La práctica
del absurdo como forma de lucha y de la sátira como el elemento de
corrosión... devolverá al hombre una postura frente a sí mismo, y podrá
abandonar a la sociedad con los elementos que quiera llevarse de
ella. José Rafael Calva.
|
El
humor sexual de origen popular es un campo que, a pesar de su aparente
trivialidad, ofrece un inmenso potencial al investigador de la sexualidad
y el género, muy especialmente al de orientación constructivista. Con
ejemplos del humor sexual mexicano actual, comprobaremos cómo éste es
capaz de revelar cuáles son las reacciones del pueblo ante las "verdades"
acerca del sexo que le imponen los discursos dominantes : cómo se resiste
a ellas y cómo las va interiorizando. Observamos que el humor puede ser
tanto un arma de crítica y resistencia populares, como, a la inversa, un
mecanismo de dominación y de control social. Se nos hará evidente, en
suma, hasta qué punto sería fructífero establecer un doble puente entre la
sociología, los estudios de género y el humor.
Ya
Freud señaló que los chistes e historietas eróticas que circulan entre el
pueblo "son excelentes auxiliares para la exploración de la vida anímica
inconsciente de los hombres". Efectivamente, las personas o grupos
revelan, por medio de los chascarrillos picantes, los albures, los
chistes... que cuentan, cuáles son los aspectos de la sexualidad que les
causan ansiedad o zozobra; y si esas personas los viven así, probablemente
sea porque en su sociedad esos aspectos de la sexualidad están siendo
problematizados.
Desde
su punto de vista psicoanalítico, Freud se dió cuenta de que "esas
pequeñas historias nos dan noticia directa sobre cuáles pulsiones
parciales de la sexualidad han conservado en cierto grupo de seres humanos
particular idoneidad para la ganancia del placer". Con "pulsiones sexuales
parciales" se refería a todos aquellos impulsos que no podían satisfacerse
totalmente" porque representaban prácticas prohibidas por la sociedad
puritana de su época (fines del siglo XIX y primeras décadas del XX). Dado
porque la única práctica legitimada en la Europa de aquel entonces,
especialmente entre la burguesía, era el coito genital dentro del
matrimonio heterosexual, lo habitual era que cualquier actividad sexual
que se saliera de estos estrechos límites fuera vivida como problemática,
como algo tabú, y que su simple mención en los chistes causara cierta
excitación en el transgresor. Este conjunto de prácticas prohibidas, que
Freud llamó "aberraciones sexuales y vicios", incluían el sexo entre
hombres, la pedofilia, la zoofilia, el fetichismo, la masturbación, el
sexo oral, el sadomasoquismo y el sexo anal, entre otras. Fijémonos ahora
en este chiste que cuenta Freud, sumamente revelador por presentar a un
psicoanalista que indaga en los hábitos sexuales supuestamente nocivos de
su paciente (en francés "onanie" quiere decir onanismo, masturbación; "O
nanie!"; ¡Oh, jamás!):
Un doctor pregunta a
un paciente si en alguna época ha sido dominado por el vicio de la
masturbación. La respuesta es: "O na, nie!"
El
misterio envuelve todo lo que se relacione con el sexo en los países de
raíz judeocristiana, ya que en ellos se ha perseguido durante siglos, de
modo encarnizado, toda práctica sexual no ortodoxa. Hablar de estos temas
se ha convertido en tabú, y así, necesitamos acudir al humor para abordar
en un tono informal y no comprometido lo que no nos atrevemos a tratar
desinhibidamente en el discurso formal. El simple hecho de aludir a los
órganos genitales nos causa ya cierta excitación; muchos chistes se basan,
de hecho, en la polisemia de las palabras que designan a los genitales,
como podemos observar en los siguientes ejemplos:
En una iglesia
estaba el padre dando misa cuando entra un hombre gritando: -
Huevos... huevos frescos. A lo que el padre dice: - Saquen a ese
de los huevos. - No, no grita él, de los huevos no, mejor de las
orejas.
