muestra un proceso por el cual,
durante los últimos años de la dictadura franquista en España, se da
una disolución entre país real y país oficial. Así, mientras el
régimen dictatorial trataba de mantener una moral de posguerra, la
sociedad española muestra una importante tolerancia frente a los
comportamientos sexuales. Esta tolerancia se restringe únicamente a
los comportamientos heterosexuales, ya que en el caso de los
homosexuales se mantendrán fuertemente estigmatizados.
En los finales de los 70 y, sobre todo en los 80 y
90, se da una transición homosexual que supone:
-
la redefinición de lo homosexual
-
cambios en la percepción de la homosexualidad
-
variaciones en las concepciones que los/las homosexuales
tienen de si mismos/as.
-
cambios en su estilo de vida y en sus costumbres sexuales.
Se pasa así de lo que él denomina modelo pre-gay al
modelo gay.
Modelo pre-gay
La homosexualidad se construye a partir de la
perspectiva heterosexual, en la que se identifica la homosexualidad
masculina con lo femenino. El marica cumple una función
social para el hombre heterosexual. Las identidades se construyen
por afirmación, pero también por negación: para el varón
heterosexual el marica es un punto de referencia para fijar los
rasgos viriles. El homosexual afeminado renuncia a los roles
socialmente indicados para el varón y logra de este modo reducir la
presión social que el entorno ejerce sobre él. Ésta homosexualidad
no implica agresión, porque la misma imagen del marica revela su
condición y hace estar prevenido ante él. En este sentido, la
pluma (amaneramiento) reproduce en cierto modo el estereotipo
heterosexual del marica: gesto, pose y compostura afectados.
El problema surge con los homosexuales que no
renuncian a los roles masculinos. La homosexualidad viril en este
modelo se sitúa en lo indefinible, porque contradice los códigos
culturales de categorización y “lo indefinible, lo que está en los límites,
produce temor”. 5.
Son muy importantes también los códigos propios
para reconocer y ser reconocidos sólo por los miembros del grupo.
Las pautas para reconocer a los iguales se basan en tres variables:
el contexto, la apariencia y la actitud. Los encuentros se suelen
dar en marginalidad espacial y temporal (lugares apartados, como
playas por ejemplo, y horas intempestivas), pero también la
centralidad (estaciones de trenes, horas punta en el metro).
En cualquier caso Guasch nos recuerda que no fue
fácil ser homosexual bajo la dictadura franquista.
Modelo gay
Se construye la identidad por parte de los propios
homosexuales tomando como referente el modelo masculino –
viril (por ejemplo: cueros, bigotes, músculos...). No es un
modelo creado desde fuera por los heterosexuales. Los homosexuales
dicen ahora llamarse gays y construyen su propia identidad
como una alternativa válida a la heterosexualidad común. Llegando
incluso a afirmar “ser
gay no sólo es bueno, ser gay es mejor”6.
Se plantean las reivindicaciones en la calle, se
busca la visibilidad, que da el paso de la practica sexual
entre hombres del mismo sexo a la creación de una identidad gay. En
cualquier caso este nuevo modelo es de origen anglosajón y se
caracteriza por la institucionalización del universo
homosexual. Es pues un modelo importado, que no llega de la
mano de los movimientos políticos gays, sino por canales privados:
son los empresarios/as los que reproducen las instituciones
homosexuales ya presentes en otros países. Estas instituciones son
básicamente tres: las saunas, los bares y las discotecas.
De este modo se da una institucionalización incluso
espacial, que lleva al extremo de la creación de barrios o
guetos gays, con fronteras bien definidas, al estilo de otras
ciudades europeas y estadounidenses. Leer los textos escritos a
principios de los 90 con la perspectiva que nos da hoy el tiempo nos
confirma la visión de que en España se ha producido el mismo proceso
que marcan esos textos, pero de un modo acelerado, en los años
96-98. Hoy día podemos hablar de un gueto o barrio gay en ciudades
como Madrid o Barcelona, con locales con banderas de arco iris
(símbolo gay por excelencia) bien visibles en sus puertas, grandes
ventanales que dejan ver lo que ocurre al interio, bares,
restaurantes, floristerías, tiendas de ropa, librerías, centros
sociales, asociaciones, etc... todo ello para gays y, en algunos
casos, para lesbianas.
Aliaga7 propone medir el nivel
de concienciación por la participación en las manifestaciones del 28
de Junio (día del Orgullo Gay) y llega a la siguiente conclusión:
“si se la compara con los países anglosajones las diferencias son
abrumadoras”. Hoy día, aunque se esté lejos del medio millón de
manifestantes en París o del millón de Nueva York, podemos ver que
la progresión ha sido imparable: en la manifestación en Madrid del
año 2001 participaron 150.000 personas, mientras un pocos años antes
(1995) apenas participaron 5.000 personas, por cierto, el mismo
número que a finales del los 70.8
En cualquier caso y, tal y como Guasch señalaba en
su libro, el paso de un modelo dominante a otro ha sido gradual, y
no se puede decir que desaparezcan de un día para otro las
características de un modelo y se implanten de repente las del otro.
Se van produciendo pequeños cambios, grupos que conviven: unos más
cercanos al modelo pre-gay, otros al modelo gay. Nuevos modelos y
alternativas que van surgiendo, movimientos de resistencia... Así
por ejemplo, en el nuevo contexto, el ligue callejero deja de ser
central, pero sigue existiendo y siendo quizás el único para mucha
gente.
Habría pues una serie de identidades que conviven
en el momento actual y que se podrían expresar, más o menos, según
el gráfico adjunto.
Se establece una separación básica, a nivel de
identidad, entre lo heterosexual y el mundo homosexual. Una
separación que a mi entender se va diluyendo cada día más y que
quizás más adelante, hoy en día no, a lo mejor carece de sentido.
Tal y como hemos señalado anteriormente, los dos modelos básicos
serían el pre-gay y el gay. El primero viene del mundo heterosexual,
pero los homosexuales se apropian de él y lo modifican, sigue
presente como una base sobre la que se construyen las demás
identidades. El modelo gay es hegemónico, creado por los propios
homosexuales y el que estos han devuelto a la sociedad, que hoy
maneja esas dos concepciones principales de ser homosexual (pre-gay
y gay).
