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Si
alguna vez te encuentras con TU rosa, es probable que te cueste llegar a
reconocerla, porque es una rosa tímida y no hará mas que ser ella misma
sin hacer aspavientos para llamar mínimamente tu atención. Ella espera
que la reconozcas si has aprendido a mirar con los ojos del corazón, Tu
rosa se limita a SER para llegar con su amor a lograr que la ames. No
puede hacer más nada.
Tu
rosa no es de plástico ni es de invernadero ni clónica de otras rosas
destinadas a ser únicamente adornos hermosos e indiferentes a todo lo que
no sean ellas mismas. Tu rosa no es una rosa de concurso ni de pasarela.
Es la mas sencilla aparentemente de todas las rosas de este mundo.
Tu
rosa siempre se sentirá tímida a tu lado, porque amándote como puede
llegar a amarte, siempre se sentirá poca cosa sabiendo como sabe que tú
mereces lo mejor de este mundo. Y ella solamente tiene para darte su
existencia y su cariño... Por eso cuando te cruces con ella tal vez no
alcances de buenas a primera a medir lo inmenso de su afecto, y tal vez te
parezca un peluche, húmedo por una lluvia aviesa, un animalito asustado y
tembloroso, con los ojos repletos de temores antiguos, buscando en tu
mirada profunda si aparece un minúsculo destello cuando en ella poses tus
ojos cuando se crucen vuestras vidas. Y la posibilidad mas triste para
ambos es que tal vez hasta pases de largo tras haberte entretenido unos
instantes contemplándola curioso.
Tu
rosa lleva encima la paciencia que le habrán dado los sufrimientos
pasados, pues sabe de abandonos, de traiciones, de inviernos congelados y
de veranos ardientes pasados en soledades y en falsas compañías. Por eso
tu rosa "no puede cansarse de esperarte" puesto que ella
"no se cansa de mirarte". Así ha sido desde antes siquiera que
tu existieses.
Tu
rosa es única, porque toda la vida del planeta, desde el devenir de cósmicas
estrellas convertidas en tierras habitables, desde el caldo primigenio al
magma inconsecuente, donde pululaban los ácidos nucleicos, y aun mas
tarde cuando el primer pez conquistó la orilla, y los helechos
aprendieron a ser flores, cuando nacieron, pervivieron y cayeron las
civilizaciones antiguas, entraron en leyendas los continentes perdidos, y
la naturaleza toda reconquistó el edén, cuando los elementos sencillos,
el hidrogeno, el oxigeno, el carbono dieron en agruparse hasta llegar a
ser los mares actuales, los ríos, las briznas de hierba que agosta el sol
de marzo, todo se ha conjugado para que brotase esa flor que es la que te
ama. Tu rosa es única sencillamente porque es tuya, porque ha nacido para
ti.
Por
eso, si piensas que la has encontrado, has de aprender a darle los
cuidados apropiados, que son asimismo únicos y especiales, ya que tu rosa
depende de ti para ejercer su sino. Su destino que no es otro que el
amarte. Para tu rosa evidentemente tu eres único. Sois ambos mutuamente
responsables.
Entre
millones de rosas similares, tu rosa es TU rosa. Entre millones de
jardineros posibles, tú eres su jardinero.
Tu
rosa es roja, porque es un corazón desnudo y lleva ante ti su pureza en
color sangre. Tu rosa palpita aunque no lo sepas ni lo veas. Pero también
lleva en si misma el blanco, el amarillo, el violeta , el naranja o el
azul. Contiene el dorado del sol que la ha acariciado, el blanco de la
nieve, al amarillo del trigo en el verano, el verde de los montes en
primavera, el marrón de las hojas que el otoño arrastra hacia la tierra,
contiene bajo su apariencia humilde todos los colores del arcoiris y todos
los de la naturaleza, el cromatismo de los días y las noches, de todos
los cuadros de todos los pintores que rosas han pintado o conocido.
También
tu rosa es roja porque ha aprendido a ocultar ante ti cuando en algún
momento se siente avergonzada. El color de la sangre es un buen camuflaje
para esconder sonrojos, y tu rosa lo sabe.
Tu
rosa es fragante. Lleva en sí los aromas de la tierra tras la lluvia, el
perfume de la humilde madreselva, de los jazmines, el aroma de la brisa
salada que viene desde el mar hasta la playa. Y en su mágico alambique ha
destilado todo lo bello para que al olerla sientas el placer de memorias
ancestrales. Tu rosa es feliz cuando logra conformar para ti lo mejor de
su esencia.