Una niña llega a su
casa y le pregunta a su padre: - Papá, hoy la maestra dijo en la
escuela una palabra rarísima. ¿Qué quiere decir pene, papá? - El padre
se queda lívido, empieza a sudar, pero finalmente vence el pudor y le
explica a su hija el significado de la palabrita. - Qué raro, papá, no
entiendo nada. Hoy la maestra estaba muy triste porque se había muerto su
abuelita, y nos dijo: "niñas, vamos a rezar todas juntas para que el alma
de mi abuelita no pene..."
Pero,
¿por qué se ha convertido en tabú todo lo que se relaciona con el sexo en
nuestra cultura?, ¿por qué han llegado a problematizarse hasta tal punto
todo ese tipo de prácticas sexuales no procreativas que Freud calificó de
aberrantes?
Antes
que nada, conviene que nos demos cuenta de que ese pudor que nos invade,
esa emoción que sentimos cuando transgredimos la prohibición y rompemos el
tabú por medio del lenguaje obsceno o los chistes picantes, no son
universales. Seguramente un dicho como "El pecado original no fue causado
por la manzana, sino por el miembrillo", que tanto regocijo causa en
nosotros, sería considerado simplemente absurdo por, digamos, los
zapotecas de Oaxaca. En primer lugar porque ellos no se sienten pecadores
por naturaleza; en segundo lugar, porque no consideran que la sexualidad
sea de por sí pecaminosa. Tal como nos explica Beverly N. Chiñas, la
sociedad zapoteca no ejerce ninguna presión por ejemplo, para impedir que
dos hombres o dos mujeres se emparejen o se vayan a vivir juntos si lo
desean; toleran la bisexualidad, y los muxa (hombres afeminados) son
apreciados y respetados. Lo que es más interesante, de acuerdo con esta
antropóloga, es que en la lengua zapoteca las palabras que designan los
órganos sexuales y las funciones corporales no son tabú. Es por esto que
el hecho de usarlas en el lenguaje corriente no despierta en ellos ese
morbo que sí suscita en nosotros; algunos observadores occidentales
tienden a considerar que los hombres y mujeres zapotecas son groseros o
desvergonzados, porque emplean libremente ciertas palabras "prohibidas".
Es
necesario también de que seamos conscientes de que tampoco en nuestra
propia cultura judeocristiana ha existido siempre esta vergüenza en torno
al sexo que hoy nos domina. De acuerdo con Elías, hasta el Renacimiento
los padres y maestros hablaban con los niños de la sexualidad, de las
prostitutas, de los problemas conyugales, etc.. de un modo relativamente
desinhibido y con fines fundamentalmente educativos; sin embargo a partir
del siglo XVIII y sobre todo del XIX, los sentimientos de pudor, los
escrúpulos, envuelven este ámbito de la vida y lo silencian ; a los niños
ya no se les debe hablar claramente de la sexualidad ; sino mediante
circunloquios, y ante todo debe inculcárseles la vergüenza en torno a
ella.
Tal
como nos explica el filósofo francés Foucault, este control que comenzó a
ejercerse sobre el discurso del sexo fue uno más de los procedimientos que
nuestra cultura judeocristiana ha ido desplegando para lograr la vasta
empresa en la que se ha empeñado desde la Edad Media: la de establecer
como única sexualidad admisible la que se da con fines procreativos entre
los cónyuges. Las instituciones que se encargaron durante los primeros
siglos de ello fueron las iglesias cristianas, especialmente a partir del
Renacimiento, cuando comenzaron a perseguir con más saña que nunca a los
sodomitas, sacerdotes solicitantes y a otros tipos de pecadores de la
carne. A partir del siglo XVIII, las ciencias y las instituciones del
estado (escuelas, policía, etc.) se fueron implicando también en la
empresa; como por inercia, asumieron los prejuicios que durante los
anteriores siglos se habían ido creando en torno al sexo. Este comenzó a
ser interrogado: las ciencias empezaron a colonizar con sus discursos,
muchas veces falaces, el campo de la sexualidad, que hasta entonces había
permanecido relativamente ignorado. Se le pedía a la gente que revelara
sus intimidades, pero a la vez se implantó una economía restrictiva del
discurso sexual; es decir, se definió "de una manera mucho más estricta
dónde y cuándo no era posible hablar de sexo.