Frente a estos modelos surgen muchos más, llegando
incluso a las identidades personales. Hay algunos importados, como
los bears (osos = gorditos y peludos), los leather
(cuero)... y otros propios como, por ejemplo, la peineta
(folklorismo). Además, hay muchas personas que mantienen relaciones
homosexuales y no se sienten identificadas con estos modelos, bien
porque se mantienen en el “armario” (no se asumen como homosexuales
y/o no lo expresan en su entorno), o bien porque siguen con unos
estilos de vida, modas, etc consideradas “normales” en la sociedad
heterosexual. Es decir, que el mantener relaciones con otros hombres
no genera para muchas personas necesariamente una identidad
particular. De hecho, la mayoría de las personas que mantienen
relaciones con personas de su mismo sexo no son particularmente
diferentes del resto.
También hay que señalar que, incluso en Madrid, nos
encontramos con propuestas y locales diferentes, que no se
encuentran en Chueca sino, por ejemplo, en Las Vistillas, barrios de
la periferia, e incluso existe un barrio se perfila como barrio gay
alternativo: Lavapiés, donde se pueden encontrar algún local para
lesbianas y varios (9 ó 10) locales para gays que presumen
precisamente de ser alternativos. Estos espacios se dan en
convivencia con otras comunidades que buscan también su lugar en la
ciudad (inmigrantes, por ejemplo). Los gays que acuden a esta zona
buscan precios más asequibles (Chueca es caro), nuevas formas de
vestir, divertirse y un ambiente menos rígido.
Es muy importante señalar que todos estos modelos
interaccionan entre sí y se retroalimentan. No cabe duda de que el
mundo gay ofrece una nueva imagen de los homosexuales a la sociedad
y ésta se la devuelve reelaborada al tiempo que se apropia de
algunos de sus elementos.
En cualquier caso, hoy en día parece que se impone
el modelo gay, que implica una serie de valores, de sentidos, que
forma parte del discurso oficial que dan los medios y revistas gays
(Shangay Express, Zero, Odisea...), pero también los
heterosexuales (como por ejemplo la televisión o los periódicos de
información general), el que llega desde asociaciones y colectivos,
por el ambiente de Chueca. Es un discurso con el que un gay, le
guste o no, debe relacionarse y, lo que es peor, un discurso que le
puede hacer sentir dentro o fuera, incluido o excluido, con
posibilidades de mantener relaciones de amistad y/o sexuales o “no
comerse una rosca...”
Como hemos señalado, frente a este discurso oficial
gay hay alternativas y residencias, pero es el predominante, por eso
vamos a estudiar lo que significa esta Identidad Gay Central en los
próximos epígrafes.
Identidad Gay Central
Oscar Guasch
indica:9
-
la cultura gay es global y tienen características
propias que se han ido definiendo a lo largo de la historia
-
es una subcultura amenazada por el sida
-
está desapareciendo a causa no del sida (que actúa como
importante catalizador) sino como consecuencia de los cambios que
acontecen en la cultura madre, ya que muchas de las
características que le daban especificidad son hoy asumidas por el
conjunto de la sociedad: el paso de una sociedad de familias a una
sociedad de individuos, el hedonismo, culto al
cuerpo, el mito de la juventud, pensar el tiempo en
unidades de ocio.
-
el tiempo y el dinero que el gay ahorra en gestionar una
familia lo invierte en gestionar su sexualidad.
-
en España no se ha producido lo que es realmente importante en
la subcultura gay estadounidense: la convicción de pertenecer a
una comunidad. Ha quedado reducido a un discurso político y a un
conjunto de rasgos dispersos (a menudo meramente estéticos)
que conforman sus señas de identidad más visibles.
Mira
10se refiere a otro tipo de rasgos personales:
sensibilidad, creatividad, sentido del humor, mirada oblicua,
etc. También lo relaciona con el mercado y, especialmente,
con tener dinero “los gays, se dice, tienen dinero a raudales
y son consumidores voraces. [...] Hay que reconocer que ser
gay se está convirtiendo en algo no apto para todos los bolsillos.”
Él mismo señala más tarde que no todos los gays están podridos de
dinero ni pueden permitirse la utopía consumista. Sin
embargo, esta imagen del gay con dinero es la que también se
refuerza en medios de comunicación con tanta influencia en nuestro
país como el diario El País (01-07-01, Pág. 34).
Aliaga11, por negación, nos
muestra lo que significa ser gay en el ambiente, aunque él lo
critique: “No se es más gay por ser más joven y lucir más
ropa de Jean-Paul Gaultier (los que se la pueden permitir)
sobre calzones de Calvin Klein, que por llevar un astroso pantalón
vaquero. No se es menos gay por disfrutar del jazz y de la
música indie, que por bailar al tirmo de la house. No es
incompatible leer a Luis Cernuda y a Leo Bersani con
frecuentar los ambientes leather...”
Cortés12, sin llegar a
concretar tanto, también nos habla de las implicaciones de la
identidad gay en el estilo de vida: “en las actuales circunstancias
ser gay significa mucho más que acostarnos o amar a otro hombre. Hoy
en día, ser gay tiene una concreción clara en todos los aspectos
de nuestra vida cotidiana; desde la actividad profesional que
elegimos (huimos de los oficios más machistas y buscamos los más
liberales), hasta la ciudad o el barrio en el que deseamos
vivir –emigramos a las grandes ciudades en busca de aire para
respirar e iguales a los que amar–, pasando por los lugares que
frecuentamos”. En otro momento sí nos da pistas muy especificas de
lo que supone ser gay: “sexo fácil y rápido (emergen los cuartos
oscuros y las saunas), unas nuevas drogas (popper´s), un
activismo queer (organizaciones gays radicales), la pandemia
del sida (con la desaparición de una parte importante de una
generación), un fuerte sentimiento de comunidad y un
cuestionamiento de los roles sexuales (masculinidad /
feminidad)”
Por lo tanto, la identidad gay tiene mucho que ver
con el cuerpo, la juventud, la edad, tener una red de amigos gays,
estar a la moda, que te guste un tipo de música, bailar, tener
tiempo de ocio (y preparación) para poder disfrutar la lectura, el
cine y la cultura en general, trabajar en una profesión liberal,
vivir en una gran ciudad y, a ser posible, en un barrio gay, salir
de marcha, en determinados círculos el utilizar determinadas drogas,
como la droga gay por excelencia: el poppers (nitrito de amilo en
forma de líquido inhalable con efecto estimulante 13) , pero también otras como las
pastillas o el éxtasis... (derivados anfetamínicos con efectos
alucinógenos). En definitiva, ser gay se relaciona, sobre todo, con
tener dinero.