El
tacto de tu rosa es puro terciopelo. Si acaricias sus pétalos, incluso si
decides arrancarle uno de ellos, hazlo con toda la ternura para no
destruir entre tus dedos la calidez de su tacto. Los pétalos suaves son
como las alas de mariposa que si se rozan bruscamente pierden todo su
encanto.
Hay
algunos jardineros que atienden a sus rosas simplemente regándolas con
sistemas periódicos. Tanta agua los lunes, tanta otra los martes, una
pizca de abono los miércoles, y así llegando el domingo tras descanso
repetir el ciclo nuevamente. Esto da como resultado rosas aburridas, rosas
tristes, que van perdiendo todo lo que las hace especiales. Esto no sirve
para tu rosa
Tampoco
sirve para tu rosa los métodos sencillos que otros jardineros con buenas
intenciones aplican. Incluso hay quien sabiendo la sensibilidad de las
rosas les dedica discursos, centra a ratos atenciones en pretender que la
rosa es especial y única. Eso tampoco es útil ni aplicable a tu rosa.
Porque lo que hace lo hace sin desearlo realmente.
Es
tu rosa paciente, y soporta desprecios, como soporta la nieve y el frío
de la noche. Jamas hagas nada por tu rosa de manera forzada. Ella es
sensible a ese comportamiento.
Si
decides regarla con gotas de rocío, ella no mira el agua, sino tu
sacrificio para conseguir las gotas. Ella mide el esfuerzo y el tiempo que
has empleado para recoger entre tus manos el liquido elemento que ha de
ser su alimento. Si decides regarla con lágrimas que caen resbalando
dolientes por tus mejillas tristes, tu rosa lo agradece. Es motivo de
orgullo para tu rosa el saberse útil en compartir tu llanto.
Pero
también procura compartir con ella tu alegría. Para que tras la humedad
de la melancolía compartida tu rosa se despierte con la luz de tu risa.
Prefiere mil veces que le alumbren sonrisas, prefiere mil veces el sonido
del cascabel de plata de tu limpia alegría que el más maravilloso
amanecer de primavera.
No
te rías forzadamente ante tu rosa. Eso le perjudica. Ella anhela ante
todo que entiendas y asumas y logres sentir en tu interior reflejo que has
de darle tu risa de una forma instantánea, de una forma inconsciente. Si
has llegado a sentir en tu interior mas intimo que tu alegría es mas
alegría si la compartes con tu rosa, estarás aprendiendo a ser buen
jardinero. Habrás dado un primer paso para merecer realmente a tu rosa. Y
eso ella lo entiende, y por eso se alegra al poder comprobarlo.
Tu
rosa siempre necesita mimos, pero solo si antes ha comprendido que cuando
tu eres quien los necesita has acudido a ella sin reparos ni vergüenzas
ni timideces. Tu rosa crece y es feliz cuando te ha mimado en cualquier
circunstancia. Realmente esa es la esencia de la felicidad de la rosa, que
cuando te entrega su perfume, cuando intenta que veas su mágica
arquitectura, cuando nota que miras el color de su imagen, o cuando
sientes la ternura de terciopelo de sus pétalos, lo que hace es
precisamente mimarte, decirte en su lenguaje que te ama. Siente que hace
aquello para lo que ha brotado, que es amarte.
Tu
rosa nunca te preguntará si has pensado en ella antes de adormecerte.
Aunque ella te tenga en su pensamiento y su corazón tamborilee de alegría
cuando escucha tu nombre, nunca dará por sentado ni por obvio que alguna
de las cualidades que anhela entregarte, que alguno de sus pequeños
tesoros nacidos para tu alegría, ha alegrado tu espíritu. Acuérdate de
hacérselo saber algunas veces, mejor que de palabra, que asimismo
agradece, también de hechos. El premio del regalo de su aroma, de su
color, de la alegría de su vida que es que te sientas amado, tiene su
compensación si logras hacerle saber con una sonrisa, con un gesto, con
un pequeño detalle de tu atención inesperada, que realmente su tesoro
para ti creado a acariciado tu alma.
Lo
que tampoco hará nunca tu rosa es decirte cuando y como mimarla. Eso has
de aprender a saber cuando hacerlo. Tu rosa es capaz de fallecer de pena y
de abandono antes de decirte jamas estas cosas. Porque entiende que el
mimo que has de darle ha de surgir precisamente de tu necesidad de
hacerlo. Para tu rosa nada vale si le muestras cariño, si acaricias sus pétalos
como una costumbre envuelta en indiferencia cotidiana.