Es
lógico pensar que el folclore popular reaccionaría ante esta puesta en
discurso del sexo que estaba siendo llevada a cabo, y que reflejaría lo
que estaba ocurriendo en sus propias creaciones; tal como señala Foucault,
"lo estricto de las reglas de las buenas maneras verosímilmente condujo,
como contraefecto, a una valoración e intensificación del habla indecente.
Efectivamente es muy probable que el humor sexual haya proliferado y
aumentado cuantitativamente entre las clases populares, como respuesta a
las técnicas de dominación, cada vez más refinadas, que los poderes han
ido desplegando desde el siglo XVI. Es razonable suponer también que tanto
la temática como el enfoque de los chistes populares fueran cambiando a lo
largo del tiempo, de acuerdo con los distintos aspectos sexuales que iban
siendo colonizados por los discursos dominantes y con las verdades sobre
el sexo que se querían imponer. No profundizaré más aquí sobre estos
asuntos, que podrían ser objeto de interesantes estudios históricos en la
medida en que las fuentes escritas lo permitieran.
Ofreceré
ahora algunas sugerencias más en torno a las aplicaciones potenciales que
el humor tendría para los estudios de género. Mis reflexiones provendrán
fundamentalmente desde el análisis de chistes y albures mexicanos, todos
ellos actuales, de los que ofrezco varios ejemplos; algunos los recopilé
oralmente, otros al acudir a las antologías. En concreto, me propongo
demostrar que.
1.
En una sociedad y una época determinadas, se puede detectar la
coexistencia de distintos discursos humorísticos que reflejan distintas
perspectivas sobre la sexualidad: atestiguan que se esta construyendo un
tipo de sexualidad específico para distintos grupos de población.
2.
Los chistes que la gente cuenta reflejan la existencia de distintos
movimientos sociales o grupo de personas que se resisten a admitir ciertas
prohibiciones y conceptos en torno a la sexualidad ; pero, al mismo
tiempo, nos permiten conocer las normas, tabúes e ideas en torno al sexo
que más han calado en el tejido social, o en ciertos grupos de él, y que
por tanto juegan un papel importante en la construcción social de la
sexualidad.
A
juzgar por los temas que el pueblo mexicano necesita abordar por medio del
humor, algunos de los asuntos sobre los que manifiesta mayores anhelos,
ansiedades o frustraciones parecen ser el matrimonio, la homosexualidad
masculina, el sexo oral, la impotencia sexual, los hijos fuera del
matrimonio, la educación sexual de los niños, las relaciones
prematrimoniales, la desnudez, los métodos anticonceptivos, las
enfermedades venéreas, la sexualidad de los ancianos, la masturbación, el
incesto... Todos estos parecen ser, por tanto, aspectos problemáticos en
nuestra sociedad; sin embargo, hay dos que parecen causar especial zozobra
en el mexicano, si tenemos en cuenta la gran cantidad de chistes que
generan.