Ante todo esto ¿Cómo te sientes si eres albañil,
vives en un pueblo y no sales por Chueca? ¿Si dejaste tus estudios
en primaria? ¿Si no vas a los museos ni te gustan las películas
francesas en versión original? ¿Si no tienes dinero para salir todos
los fines de semana? ¿Si eres mayor? ¿Si no puedes costearte el
llevar la moda fashion o simplemente no te gusta? ¿Encuentras tu
lugar dentro de la identidad gay? ¿Te sientes como perteneciente a
ese grupo o excluido del mismo? Y, lo que es peor ¿Cómo te valoran y
perciben el resto de gays que sí encajan en esa identidad? Se habla
mucho de promiscuidad sexual ¿Qué pasa si no mantienes relaciones
sexuales porque tu cuerpo no sigue el modelo? En la identidad gay el
elemento de la visibilidad es clave: requiere una inversión personal
que mucha gente no puede o no quiere realizar.
Es fácil darnos cuenta que a la gente que tiene
unos determinados hábitos de clase les es difícil socializarse como
gay y encontrar su lugar en esta identidad. Esto es algo que varios
autores señalan en sus obras. Así, las principales críticas a las
victorias del movimiento gay vienen de la mano de su clasismo, ya
que las mismas están al alcance sólo de una élite: “en efecto, se le
reprocha al movimiento gay la facilidad de sus victorias obtenidas
por y para los segmentos privilegiados de la sociedad americana.”
14
El movimiento gay español parece adolecer de sesgos
similares: “Los gays no son revolucionarios. Si conoces los
movimientos gay ves que sus militantes son todos gente de clase
media, asalariados, técnicos, profesores de instituto, empleados de
banca, ejecutivos (sic)... que políticamente creen lo que creen las
locas intelectuales: que el hecho de irse a la cama con un tío ya es
subversivo y revolucionario. Y no ven que repiten con otro objeto
los mismos comportamientos sexuales [legales]” 15
Por otra parte, no todos los homosexuales creen en
la existencia, o en la necesidad de existencia, de una identidad
gay. La corriente queer critica la política identitaria gay de los
70 y 80, su esfuerzo por crear una identidad específicamente gay
sobre la base de la clase media blanca. Así, los queers critican no
solo el concepto de homosexualidad creado por la sociedad
heterosexual, sino también “la identidad impregnada de prejuicios de
clase y raza que ha sido creada por los gays mismos durante los años
históricos de la Liberación Gay” 16. El movimiento queer muestra
una aversión histórica contra la identidad, su grito de guerra es
“estamos en todas partes”, lo que quiere decir que no pueden ser
localizados, ni verse limitados por un lugar o un grupo particular
como, por ejemplo, los homosexuales pudientes en un medio urbano.
Los queer se convierten así en la subversión diseminada por todas
partes y estratos de la sociedad dispuestos a romper los fundamentos
de esa misma sociedad “normal”.
Cuerpo e imagen
“La perfección corporal
se convierte en un objeto de contemplación que suscita admiración
y/o deseo, al tiempo que refleja una visión de la realidad en la que
el cuerpo es algo más que un azaroso ensamblaje de formas, para
convertirse en el símbolo o la metáfora mediante el cual entender o
expresar la propia identidad, es decir, cómo somos o cómo queremos
ser vistos.” 17 Cortés nos presenta tres
modelos de cuerpos homosexuales:
El modelo heterosexista: La loca
-
identifica a los homosexuales con lo supuestamente femenino. El
homosexual debe ser pasivo, sumiso, débil, delicado, afeminado y
amanerado en su comportamiento. En el vestir se utilizan ropas de
mujer, travestismo, etc.
El modelo clásico/mediterráneo: El
efebo
– el joven o adolescente imberbe, de trazos
arquetípicos, oscuros ojos, bello rostro, cuerpo delgado y
atlético... la belleza clásica acercándose a lo andrógino.
El modelo gay: El cachas
– este
modelo es el que nos ocupa. En la identidad gay el cuerpo (al igual
que la visibilidad, que tiene mucho que ver con el cuerpo) toma un
papel central. El cuerpo gay es el cuerpo musculado, tendente a la
hipermasculinidad. Surge en cierto modo como reacción al modelo
hererosexista (afeminamiento). A este modelo se le asimilan también
otras características: juventud, ausencia de vello corporal y grasa
corporal (michelines), pene de gran tamaño, etc.
¿Cómo es exactamente este cuerpo hipermasculino?:
-
Los músculos tensados y sobresaliendo o marcando sus formas y
bultos aparecen como elementos básicos para una necesaria
auto-identificación masculina18
-
Gran desarrollo de los músculos del pecho, los brazos y
amplios hombros, que ayudan a configurar una estrecha cintura
(esto queda plasmado en las figuras del militar, policías,
bomberos y todos los uniformes) 19
-
Su cuerpo está perfectamente manufacturado, músculo a músculo,
fibra a fibra. En él se ha invertido tiempo y dinero tiempo y
dinero hasta convertirlo en objeto de consumo. A este modelo
Mira20
lo llama los mariarmarios.