Tu
rosa ha de sentir que si la amas, que si la mimas, eso surge de tu propia
necesidad de hacerlo. No te resulte extraño, esto es así en las rosas
mas sensibles. Porque ellas saben estar a tu lado para darte su afecto y
surge de su anhelo el mimarte y mimarte. Es una necesidad que las
sostiene, y que aplicarían naturalmente como tan natural e instintiva es
la respiración, es el soñar, es el deseo mas puro. Las rosas únicas
para cada jardinero único cumplen a rajatabla la canción de los amigos
de verdad: "nunca piden nada y siempre dan".
Nunca
mimes ni ames a tu rosa por compromiso ni por cumplir un rito o una
costumbre. Aprende a sentir en tu interior la necesidad de amarla, la
necesidad de demostrárselo cuando a ti te apetezca. Ese será el mejor
abono que a tu rosa puedes darle.
No
restrinjas o etiquetes las formas de aplicar tu cariño. Puede ser una
mirada con el amor en el fondo de tus ojos, un gesto, una sonrisa sin
motivo, una caricia y unas palabras tan sencillas como profundas, siempre
y cuando esas palabras contengan todo el sentido que en si mismas
implican. Cuando digas "te quiero" dilo porque lo sientas y no
por compromiso ni con sentido hueco; cuando sientas ternura, transfórmala
en caricias con toda la dulzura que en tu mano te quepa, ya que una
caricia sin contenido amable es para tu rosa mas árida que un golpe.
Pero
no te preocupes en explicar ningún hecho a tu rosa sensible. Ella sabe
leer el fondo de las cosas y las acciones, son su propio lenguaje. Lo único
que pide encarecidamente es que seas tú mismo en cada acto que hagas, en
cada frase o en cada mirada con que cuides tu rosa.
Si
realmente algún rato a lo largo del día, - estés cerca o a distancia de
la rosa que te ama - sientes en tu corazón la necesidad de su afecto, de
su ternura dulce, no dudes en mostrarlo. Si en cambio simplemente sientes
la indiferencia, actúa desde el frío y el olvido. Tu rosa lo prefiere
antes que sentimientos falsos.
Mas
que seguridades tu rosa necesita saber a qué atenerse.
Nunca
des por supuesto que tu rosa sabe lo que tu sientes por ella. Al fin y al
cabo tu rosa es tan sensible que requiere cuidados sensibles y especiales.
Como cualquier niño que ha nacido entre ruinas, que ha vivido tormentas y
que ha sido testigo de guerras y catástrofes, tu rosa ha aprendido a
sufrir en silencio las heridas marcadas por traiciones ajenas y no
entiende de suposiciones. Prefiere no dar nada por supuesto, tal vez
porque cuando ha estado viviendo de ilusiones mas de una persona ha
lastimado anteriormente a tu rosa.
Como
es una rosa que ha estado viviendo al borde del camino, tu rosa sabe lo
que son las promesas fácilmente expresadas, luego nunca cumplidas: sabe
lo que es confiar en caminantes para luego sentirse defraudada: sabe de
mentiras y abandonos; sabe de palabras hermosas vacías de sentido para
quien las ha dicho alegremente sin sopesar las consecuencias: sabe de
quien no ha vacilado en cercenar sus mas tiernos tallos para simplemente
aprovecharse de la ingenuidad de tu rosa.
Ha
tenido otros jardineros que no han sabido cuidarla sino que simplemente de
ella se han aprovechado, sin aprender a regarla, sin pretender hacerlo
puesto que no llegaron a amarla. Es fácil mentir y engañar a una rosa
Tu
rosa nunca mide el tiempo que a ella dediques. Prefiere en ese sentido que
actúes libremente, porque así ella puede entender tus prioridades. Y
entonces valorará justamente lo que compartes con ella. Y sabe también a
que atenerse con una visión real del orden que tu das a las cosas.
Nuevamente se trata de que seas tu mismo.
Tu
rosa siempre está dispuesta a entregarte lo mejor que contiene. Su
aroma, su complicada geometría irrepetible, su ternura, su tacto y su
belleza. Es feliz haciéndolo y para eso la vida la ha llevado a tu jardín.