El
primero de ellos es el matrimonio. Tal como revelan los discursos
humorísticos, éste parece vivirse muchas veces como una carga
insoportable, llena de frustración sexual y de incomunicación, lo cual
genera con frecuencia hostilidad hacia el cónyuge; los jóvenes demuestran
tener reticencias para asumir esa responsabilidad de por vida; también
preocupan mucho el tema del divorcio y los asuntos monetarios, así como la
infidelidad, tanto del hombre como de la mujer. Como vemos, la opinión que
por medio de sus chistes de la gente acerca del matrimonio, contrasta
vivamente con la imagen dulcemente paradisiaca con que los discursos
dominantes pintan a la institución conyugal. Nos carcajeamos cuando
alguien nos dice que "la única forma de acabar con el problema de las
madres solteras, sería instituyendo el Servicio Conyugal Obligatorio",
pero si pensamos detenidamente, el asunto no es cosa de risa, ya que un
servicio conyugal obligatorio es lo que pretenden imponer los discursos
que idealizan la pareja monógama de por vida, que hacen sentir a los
solteros y solteras como seres incompletos, y que problematizan todo
ejercicio de la sexualidad fuera de ella.
Lo
que ocurre de hecho en México es que coexisten dos modelos de la familia.
Por un lado el importado de Europa, de tipo patriarcal, en el que se da
una gran importancia a la fidelidad y en el que la sexualidad en general
está más problematizada: éste es el modelo de las clases acomodadas y el
más idealizado por la cultura dominante, aunque, a juzgar por el humor de
los mexicanos, no es aceptado por gran parte de la población. Por otro
lado, encontramos otro tipo de familia en la que el control sobre la
sexualidad de sus miembros es más laxo y la promiscuidad sexual,
especialmente la del varón, pero también la de la hembra, es mayor;
frecuentemente el varón se desentiende de su familia y son las mujeres las
que en muchos casos deben de sacar a sus hijos adelante. Éste es el modelo
de la familia que los discursos dominantes tratan de modificar,
fundamentalmente por medio de la intervención de la sexualidad de hombres,
mujeres y niños: transformando la bisexualidad natural de hombres y
mujeres en monosexismo (tener que identificarse como homosexual o como
heterosexual); alimentando el ideal de amor romántico como unido al
ejercicio de la sexualidad y problematizando las prácticas que buscan el
mero placer; limitando drásticamente la sexualidad de niños y
adolescentes, en especial la que éstos mantienen con adultos, con el fin
de que no se habitúen a llevar una vida sexual demasiado desinhibida.
El
segundo asunto que parece causar una especial inquietud en los mexicanos
es el de la homosexualidad masculina. Profundizaré un poco más en este
tema con el fin de demostrar la hipótesis, ya enunciada, de que pueden
coexistir varios discursos que están construyendo la sexualidad de
distintos modos, en grupos de población diferentes.
En
México, como en el resto de Latinoamérica, en los pueblos de la cultura
mediterránea y en el mundo árabe, los hombres de las clases populares
gozan de una libertad de movimientos relativamente amplia: se espera de
ellos que mantengan múltiples contactos sexuales, incluso estando casados.
Las prácticas sexuales entre varones son relativamente frecuentes también,
aunque se lleven a cabo en el más absoluto de los secretos; es éste un
dominio privado masculino del que las mujeres, aparentemente no saben
nada. A pesar de ello son muy poco los chistes en los que el mexicano
reivindique su homoerotismo o en el que se ridiculicen las limitaciones
sexuales que implica el ideal de masculinidad dominante en su cultura.
Naturalmente, siempre hay algunas excepciones , como este chiste que
reivindica explícitamente la bisexualidad:
Dos compadres se
acaban de divorciar por el mismo tiempo, andan sin mujeres y uno
dice: - Oiga, compadre, vámonos por ahí a enamorar... - Pero no
tengo lana, compadre... - Y qué, ¿nos vamos a "cobrar"?
O
como esta definición jocosa que del hombre ofrece el humorista Arreola:
HOMBRE:
Persona que se
exhibe siempre rodeado de mujeres y en privado se entrevista con otro
igual a él.