Este modelo es criticado por Cortés como machista,
puesto que pretende reforzar los estereotipos y valores masculinos y
exagerar las diferencias entre los dos sexos, incluso entre los
propios homosexuales. Esta visión supone en muchos casos exclusión:
despreciando a la loca, el amanerado, el travestí y llegando, en
último término a intentar por todos los medios que no se les note
que son homosexuales. Posteriormente se llega a un modelo menos
radical, pero no por ello menos masculinizado: “un cuerpo masculino
duro y formado, sin pelos y con una gran polla que marque paquete”21 Esta
imagen del cuerpo gay viene acompañada y fortalecida por la
literatura gay (El gladiador de Chueca, de Carlos Sanrune),
los comics o dibujos, tanto extranjeros (Tom de Finlandia) como
españoles (los dibujos de Ivan Soldo), las estrellas del cine porno
gay (Jeff Stryker) y, sobre todo, los medios de comunicación para
gays.
Las revistas gays están plagadas de imágenes de
hombres jóvenes, musculados, guapos, sin pelo, con penes grandes,
etc. que aparecen tanto en las entrevistas, como en dibujos, en los
artículos sobre moda y, muy especialmente, en la publicidad gay. Un
“buen cuerpo” (es decir, músculos), y concretamente, un buen tórax,
sirve para vender desde ropa interior a una línea erótica, pasando
por tiendas de ropa, canales de televisión, bares, discotecas y
saunas, sex-shops, etc. En estos anuncios suelen aparecer torsos
desnudos de uno o varios hombres y en muchos de ellos ni siquiera
aparecen los rostros de los modelos.
¿Por qué surge y triunfa este modelo?
-
Es una reacción al modelo femenino heterosexista,
-
Otros señalan la relación entre la irrupción del sida y la
necesidad del cuidado del físico, la preocupación por la salud y,
sobre todo, la necesidad de dar una imagen saludable, que nadie
piense que se está enfermo de sida, lo cual reduciría las
posibilidades de encontrar parejas sexuales
-
En la era del sida se muestra el cuerpo y se ocultan los
deseos, se vuelve a las masturbación y se recuperan prácticas
sexuales antes denostadas (como el voyerismo y el
exhibicionismo)22
-
El concepto de belleza es socialmente construido y se llena de
contenidos que es necesario configurar ideológicamente.
-
La perfección física abunda en los locales de ambiente
simplemente porque tiene éxito social: los cuerpos esculpidos
despiertan miradas, admiración, deseo. Es decir, tienen éxito.
-
La influencia de los medios de comunicación, tanto gays como
generales. Desde los medios se nos presenta ahora el modelo de los
cuerpos danone, que para Mira 23son una especie de
mariarmarios de formas elegantes. Los modelos de la publicidad
general reproducen en muchos casos los cánones de belleza que
prevalecen en el mundo gay: “jóvenes, de musculatura clásica y
narcisistas hasta decir basta. La cultura gay crea así imágenes
que incitan al consumo a mujeres heterosexuales y hombres de
cualquier orientación.”
El modelo mariarmarios va poco a poco dejando paso
a “un modelo de belleza más clásico: robustez pero sin exageración,
joven, definición muscular sin llegar al bulto, cuerpos lampiños,
bronceados, pelo corto, juventud, espaldas amplias, abdominales
marcados como el vientre de una tortuga o una tabla de fregar,
juventud, juventud y sobre todo juventud”.24
En el mundo gay, no sólo es importante tener un
bonito cuerpo, sino también mostrarlo, observar y disfrutar mirando
(juzgando) los cuerpos de los demás. Ricardo Llamas comenta: “Las
numerosas terrazas de la plaza de Chueca y los tórridos veranos de
la villa consolidaron un espíritu de pasarela permanente, de
cotidiano mirar, cotillear, ser visto, mostrarse [...]” 25Y para
mostrar y realzar esos cuerpos, nada mejor que el vestido y la moda,
que adquieren, colateralmente, una relevancia esencial en la
identidad gay. Mira26 comenta “cuando están de
moda los Calvin Klein, llevar la etiqueta hace sexy a su portador, y
cuándo se estila otra marca, llega el momento del cambio [...]. El
fetichismo de las marcas es el final del camino de la parafernalia
gay”.
Si, como señala Toro, “el vestido trasluce,
manifiesta, subraya, disimula, relega u oculta aquellas zonas
corporales que la sociedad en cuestión ha consensuado implícitamente
en un momento dado” 27, basta darse una vuelta por
Chueca para comprobar que la moda gay está hecha para marcar
(músculos, paquete, etc) con lycras, pantalones ajustados, camisetas
cortas, apretadas; llamar la atención (colores vivos) y
mostrar el cuerpo con pantalones cortos, camisetas de
tirantes o sin mangas...
Pertenencia y exclusión a través del cuerpo
Cuando una persona homosexual “sale del armario” (se
reconoce a sí mismo como tal) busca un modelo con el que
identificarse, incluso en lo corporal y, sobre todo, en lo que se
refiere a la parafernalia y la forma de vestir. Si además esta
persona es un adolescente, la necesidad de identificación es mayor:
“Los cambios corporales durante esta etapa del desarrollo obligan a
fijar la atención sobre el propio cuerpo y a integrarlo en la auto
imagen general tras su imprescindible evaluación. [...] El
adolescente compara su imagen (mental) corporal con el modelo
estético corporal vigente en su medio social, modelo que asume
plenamente, anhelando y procurando que su cuerpo, renovado y recién
estrenado, se aproxime máximamente a aquel”28 ¿No se dará esto también
entre los gays que han pasado la adolescencia pero que, del mismo
modo, estrenan una nueva identidad y quieren expresarlo a través de
su cuerpo?
La lectura del libro de Toro abre varios
interrogantes y conexiones entre los trastornos alimentarios que él
presenta (anorexia, bulimia...) y la relación que tienen los gays
con su cuerpo29. Creo que el hecho de que
los hombres gays se preocupen por su cuerpo del mismo modo que las
mujeres lo han hecho tradicionalmente tiene mucho que ver con la
feminización de los homosexuales: “En la práctica totalidad de las
culturas, la belleza física de la mujer recibe una consideración más
explícita que la del hombre”. Lo que ocurre es que el hombre gay
ahora le da un contenido distinto a lo que es esa belleza física
que, como se sabe, es social y culturalmente construida. La
subcultura gay tiene su propia valoración subjetiva y social de
cuerpo y sus propios parámetros de belleza. Además, estos van
transmitiéndose después al resto de la sociedad.