Pero nunca pedirá tu atención, porque espera que la atiendas cuando tu
corazón sea quien te haga sentir la necesidad de hacerlo.
Nunca
atiendas a tu rosa por que sientas tipo alguno de compromiso hacia ella.,
sino porque seas tú quien necesite hacerlo. Esto es fundamental para tu
rosa. Tu rosa nunca intentará manipular tus sentimientos sino que exige
que hagas todo ejerciendo tu libertad. Así es tu rosa, amigo jardinero.
Comparte
con tu rosa todo aquello que sientas ha de ser compartido. TU rosa,
destinada a estar amarrada a un jardín, a tu jardín privado, sabe que únicamente
estarás a su lado en momentos concretos. Así que necesita para sentirse
apreciada, para saber de ti cuando estés lejos de ella, el conocer qué
haces, el saber con qué sueñas, en tener referencia del diario reflejo
de tu vida y tus temas.
Así
cuando de ella estés lejos, sabrá recomponer tu existir cotidiano y por
tanto sabrá amarte en la distancia, porque en su soledad estará
recreando la alegría de verte a través de su memoria y de esa manera te
sentirá a su lado. Y si ella te siente a su lado, simétricamente sabrá
que tú la sientes a ella existiendo a tu lado, si de verdad te importa lo
que siente tu rosa. Es objetivo de tu rosa el que sientas que nunca estás
solo aunque no pueda mimarte.
Tu
rosa nunca te llamará si algún día te encuentra hablando cerca de ella.
No lo interpretes como que no lo desea. Realmente no desea otra cosa que
el ser feliz escuchando tu voz. Si no te llama es que no quiere distraerte
de lo que estás haciendo ni ser estorbo para ti y la persona con la que
estés hablando. Tu rosa no está a gusto si piensa que puede molestarte o
incordiarte o distraerte en lo que estás haciendo en ese momento.
Así
que nunca interpretes el que no te llame si te ve a lo lejos o si escucha
tu voz, que a ella no se dirige, como falta de interés. En tu rosa,
puesto que te ama, el interés es perenne y obvio. Al fin y al cabo eres
su jardinero, Su jardinero único, de la misma manera que ella es una rosa
única en el mundo.
Eso
ya implica en si mismo que ella está deseando escuchar tu voz, atender tu
gesto, mirar las miradas de tus ojos, sentir una caricia tuya, darte su
perfume en cada gesto, mostrar su desnudez de pétalos de terciopelo y el
color brillante y rojo de los mismos, para que disfrutes sintiéndote
atendido y cuidado y querido y mimado en sus entregas. El amor es también
respetar tus silencios si decides callarte. O si estas ocupado. Lo que
nunca has de dudar es de su interés y de su amor. Tu rosa ha brotado para
dártelo siempre.
Y
cuando des a tu rosa la feliz circunstancia de hablarle, de leerle un
poema con tu voz de ambrosía, o de aspirar su aroma, o acaricies sus pétalos,
cuéntale lo que quieras, porque aunque sea un instante a lo largo del día,
tal vez en la semana o cuando llegues cansado del camino y solamente la
mires un fugaz momento, todo lo que le digas, cada palabra tuya, cada
gesto sencillo ha de ser para tu rosa lo mas preciado del mundo.
Tu
rosa siempre tiene sed de aquello que vives, sed de tu tiempo y versos.
Ella entiende sin duda lo que quieras decirle, ella entiende y renace en
los poemas que escojas para acunar sus sueños.
Nunca
has de agradecer nada a tu rosa. Ella es la que siempre estará agradecida
que haber merecido estar en tu jardín y poder hacer aquello que la hace
feliz que es amarte, o lo que es lo mismo lograr que seas feliz tu mismo.
Y si en tu corazón hay agradecimiento no digas nada, ya que las palabras
son fuente de mal entendidos.
Unicamente
demuestra con acciones amables ese agradecimiento, porque tu espíritu
necesite demostrárselo a través de ese lenguaje. La premisa es que tu
corazón te pida hacerlo, no sirven aquí tampoco obligaciones sociales de
tipo alguno.
Pídele
con palabras o sin ellas, a tu rosa, todo lo que de ella desees. Nunca
vayas a imaginar siquiera que tu rosa se sentirá utilizada. Tu rosa no
desea otra cosa que ejercer su destino que es hacerte feliz, l darte sus
placeres, en lograr con su existencia tus goces y tus risas.