Sin
embargo, no es esto lo más frecuente. La mayoría de los chistes que tocan
este asunto revelan que los hombres lo viven como algo sumamente
problemático: no es extraño, si tenemos en cuenta que durante siglos la
sexualidad del varón ha sido, en términos de Foucault, un "foco local de
poder-saber", es decir, algo en que la moral eclesiástica y los discursos
científicos han intervenido intensivamente. Uno de los objetivos
principales de esta intervención ha sido la de extirpar toda forma de
homoerotismo de la naturaleza fundamentalmente bisexual del hombre; en
esta empresa se hayan implicados, aún hoy en día, muchos psicoanalistas,
hecho sumamente paradójico, ya que fue precisamente Freud el que más
claramente percibió que todos los seres humanos son esencialmente
bisexuales, y que son las presiones sociales las que les empujan a
inclinarse por la heterosexualidad exclusiva:
Todas las personas, aún las más
normales, son capaces de elección homosexual de objeto, la han consumado
alguna vez en su vida y la conservan todavía en el inconsciente, o bien se
han asegurado contra ella por medio de enérgicas contra-actitudes. Estas
dos comprobaciones ponen fin tanto a la pretensión de los homosexuales de
ser reconocidos como un "tercer sexo" cuanto al distingo, supuestamente
significativo, entre homosexualidad innata y
adquirida. Sigmund Freud.
Veamos
qué es lo que ocurre, en este sentido, en México. Existen gran cantidad de
chistes acerca del joto o lilo, personaje en el que el hombre mexicano
proyecta todas las características que no quiere aceptar en sí mismo: la
debilidad, la emotividad, la cobardía, el afeminamiento, la pasividad anal
y oral, así como la posibilidad de mantener relaciones efectivas con otro
hombre. El joto [homosexual] es, como vemos, una construcción social: una
fantasía social que, interiorizada por aquéllos que se identifican con
ella, se convierte en realidad. Según el estereotipo tradicional en
México, es exclusivamente pasivo, y por tanto no puede nunca entenderse
sexualmente con otro como él, tal como se manifiesta en el siguiente
chiste (tiburón significa en este contexto "activo sexualmente" y ballena
"pasivo sexualmente):
Hay un joto nadando
en una alberca. Repetidamente se acerca nadando a un hombre que se está
tomando el sol junto a la alberca, le toca el hombro, le dice "cómeme
tiburón", y en seguida sale nadando. El otro lo ignora varias veces, pero
al final le responde: - Ay no, hija, deja de chingar, nena, ¿qué no ves
que yo también soy ballena?
Excepto
en algunas de las subculturas indígenas y mestizas que toleran o admiran a
la figura del hombre afeminado, el joto sufre con frecuencia la violencia
y el acoso social y policial; muchas veces interioriza esa imagen negativa
que la sociedad proyecta sobre él, e incurre en actitudes
autodestructivas. Esto se manifiesta en ejemplos como el que sigue que,
significativamente, suelen causar gran hilaridad en los mismos
homosexuales:
Se encuentran dos jotos, y uno tiene un
chichon grandísimo en la cabeza. El otro le
pregunta: - ¿Qué te pasó, nena? - Mira, que conocí a un hombre
fantástico, me llevó a su hotel, me desvistió y cuando le pido que me dé
ya con la de mear, pues que agarró la bacinilla y me dio con ella en la
cabeza.
Aunque
el joto es objeto continuo de escarnio y de ridículo, puede servir,
paradójicamente, como desahogo puramente sexual para el macho. Es
necesario observar que el hombre mexicano, tradicionalmente, no ha sentido
que pierda su masculinidad ene tanto mantenga el papel activo de su
relación homosexual, y en tanto no se implique afectivamente. Sólo en este
contexto, podemos entender que chistes como el siguiente no causen
conflictos a quien lo cuenta ni lleven consigo un detrimento de su imagen
ante la sociedad:
- ¿Y dónde anda
nuestro amigo Próculo? - ¿Próculo? Me pones a pensar, ¿cómo era
él?