Entre muchos gays se está creando una especie de
élite de este tipo de personas sin tener en cuenta otros
criterios para valorar al individuo. “Reducir la cultura o la
sensibilidad gay a lo que sucede en el ambiente (nocturno) es
empobrecedor, sobre todo cuando en éste predominan algunos usos
abusivos que eclipsan a otros (el hecho de que ciertas tendencias o
modelos estéticos se conviertan en varas con los que medir a los
distintos gays)”30
Como señalan varios autores, de ahí a pasar a la
exclusión hay sólo un paso:
-
Cortés 31habla del peligro de que
este modelo corporal gay “puede convertirse en un claro
menosprecio al gran número de gays mayores, gordos, bajitos
o escuchimizados” que no participan del modelo impuesto.
-
Mira 32indica que el gueto “ha
creado una mitología a la que se puede llamar, siguiendo a los
anglosajones, fascismo corporal según la cual se valora al
individuo por unos criterios (músculos, aspecto externo) que no
tienen nada de positivo y que alienan a aquellos que no
siguen estos códigos: a quienes están demasiados delgados o, peor
aún, demasiado gordos, a quienes no tienen la cara del momento, la
distribución muscular de la temporada o los pectorales unisex de
la década se les hace sentir fuera de juego y quedan
descalificados como objetos del deseo [...] Marcas y objetos,
prendas de vestir y el dejarse ver en locales en los que se suele
estafar al personal, se convierten en rasgos de rigor que, cada
vez más, definen la experiencia del homosexual urbano en los
albores del siglo XX”. “Lo que tendría que ser un entorno donde la
gente que se siente socialmente discriminada por su identidad por
su identidad sexual encuentra refugio, se ha convertido en un
entorno donde quienes no alcanzan las proporciones clásicas, según
la moda del momento, se sienten incómodos o rechazados.
[...] Los miedos nacen de actitudes reales, y la obesofobia puede
ser tan dura como la homofobia”
-
Leo Bersani 33: “Cualquiera que haya
pasado una noche en una sauna gay sabe que es [...] uno de los
espacios más despiadadamente sometidos a criterios de rango,
jerarquía y competencia que pueda imaginarse. Tu aspecto, tus
músculos, las distribución del vello, el tamaño de la polla, la
forma del culo determinan exactamente cuán feliz vas a ser en el
transcurso de esas pocas horas, y el rechazo, acompañado por lo
general de dos o tres palabras a lo sumo, pude ser fulminante y
brutal, desprovisto de todas las civilizadas hipocresías con las
que nos deshacemos de los indeseables en el mundo exterior”
Una vez más, citando a Toro, podemos comprobar como
“los desfases entre el modelo corporal cultural y el cuerpo real de
cada individuo concreto serán, forzosamente, fuente de malestar, de
ansiedad” 34En el caso de los gays
podemos ver como se está produciendo una enfermedad que tiene mucho
que ver con los casos de anorexia de los que habla Toro en su libro
y que, por el momento, está teniendo una especial incidencia en el
mundo gay: la vigorexia.
En un artículo aparecido en la revista de
información gay Zero35 se explica que “la persona
vigoréxica, al igual que la anoréxica, tiene una obsesión por su
físico. Si la anorexia es la obsesión por la delgadez, la vigorexia
consiste en una obsesión por ganar masa muscular a toda costa”. Esto
va acompañado por trastornos en la alimentación, consumo de hormonas
y anabolizantes, y la dedicación de numerosas horas al deporte en el
gimnasio. La revista habla de unos 75.000 españoles en situación de
riesgo y señala explícitamente como algunos gays que pretender
asumir su identidad sin tener referentes adecuados, caen en la
búsqueda de un “cuerpo perfecto”.
En definitiva, el cuerpo se convierte entre los
gays en elemento de exclusión e inclusión y, tal y como aparece en
los artículos de Bourdieu36 y Boltanski37, en el
caso de los gays su identidad, y por tanto su cuerpo, están
conformados en buena parte por sus habitus sociales y de clase.
EL CUERPO EN UN GRUPO DE GAYS ADULTOS
Como he señalado al principio del texto, este
estudio surge del trabajo de campo realizado en el Grupo de Gays de
un Colectivo de Madrid. Aunque la investigación que realicé es más
amplia, intento reflejar en este documento sólo los aspectos de la
misma que más tienen que ver con el título de este trabajo, es
decir: la identidad, el cuerpo y la exclusión.
El citado colectivo se organiza a través de grupos
(grupo de jóvenes, grupo de lesbianas, grupo de auto apoyo) y en él
se vio la necesidad de crear un espacio específico para hombres gays
de más de 30 años. El Grupo de gays con el que trabajé está dirigido
fundamentalmente a este sector, pero abierto al resto de personas
(“grupo abierto para gays, lesbianas, trans y simpatizantes” reza en
sus folletos y programaciones). A pesar de ello, en la mayoría de
las actividades, excepto quizá en las proyecciones de vídeo,
prácticamente todos los participantes son hombres, en muchos casos
mayores de 30 años, pero también hay algunos menores de esta edad,
especialmente de 25 a 30 años. La persona de más edad tiene 74 años.
Por este motivo, el presente trabajo no pretende
ser representativo de la realidad o las identidades de los gays,
sino simplemente ilustrar, mediante el discurso que elabora un grupo
de gays maduros de Madrid, los planteamientos teóricos expuestos
anteriormente.
¿Qué encuentra la gente en el grupo?
-
Un espacio donde se sienten “personas”. Varias participantes
lo comentaron en una de las actividades. Esta idea fue respaldada
con entusiasmo por el resto del grupo cuando surgió.
-
Un espacio donde se les valora por su interior, no por su
aspecto físico o por su ropa.
