CUENTO DEL CERO

Por Francisco

 CUENTO DEL CERO

"Dicen que el cero no era cero. Al principio, y aunque no lo creas, el cero era un ocho, la bola negra del billar. Nació en la familia de los números y él era un
8 para todos sus hermanos, inclusive para sus padres n°1 y n°2. 

0 había nacido 8, y ese era su destino, o al menos así se creía.

El 0, o mejor dicho 8, era un número indeciso e impredecible. Siempre se sentía distinto de sus pares 2,4 y 6, y tan parecido a sus impares  1,3,5, 7 y 9; pero nunca lo decía por miedo a ser discriminado. 

De chiquito se aislaba de todos los números, porque tenía la sensación de que iba a quedar herido o que iba a herir a los demás, todo en un juego de emociones que solo él comprendía. Y observaba como sus hermanos 6 y 9 se juntaban formando un 69 al que aborrecía y al mismo tiempo envidiaba. Sí, porque el 0 cuando era 8 envidiaba con toda su alma a aquellos que tan libremente disfrutaban su amor y consumían su locura en actos que sólo en sueños podía realizar. 

Era ocho, pero se sentía un cero.

Ya de más grande empezó a tener preferencias por algunos números, pero ellos solo le aceptaban como un amigo y no como un amor, él prefería un beso del 6 que un beso del  9.

Y tenía que pretender todo el tiempo ser un número par, cuando lo que más deseaba en todo el mundo era ser impar. Jugaba a esconderse en sí mismo y desaparecer de la realidad, sumiéndose en su mundo donde todo regía bajo sus propias reglas, pero pronto se daba cuenta que eran solo sueños, que nunca nadie le amaría. Y lloraba, todas las noches lloraba, y sus padres preocupados le preguntaban que era lo que le pasaba, pero para él era difícil contar lo incontable, revelar lo irrevelable. Se aisló de todos los números existentes, se encerró en su cuarto y de allí no salió hasta que lo decidió, decidió liberarse de todos los problemas que lo agobiaban, decidió sacarse ese cinto, ese disfraz que solo superficialmente lo escondía, decidió ser libre.

Entonces se convirtió en 0.

De ocho a cero, no era lo mismo. Lo primero que dijo su padre era que estaba enfermo, que como podía ser lo del cambio, era inconcebible que un par fuera otra cosa; además 0, ¿qué era eso?, un número nulo ni par ni impar, y su progenitor no se explicaba todo esto tan repentino. "soy otro número-dijo el 0- antes era 8 ahora me saque el cinto que tanto me sofocaba, de 8 sin - a 0.
pero no pudo hacerle entender a nadie lo que el sentía. 

Algunos de sus amigos lo apoyaron, pero aquellos a los que amaba se alejaron de él. Y ahora que había probado lo bueno, ahora que había probado la felicidad del ser libre, no quería ponerse más ese cinto.

No todos se mantuvieron equitativos con él, muchos a sus espaldas susurraron en crítica y la mayoría de los números lo condenó, porque era una anomalía, un defecto, y como todo defecto debía de ser eliminado. Pero no pudieron con el pobre 0, porque ya era así. El 0 siguió ahí y ya nadie más lo molestó, pero apartándolo no le dieron valor alguno. Y ninguna operación tenía participación como número, y en la que se metía la arruinaba. Valía oro pero a la vez valía cero.

Un buen día el 0 se dio cuenta que había otros números que querían estar con él. Y la felicidad lo lleno en plenitud y se sintió completo. Ya no le importaba que dijeran los otros, ni que tan prohibido fuera su amor. Y así cada diez números apareció un 0. Alguien distinto, que aunque no pareciera
guardaba un gran valor.

 


 

Francisco es un joven navegante argentino que ha aportado su inteligente texto amable en forma de una poética metáfora. Si deseas enviarle algún comentario solo tienes que cliquear en el buzón.

 

 

 

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