La
pasividad anal, sin embargo, sí es una práctica que está socialmente
vedada al hombre mexicano: ser penetrado sería tanto como convertirse en
joto, con toda la carga negativa que esto traería consigo. En realidad,
tal como indica Carrier, un alto porcentaje de hombres que comienzan
actuando como activos con otros hombres, acaban por asumir también el rol
pasivo. Tal vez por eso exista tanta ansiedad en torno a dicho tema, como
muestra este chiste:
Entra un hombre a la
cantina y pide una mezcla rarísima: un chorro de tequila, otro de ron, un
poco de pulque, canela y chile verde. El cantinero elabora el menjunje, se lo ofrece, y el cliente se lo toma: "mm,
oh. oh, oh, qué
rico, ah uuuh, qué alivio..." y así varios días, hasta que al
cantinero le pica la curiosidad: "Será de verdad tan buena esa
mezcla...déjame ver". La hace, se la toma y "mm, oh. oh, oh, qué
rico, ah uuuh, qué alivio... ah ioto mamón hijo de la chingada!"
Nos
damos cuenta, por lo tanto, que la masculinidad en México está construida
tradicionalmente de tal modo que el hombre no siente disminuida su hombría
si mantiene relaciones sexuales con otro hombre, en tanto desempeñe el rol
activo. Ahora bien, al analizar el humor mexicano, se detecta también la
presencia de otros discursos que contienen conceptos diferentes acerca de
la sexualidad entre hombres: estos discursos provienen del mundo
angloeuropeo (norte de Europa y de Estados Unidos). La idea fundamental
que sostienen es que el simple hecho de desear a otro hombre es ya signo
inequívoco de una identidad homosexual permanente. Con este concepto de
heterosexualidad y homosexualidad como estilos de vida radicalmente
incompatibles, de lo que se trata es de aislar al homosexual como una
especie de ser humano diferente, y extirparlo del resto de los hombres,
los heterosexuales, todo vestigio de homoerotismo. Nótese que este
concepto de la homosexualidad es muy diferente al tradicional en los
países mediterráneos y latinos. El temor del hombre mexicano tradicional
no reside en la posibilidad de desear a otro hombre, sino en la de perder
su masculinidad siendo penetrado, acto que lo convertiría en joto; el
miedo del angloeuropeo es llegar a desear a otro hombre, porque si eso le
ocurre se verá imposibilitado a desear a una mujer, va a convertirse en
homosexual permanente. Veamos ahora un ejemplo de chiste en el que se
detectan la influencia de los discursos occidentales, la cual se deja
entrever por la dicotomía excluyente que presenta entre los conceptos de
homosexualidad y heterosexualidad:
Pasan las horas y el
flamante esposo ni siquiera se acerca a la esposa, así que ella comenta
irónica: - Oye, Lalo, ¿recuerdas que en la conferencia de anoche afirmaron
que cuando los hombres comienzan a volverse maricas, pierden la
memoria? - No me acuerdo absolutamente de nada.
Muy
revelador es advertir, en este sentido, que los conceptos mexicanos
tradicionales en torno a la masculinidad hayan sido desplazados casi
totalmente de los discursos cultos dominantes, y que sólo se mantengan en
los discursos populares. Es sumamente significativo también que un
humorista mexicano como Rius, que en muchos aspectos demuestra contar con
un elevado sentido crítico, haya asumido los conceptos que en torno a la
homosexualidad se han importado de Europa y Norteamérica, sin cuestionarse
lo poco que se adecuan a la realidad social de su país: admite todos los
estereotipos negativos acerca del homosexual, entendido como opuesto e
incompatible con el heterosexual, y termina sus reflexiones con unas
frases lapidarias, nada cómicas, por cierto:
La vida de los
homosexuales es de lo más infeliz que puedan imaginarse, llena de crisis,
conflictos, soledad, inseguridad, persecución... y generalmente termina en
el suicidio...Creemos, con la mayoría de los psicólogos, que la causa
principal de que muchachos y muchachas se "desvíen" es por mal ambiente
familiar y una educación sexual errónea.