“La gente del Grupo de Gays es diferente a la del
ambiente. Hay de todo, hay quienes van a las discotecas, a la
sauna y de todo. Y lo dice. Gente muy abierta. Pero en su mayoría
es gente que está cansada un poco del ambiente promiscuo y del
ambiente de usar y tirar, del consumismo. Están un poco cansados
de eso y tratan de hacer relaciones sociales un poco cercanas. Eso
me parece bien.” (Camilo)
“Yo no le doy tanta importancia al aspecto
físico, sé que es envoltorio. Y los envoltorios pueden ser muy
atractivos, pero siguen siendo envoltorio.” (Vicente)
-
Un lugar donde formarse e informarse, donde participar.
“Voy al grupo por las actividades. Porque unas
veces ponemos alguna película, la comentamos, otras veces tratamos
un tema y al ir conversando con la gente vas haciendo amistad”.
(Javier)
“El grupo me parece interesante porque se dan
actividades y cosas. Vas, conoces gente, se pueden presentar
ocasiones de ligar, pero también hay otras cosas y eso también me
agrada mucho: cine, talleres, coescucha, charlas... cosas que te
atañen como gay. Es un espacio donde tienes mucho”. (Vicente)
Pero, a pesar de este discurso, hay gente que busca
pareja en el grupo y, como no la encuentra, lo deja:
“Necesitaba un novio y no lo encontré. Por eso me
fui.”
“Para mí la misión del colectivo es la
reivindicación, pero hay quién cree que el colectivo es un lugar de
ligue, y claro si no encuentran ligue... Porque no es ninguna
discoteca, ningún pub, ningún bar de alterne... La misión del
colectivo no es esa, es reivindicar nuestros derechos. Entonces
cuando la gente ve que no es eso, que lo que él ha ido, que es a
ligar, no... entonces se larga”. (Javier)
Además, ellos mismos se fijan en la apariencia
física de sus compañeros, aunque hay disparidad de criterios:
“La gente del grupo de gays son muy feos.”
“En el grupo de gays hay gente muy guapa y muy
interesante.”
“Hay algunos tíos que están buenísimos.”
“En el grupo hay gente muy agradable físicamente y
también en lo personal, que es la gente que me interesa más”.
(Vicente)
“A nivel físico hay de todo. Hay chicos muy guapos
y hay chicos no tanto. Hay chicos gorditos… Físicamente hay chicos
descuidados, aunque no quiero decir descuidado porque parece que el
cuidado es el que está en el gimnasio con un cuerpo atlético. Y eso
no es ser cuidado, a lo mejor es descuidado porque se maltrata mucho
dándose caña. Gente que tiene la barriguita. O viejitos... Gente
común y corriente.” (Camilo)
Contradiciendo las expectativas de la gente, son
pocas las parejas que han salido del grupo:
“Esperamos al guapo que nos haga tilín y nos haga
caso. No salen más rollos del grupo por eso.”
Todo esto siempre en contraposición a lo que
ocurren en el ambiente (lugares de encuentro gay, Chueca). En el
discurso aparece constantemente la idea de que en el grupo no se dan
los valores del ambiente, es otra historia. Esta contraposición
Grupo – Ambiente es una de las que pueden dar más pistas tanto sobre
el grupo, como sobre la problemática de la gente que acude al mismo.
“Vengo buscando novio, amistad… algo que no sea
pasajero como lo que puedes encontrar en el ambiente.”
“Aquí me puedo expresar como persona, en el
ambiente sólo se te juzga por el físico.”
“La gente del Grupo es diferente de la gente del
ambiente, creo que es gente que está buscando otras cosas, más lo
humano, algo que te enriquezca. Yo voy buscando conocer gente pero
no sólo para ligar. El intercambio, aprender... Es gente con
inquietud”. (Vicente)
“Lo de irse a cenar y socializar: eso es lo que a
mi me gusta. A veces ligas con alguno y te piden el teléfono y no sé
qué… y eso es bonito. A mi eso me divierte. A veces hay un chico que
le gusto y me gusta y eso es divertido. Aunque en mi caso no se ha
concretado en ninguna relación o ningún polvo. Pero eso es
divertido, es sentirte vivo y creo que eso es importante.” (Camilo)
“Ahora yo creo que están obsesionados, no
preocupados, sino que constituye una obsesión para los gays:
aparentar y estar guapísimos y gustar a la gente, pero se fijan en
el físico, la juventud de ahora no aprecia el valor moral de la
persona.” (Javier)
La Identidad Gay Central
Tal y como hemos visto en el marco teórico, hay
diversos factores que se constituyen en elementos centrales en la
construcción de la identidad gay (cuerpo, moda, consumo,
visibilidad), Es más, se convierten en instrumentos de pertenencia y
aceptación por parte del grupo o, en su defecto, de exclusión.
Después de escuchar los diversos comentarios que fueron surgiendo
durante algunas de las actividades y las respuestas que han salido
en algunas de las entrevistas en profundidad que he realizado, me
dio la impresión de que buena parte de los miembros del grupo de
gays se sienten, en cierto modo, incómodos o fuera de lugar en lo
que se conoce como el ambiente.
Se repite constantemente la dicotomía “aquí” (en el
Grupo de Gays), frente a “en el ambiente”. Parece que en el ambiente
no se sienten cómodos, ¿Quizás rechazados por no encajar en sus
patrones? ¿Qué pasaría si esa persona que se queja de que en el
ambiente sólo se juzga por el físico saliera bien parada del juicio?
¿Se quejaría del ambiente? ¿Tendría necesidad de acudir al Grupo de
Gays para que se le juzgue también por otras características
personales?
Creo que cuando se habla sobre el ambiente,
por extensión se está hablando de la Identidad Gay Central. La
mayoría de las personas que acuden al mismo no responden a esa
identidad. Existe la impresión, por parte de algunas personas con
las que he conversado, de que muchos de los que acuden al grupo
están en el armario. Incluso alguna de las personas que asistió una
vez al grupo y no volvió a ir, tras preguntarle las razones me
contestó:
“Ese grupo huele demasiado a naftalina.”