No
concibe timideces alguna por tu parte, ya que si realmente sientes afecto
por tu rosa, aquello que compartas con ella siempre será correcto.
Tu
rosa está preparada para tu abandono, para tu engaño, para tu traición
futura, para tu olvido lento, y si eso sucede, amigo jardinero, únicamente
te pide que sea de frente. Si tu rosa ya no te interesa porque haya podido
pasar a ser un juguete muy visto, y buscas los perfumes de otras rosas que
se crucen en tu camino, nada de lo que tu rosa sienta ha de impedir que
avances en tu senda, dejándola nuevamente al borde de un camino.
Jamás
tu rosa desearía nada que no fuese tu felicidad. Y antes elige asumir tu
felicidad que su propia pervivencia en un jardín amado. Tu rosa siempre
aceptará tus decisiones.
Tu
rosa no sabe manipularte buscando retenerte. Solamente es tu rosa cuando
se siente única y eso solamente de ti depende. Mas que de ti, depende de
tus ansias y sensaciones. También en tales circunstancias tu rosa
prefiere que seas tu mismo y actúes libremente. No podría ser de otra
manera, siendo como es tu rosa.
Has
de defender a tu rosa de piratas y de intrusos que atiendan con envidia lo
bello de su entorno, o de buitres y de la cizaña que anide en tu jardín.
Aprende a discernir, entre quienes pertenecen a tu vida, a las personas
que pretenderán apartarte de tu rosa. Hay quien simplemente actúa por
que la maldad tiñe su corazón de negro, quien actúa pensando en que
hace lo correcto - para si mismo - y quien simplemente te pretende para
que seas su divertimento o le seas de utilidad.
Hay
personas y flores que llevan ocultos, en su centro escondido, venenos.
Incluso puedes encontrar hermosas flores y sirenas encantadoras que
pretendan apartarte de tu camino hacia Itaca. Pregúntate ante esos cantos
y propuestas si realmente buscan tu felicidad o la felicidad propia de
quien propone o canta para alabar tus oídos. Ningún amor real se puede
basar en el egoísmo.
Analiza
todo sin autoengañarte, sin ser complaciente contigo mismo. La marca
oculta que aparece entre los envidiosos, entre los que pretenden sembrar
cizaña en tu jardín, entre los que pretenderán sibilinamente apartarte
de tu rosa, y los que incluso pueden pretender cortar la rosa para lograr
sus aviesas intenciones es bien clara, si miras bien las cosas.
El
único motivo de que tu rosa sea bella, sea aromática, sea "tu
rosa" es el ser testigo de tu felicidad. Y eso también hace que tu
rosa sea frágil, por que es incapaz de defenderse a ella misma. Sus
espinas son tremendamente débiles y pocas la naturaleza le ha dado. Seria
incapaz de mostrar espinas duras y afiladas porque ello implica la
posibilidad de herirte.
Y
eso le ha llevado a escoger el no tener espinas, y por tanto estar a
merced del visitante de tu jardín que en un descuido tuyo se dedique a
cortarla, a tronzarla, o sencillamente de aquellos que te entretengan
tanto que tu rosa se seque abandonada de rocíos y abonos, enfrentada ella
sola al rigor del invierno o a la aridez del verano.
Aunque
parezca fuerte, tu rosa tiene la fragilidad de la ternura. Y nunca hará
el menor gesto para defenderse a si misma. Claro que si alguien te daña
será capaz de ponerse ella misma como escudo para protegerte de quien
atente contra tu alegría y sosiego. Tu rosa es de acero para tus enemigos
y de terciopelo dulce para su amigo, amante y amado que es la misma
persona.
En
resumen, si tu corazón te dice que has encontrado a tu rosa, aprende en
el día a día como ser su jardinero. Cada rosa es única entre todas las
miles de rosas. Y no hay manual que sirva para todas las rosas. Por eso
cada jardinero es único para su rosa única. De ti y del interés que
nazca en tu corazón para aprender como cuidar y regar y abonar a tu rosa
dependerá únicamente que logres apreciar todo lo que tu rosa anhela
entregarte, compartir, ser quien lleve la alegría a tu vida.
Tu
rosa, que es única, porque para eso ha nacido, no desea otra cosa, pero
quien ha de velar por ella eres tu, su jardinero amable. Y si eso sucede,
tu rosa y tu seréis conjunto único enfrentados conjuntamente a las
soledades y las tristezas del mundo.
Con
TU rosa a tu lado nunca estarás solo, amigo jardinero.
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