Rius
se vio atrapado por el dispositivo que creó Europa para abordar la
sexualidad no procreativa, y sin darse cuenta se hizo un instrumento más
de él, convirtiéndose en un portavoz de lo que Sedgwick llamaría "la
fantasía occidental de crear un mundo sin homosexualidad. Sin embargo muy
bien podría haber tomado también como punto de partida para sus
reflexiones el comportamiento real de las clases mestizas e indígenas de
México.
Tomemos
ahora la segunda hipótesis que lancé más arriba. Ya señalamos antes que
como respuesta a los discursos dominantes que tratan de imponer sus
"verdades", el pueblo reacciona y ofrece sus propios puntos de vista: bien
opone resistencia, bien las interioriza. Ya hemos visto algunos ejemplos
de chistes que revelan que muchos de los prejuicios y los conceptos
dominantes han calado profundamente en las clases populares de México; en
ellos se puede detectar qué aspectos de la sexualidad se sienten como
problemáticos, pero en vez de rebelión hay conformidad. Pensemos, por
ejemplo, en el albureo, tan común entre los hombres mexicanos, que puede
contemplarse como una reproducción ritual de las normas rectoras de la
masculinidad; de lo que se trata en este juego es de feminizar al
contrincante convirtiéndolo en pasivo oral o analmente. O reflexionemos
acerca de un chiste como éste, que muestra que la idea decimonónica de que
las perversiones son una degeneración biológica ha pasado desde los
discursos de la psicología a la mentalidad popular:
- Doctor, estoy
enamorado de un equino. -¿Yegua o caballo? -¡Yegua, por supuesto! O
qué, ¿me vio cara de degenerado?
Sin
embargo, en ocasiones , la reacción puede ser también rebelde, una acción
encaminada a reafirmar un "placer que se enciende al tener que escapar de
ese poder, al tener que huirlo, engañarlo... placer que se reafirma en el
poder de mostrarse , de escandalizar o de resistir, como indica Foucault.
Consideremos
ahora algunos chistes que constituyen resistencias efectivas que ciertos
grupos de personas oponen a los discursos dominantes. Algunos de ellos
propugnan la liberación sexual de la mujer, conviene señalar en este
sentido que las feministas de Estados Unidos llevan ya varias decadas
empleando el humor como arma ideológica en su lucha contra el patriarcado.
En este chiste, por ejemplo, se cuestiona la idea que tradicionalmente se
le ha inculcado a la mujer de que ha de entregarse virgen e inexperta a su
hombre:
-¿Es verdad que has
sido novia de todos los del barrio? - Sí. ¿Y eso qué tiene de
malo? - ¿Cómo que qué tiene de malo?.. eso no lo puedo aceptar. - Te
gusta cómo te abrazo. - Sí. - Te gusta cómo te beso. -
Mucho. - Te gusta las cositas esas que te hago allí. - Sí, mucho,
mucho. - ¿Y crees que todo eso lo aprendí por correspondencia?
Éste
se ríe del pudor sexual, reivindica el uso de preservativos como método
efectivo para combatir las enfermedades venéreas y ofrece información útil
acerca del peligro potencial que tiene la práctica del sexo oral. Y lo
hace en un contexto como el de México, en que tanta falta de información
existe por causa de la presión ideológica de una iglesia que parece no
querer reconocer cuáles son las verdaderas prácticas sexuales de la
población:
Aunque hay varias
damas presentes, entra volando a la farmacia y pide a gritos: -¡Joven!,
¡joven! ¡ Deme un condón! El empleado trata de callarlo, pero él
insiste a gritos. -¡Por favor, joven, véndame un condón! - ¡Oiga,
cuidado con la lengua! - Bueno, pues deme dos.
El
chiste que aparece a continuación se rebela ante la idea tan confundida de
que la promiscuidad es negativa, y ofrece un contraargumento que, si nos
paramos a pensar en él, es bastante racional:
-
Oye, ¿tú que
prefieres, masturbarte o coger (follar) ?
- Coger. - ¿Por qué? - Porque
cogiendo se conoce gente.