Lo que quiere decir que percibía que muchas de las
personas del grupo estaban todavía en el armario y eso no le hacía
sentirse a él cómodo. Vemos como se comprueba que, para algunos
gays, la visibilidad se convierte en motivo de exclusión, que ese
discurso existe. Pero, lo más interesante es que buena parte de la
gente que acude al grupo sí ha comentado su opción sexual en sus
círculos más cercanos. Una posible explicación es que al no vestir
de la forma indicada por dicha Identidad Gay Central, se infiere
directamente que están todavía en el armario. De hecho, en todas las
entrevistas en profundidad las personas no sólo se sentían
plenamente identificadas con su opción sexual, sino que percibían
del mismo modo al resto de la gente del grupo:
“Estoy tranquilo y coherente conmigo mismo. No
siento malestar o sufrimiento por ser gay. Sufro lo que sufre todo
ser humano, no específicamente por ser gay.” (Vicente)
“Me encuentro de lo más feliz y de lo más
satisfecho. [...] Yo, si no voy voceando por ahí que soy marica, es
por evitar una paliza. Pero si no, yo no tendría ningún
inconveniente”. (Javier)
“Me siento feliz siendo lo que puedo. [...] La
mayoría de la gente del grupo lo tiene asumido y no tiene doble
vida.” (Camilo)
Lo que sí está claro es que la gente que participa
en el Grupo de Gays no son, casi ninguno, representantes de la
identidad gay en lo que cuerpo e imagen se refiere:
-
por edad
-
no son cachas (aunque muchos de ellos acuden al gimnasio)
-
no visten ropas de marcas gays ni van ajustados marcando el
cuerpo
“Yo no soy de modas, tiendo más a lo clásico [...]
A nivel físico, de moda... la gente del grupo no me atrevería decir
que sigue la línea del ambiente porque hay gente ya mayor y que ya
el vestir no tiene nada que ver con lo fashion del ambiente. Una o
dos personas sí van más en esa onda. Pero por lo demás no”.
(Vicente)
“Hay algo de moda para maricas. De ese algo la
culpa la tenemos nosotros mismos. Yo no soy así. O sea, no soy así
precisamente porque mi poder económico no me lo permite. Porque yo
voy viendo en los escaparates cosas que me gustan pero digo ¡Si esto
para mí es privativo! Yo no me puedo gastar 11 o 15 mil pesetas en
unos pantalones o en una camisa que a mí me gusta. Entonces tengo
que joderme y aguantarme sin ella.” (Javier)
Esto se nota claramente cuando caminas por las
calles de Chueca, donde, a diferencia de los miembros del grupo,
predomina el músculo, la lycra, determinadas marcas, y después subes
al Colectivo. Se nota el cambio a primera vista. Esto genera juicios
de valor del tipo:
“Fui una vez por el Colectivo pero no regresé
porque la gente me pareció muy cateta.”
Esta imagen del gay no sólo se da entre los
homosexuales, sino que se va extendiendo a toda la sociedad. He aquí
algunos comentarios que me han realizado personas heterosexuales:
“Cuando piensas en un gay jamás tienes la imagen de
un señor mayor, con barriga y camisa de rayas...”
“Siempre había escuchado que los gays eran muy
guapos y estaban muy buenos, pero cuando fui al Colectivo yo no vi
ninguno”
Tanto el cuerpo, como la edad, el consumo y, por
extensión, la clase social y el nivel de formación, sí generan
exclusión en el ambiente. Todos estos niveles de exclusión
interconectados son verbalizados explícitamente por las personas que
participaron en las entrevistas en profundidad:
“El modelo de identidad de Chueca es el consumo, la
frivolidad, la juerga, la pluma... [...] Me he sentido excluido en
el sentido de que tengo una concepción de la vida que se diferencia
de la del colectivo. La gente va en una y yo voy en otra, que no es
la mayoritaria. Por ejemplo, te vas al Ricks y no hablas con nadie
porque no estás en el grupo. La gente está cada quién en su grupo y
lo demás no importa. El individualismo. No estar tan pendiente del
rollo de la apariencia, el gimnasio, los músculos, la camisita...
Hay otras cosas más... Yo no entro por ahí ni me interesa entrar por
ahí. Yo creo que un gay que no entra por ahí se siente incómodo en
cuanto que ves que tu concepción de las cosas va por un lado y hay
una tendencia que va por otro. [...] La exclusión entre los gays se
da de los gays pijos, el tío del gimnasio... […] Yo por edad no me
he sentido excluido. Aunque tengo algo a mi favor: no lo aparento”.
(Vicente)
“Yo veo en España un culto enorme a la juventud, a
ser joven o por lo menos parecerlo… La vive peor aquí la gente
mayor. Aquí la gente ya con 30 años se siente viejísimo. El culto a
la juventud, el culto a la suavidad de la piel, a la tersura, a la
delgadez también. El cuerpo sumamente delgado y también hay otra
vertiente: al cuerpo musculoso, hiper-musculado. Todo esto son
construcciones culturales. Porque anteriormente el ser homosexual
había sido cercano a ser femenino, al lado de la mujer. Sin embargo,
ahora está al lado contrario, a que la que parezca mujer, la que sea
muy afeminada, la que dé mucha pluma, pues se le manda, critica, se
burlan de ella, hace quedar mal a todo el mundo… La otra vertiente
es ser muy masculino y así tienes mucho más pegue. Aparte, no sólo
el cuerpo marcado, sino mostrarlo y con ropa que lo realce:
sumamente pegada, de un tipo y un cierto estatus de ropa y de
cuerpo, como aparentando que tienes mucho dinero… Un modo muy
burgués. Ser gay en España es ser casi burgués. Con mucho dinero en
ropa, en zapatos, en moda, en peinados, en el gimnasio. […] Está la
imagen de que tienes que cuidar tu cuerpo, hacerte el pene más
grande, hacerlo más ancho, a tener más cabello, a que no tengas
entradas, a parecer joven, a ser musculoso, a ser delgado. Los
gorditos no tienen cabida en el mundo gay, los viejos no tienen
cabida en el mundo gay, los seropositivos tampoco. Los negros, a
menos que estén buenísimos, tampoco. Entonces es una cuestión anti
edad, anti clase, porque gays pobres, no entran. Tampoco gays que no
estén en la forma de vestirse de los gays. Tienes que parecer pijo
aunque no lo seas. […] A mi me indigna y es algo que tristemente
sucede, que la persona vale por su apariencia física. Entonces si un
chico es rapado, bueno pues aparenta ser más masculino y entonces
ahí también está ¿no? Si es delgado, bueno, pues es más susceptible
a que lo toquen, a que tenga más acceso a compañeros sexuales, más
musculosos o más buenos. Pero no se preocupan de si los dientes
están bien o si tiene las plaquetas altas o bajas, que eso también
es cuerpo.” (Camilo)
“Entre los gays he sentido, no llega a ser rechazo,
pero si ese prurito de decir: ¡Mira el viejo este…! No me lo han
dicho nunca, pero he sentido esa cosa de decir: no le dará
vergüenza, tan mayor y… A mi eso me es indiferente. […] Hay cierta
discriminación de la juventud con los mayores. Los jóvenes se reúnen
entre sí y verás a muy pocos o ningún mayor que esté con ellos. Yo
la razón la encuentro no en que los jóvenes nos rechacen, que
lógicamente, claro, yo entiendo que al joven le guste el joven o le
gusten los mayores, pero ya no de mi edad. Eso lo entiendo
perfectísimamente y, eso claro, me hace sufrir.[…] A mi lo que más
me atrae son los chavales, porque en el Colectivo hay unos cuantos
que están de miedo, pero claro, yo sé que para mí son fruta
prohibida. Es fruta prohibida por una razón: por la edad. Porque si
yo fuera una persona poderosa, o sea, con dinero, tú sabes que el
dinero lo puede todo. Y entonces, pues, ofreciendo dinero,
consigues. Ahora, si encima de ser mayor no tienes un céntimo, ¿Que
puedes esperar? Pues un desprecio.” (Javier)
¿Qué ocurre al interior del Grupo de Gays? Muchos
reconocen que siguen ese modelo mayoritario que ellos mismos
critican. Durante una de las actividades del Grupo de Gays se hizo
una dinámica consistente en recortar de varias revistas imágenes de
hombres para hacer un collage sobre “el hombre ideal”. Curiosamente
los dos grupos en que se dividieron los presentes eligieron
prácticamente las mismas fotos: los mismos torsos, las mismas
piernas, los mismos ojos:
“A mi me encantan los tíos guapos, que tengan un
cuerpo muy bien, un cuerpo que me demuestre fuerza mucha
masculinidad. Fíjate lo que estoy diciendo y qué contradictorio soy,
porque no estoy de acuerdo con todo esto... Yo he gozado con cuerpos
no tan bonitos y con cuerpos muy, muy bien. Para mi un cuerpo bonito
es como de copa: amplios hombros, como una copa, con cintura
estrecha, que tenga piernas, que no tenga barriguita, que tenga
muchas nalgas, muchas piernas y la piel suavecita, que lo pueda
tocar y que se resbale rico. Sin pelo me gusta más. El ideal no es
sólo mío, es colectivo. Colectivo de hombre blanco, heterosexual y
burgués. Es también una imposición porque tú ves en la televisión y
ves en los programas, en los telediarios, qué hombres aparecen, en
la publicidad...” (Camilo)
No obstante, en general se valoran los aspectos
positivos que tiene el ambiente y, por extensión, la Identidad Gay:
“Eso de la identidad gay lo siento como un terreno
muy movedizo. Se puede caer muy fácil en todo lo que son los
estereotipos del gay y de las imágenes que se han construido: la
loca, la pluma, la peineta, el promiscuo... todo lo que es el
estereotipo. Pero también el hecho de estar fuera y excluido te
puede llevar a eso, a la búsqueda de un espacio social, a construir
una identidad para decirle a la gente: aquí estoy y soy esto. Pero
bueno, es un terreno muy movedizo. Dentro de los gays hay una gran
diversidad. [...] El ambiente es un espacio de libertad y
tolerancia, y eso me gusta muchísimo.” (Vicente)
“Conocer el ambiente gay para mi fue un
descubrimiento positivo.” (Camilo)
“Del ambiente me gusta la libertad que hay para
cada uno hacer aquello que en un momento determinado le apetece. Si
te apetece darle un beso a tu novio o un abrazo o tocarle el culo”.
(Javier)
Consideraciones Finales
Un grupo discriminado socialmente como es el de los
gays también reproduce a su interior la exclusión social: de clase,
edad, género, etnia. No obstante, el cuerpo como elemento de
exclusión tiene a mi entender (y también en el discurso emic) una
mayor relevancia que en otros colectivos. Como futuras vías de
estudio está el analizar porqué eso es así.
También me gustaría resaltar la cantidad de
estudios antropológicos refereridos a gays y lesbianas que he
encontrando en mi revisión bibliográfica, así como un importante
corpus de teorías y autores, tanto extranjeros como españoles. Una
última puntualización que me gustaría realizar es que me he centrado
exclusivamente en los gays (entendiendo como tales a homosexuales
varones), contribuyendo una vez más a la invisibilización de las
lesbianas que se da en buena parte de este tipo de estudios. Queda
pues abierta también la vía para continuar ahondando en este campo.
BIBLIOGRAFÍA
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1975
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VV.AA. Materiales de Sociología Crítica. Ed. La Piqueta, 1986
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y lésbica. Llíbres de l´Índex, Barcelona 1999
LLAMAS, R. (Comp.) Construyendo Sidentidades. Estudios desde el
corazón de una pandemia, Siglo XXI de España Editores, Madrid 1995,
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Argumentos. Barcelona 2000
LLAMAS R. Teoría Torcida. Prejuicios y discursos en torno a “la
homosexualidad”. Siglo XXI Editores. Madrid 1998
SORIANO S. Como se vive la homosexualidad y el lesbianismo. Amaru
Ediciones. Salamanca 1999
Periódicos y revistas
El País, 29 de junio de 2001, página 2 suplemento Madrid
El País, 01 de julio de 2001, portada
Revista Zero, nº 12 – 1999. Pág. 116
Varios números de las revistas: Entiendes, Shangay Express, Zero
y Odisea
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