Y
los siguientes se burlan de las explicaciones míticas que sobre la
sexualidad se les da a los niños (fenómeno éste que, como ya comentamos
antes, se difundió durante los siglos XVIII y XIX) con las cuales se les
va preparando para que de adultos sean víctimas más fáciles del pensamiento
irracional y de explicaciones mágicas:
Pepito ve a su papá
que está haciendo pipí. - Oye, papá, ¿qué es eso que tienes ahí?
- Un
ratoncito, hijo. - ¿Y te lo estás cogiendo (follando)?
- Oye, ¿sabes que
los niños ya no vienen de París? Ahora vienen de Estar - dos
Unidos.
CONCLUSIONES:
Espero
haber persuadido al lector de que el análisis de los discursos
humorísticos populares puede ser sumamente fructífero tanto para el
sociólogo como para el investigador del género. Es por medio del chiste y
la picardía como la gente expresa su verdadero sentir en torno al sexo, y
su estudio puede aportarnos, por tanto, datos valiosos acerca del modo en
que la feminidad y la masculinidad están construidas en el nivel de las
clases populares.
El
humor sexual pone en evidencia, además el contraste que existe entre el
sentir popular y los discursos dominantes en torno al sexo: éstos
idealizan el matrimonio, problematizan las prácticas no procreativas y
legitiman únicamente el ejercicio del sexo cuando va unido al amor; mucha
gente, sin embargo, parece vivir el matrimonio como un suplicio y
disfrutar, o al menos anhelar, el ejercicio de una sexualidad placentera,
no necesariamente ligada al amor.
Los
discursos populares revelan también cuáles son los estereotipos que la
población tiene en mente acerca de las mujeres, los hombres y los
homosexuales. Me parece especialmente relevante, en este sentido, que las
etiquetas de joto (en el mundo latino) y de homosexual (en el mundo
angloeuropeo) difieran tanto entre sí.
Ya
comentábamos que la bisexualidad ha sido tradicionalmente un secreto
compartido por la mayoría de los hombres en las culturas árabes y latinas;
sin embargo, la cultura angloeuropea pretende crear una identidad
homosexual distinta a la identidad heterosexual. Este contraste entre
culturas deja bien patente que el intento en que muchos científicos
esencialistas están empeñados, el de encontrar algún factor biológico
diferencial entre homosexuales y heterosexuales, es, cuanto menos,
ilusorio, porque se fundamenta en la categorización propia de su cultura.
¿Analizarán los esencialistas también los hipotálamos de los machos
bisexuales mexicanos?
No
debemos tampoco perder de vista el elevado potencial corrosivo y
relativizador con que cuenta el humor.
Es
verdad que en muchos casos los chistes no hacen más que recrear y
perpetuar los prejuicios y falsos conceptos construidos en torno a la
sexualidad; pero no es menos cierto que también el humor es capaz de
desvelar las falsedades en las que se fundamentan los discursos dominantes
y puede hacernos tomar conciencia de los artificiales que son las normas
morales y sociales que condicionan nuestras vidas... A mi juicio esto es
algo que deberían tener en cuenta tanto el humorista profesional como el
aficionado, ya que el humor puede servir como arma de resistencia popular
afectiva. No por casualidad, resultan ser las personas menos prejuiciosas
y más tolerantes las que suelen contar con mejor sentido del humor, tal
como han señalado los psicólogos humanistas.
El
potencial crítico con que cuenta el humor ha hecho que los espíritus más
intolerantes lo hayan considerado peligroso, y que algunos hayan incluso
deseado eliminarlo de la naturaleza humana: "estoy convencido de que la
humanidad no podrá regenerarse totalmente hasta que la risa no haya
desaparecido", afirmaba lapidariamente uno de ellos. Por suerte, aún nadie
ha inventado ningún mecanismo que acabe con el poder regenerador de la
risa...¿o sí lo habrán hecho?
* * * * * * * *
|