|
CARTAS DE FRAY FRANCISCO
DE LA ISLA DE MADEIRA
A FRAY MATHIAS DE MATTOS
Carta Primera
"Mi
cuerpecillo, mi cachorrito:
Esta tarde te vi pasar con el hermano de Fray Benito. Bien te vi
llegar a la puerta de la huerta en donde estábamos, y por una
grieta te vi y tu lindo rostro, y tu boquita que desee darle un
besito con lengua. Y de tal suerte me vi tentado que estuve a
punto de ir tras de ti por la puerta de fuera. De tal manera me vi
embebido que llegue a dar unos pasos para salir, cuando me
recordé que allí estaban los coristas.
Oh! Que alboroto
sintió mi corazoncito!. Yo no puedo explicarlo, porque causas
grandes se explican mejor cuando se sienten, supuesto que oculto
con el silencio lo que es digno de tanto aplauso.
Vengo a decirte
que excede mi dolor todos los modos de sentirlo: no es posible que
haya mas penar. Un solo bien tiene tantos males, que es tornarme
de sentir esos males. No puedo sentir otra pena, que conociendo tu
mi amor, no le correspondas con sus cartas, para que tenga mas
ocasiones de padecer. Y esta pena solo queda en mi corazón
,porque pena tan grande no puede explicar alguna pena, ni puede
haber papel que sea capaz de resistir incendios y verter mares.
¿Que tinta puede
haber que disminuya mis disgustos? Que desmaye la pena, recuse el
papel, la pena es la tinta. Mejor arbitrio es la recompensa en el corazón
(como tengo dicho) pena tan grande, por no descubrir una pequeña
queja tan grande dolor, por que entonces me dirás: la pena por la
explicación y no por el tormento que no sea yo tan digno de
lograr tus letras. Por favores tan soberanos, soy el primero que
los publique, pero no hago de ellos ala mayor estimación. Es una falsedad
que desmiente tantas infamias del alma, y advierte que nunca un
amante ha de vivir satisfecho de lo que hace, si no obliga
cuidadoso el servir atento.
Ahora, mi amor, escríbeme
siempre, y si puedes, todos los días, aunque sea una línea,
porque con ella aliviare las penas que te he dicho.
Ahora, adiós, adiós,
mis ojos. Dale mis recuerdos a tu corazoncito. Ojalá que viniera
la luz para verte esa boquita y tus ojitos que son tan bien
hechitos.
No se que me ha
pasado, porque no puedo parar en la celda, ansioso por verte, por
adorarte, finalmente por meterte todo, todo, todo, dentro de mi
corazoncito, en mi alma, en mis entrañas.
Ay mi muchacho, que va a ser de mi si me falta tu vista¡ Que va a
ser de mi si logro tu visión por trozos. Tendría que estar
siempre, siempre, mirándote! Pero, ay, que no tengo libertad para
eso, por eso muero, por eso acabo cuando tu no acudes. Ahora
acude, acude cachorrito, a tu, a tu corazoncito, ahora
acude, si, si, si, ay mi corazoncito, dame tus bracitos porque ahí
quiero morir" (Hoja 232)
Carta
Segunda
"Mi corazón:
Esta, tu ausencia me ha causado mucha pena. Y si no fuera por la
esperanza de saber donde estás, no sabría decir si estoy vivo o
muerto. Mas cierto es decir que muerto. De ti ya se que debías de
llevar una excelente vida, sin acordarte de este prisionero. Y lo
cierto es que ahora has de rendirme muchas atenciones, a las
cuales no he de dar crédito, pues quien se alegra de estar lejos
de mi tres o cuatro meses (y aun estuvieras mas si esta carta no
te estorbara), seria difícil el darle crédito a sus atenciones
.
Ahora, mi muchacho lindo, lindo, que para mi juzgo mucho que allá padecerías
en mi ausencia. De mi, te quiero contar parte de mis penas, que
son tantas que me obligaron a escribir a mi tío a la Iglesia de
San Roque que te buscase y como yo no sabía en donde vivías,
solo le mande decir que era en el Barrio Alto y le pedí mucho que
te encontrase, que te diese mis recuerdos.
Muchas cartas hice para que mandártelas, pero no me quise fiar de
nadie. Al "Congrio" le
pregunté muchas veces si sabia donde vivías, y me dijo que no. Y
como me veía por tantas partes desamparado, solo me faltaba
desmayarme.
Ahora, mis ojos, que ya te tengo, ahora mi corazón se aliviará
con tu vista. Y mira, mi pequeño, que hablo con toda la verdad,
que con esta tu ausencia termine de conocer cuanto estoy
prisionero. Y ahora, de aquí en adelante, no quiero sino contarlo
en muchos mimitos. Y vigila que no lo sepa nadie, ni des ocasión
para ello. Tu buen juicio que tienes en esa cabeza y mucha
bellaquería en ese cuerpecito: no tengo que recomendarte en ese particular.
Ahora en el refectorio, par casualidad un muchacho de la aldea
dijo: ha llegado el Padre Fray Fulano. Y no por casualidad me vi
con alegría tan grande, que no puedo explicar, por que esta alegría
después que te marchaste, solo me asistía cuando oía hablar de
ti, porque en lo demás, todo en mi era como una pena continua.
Hoy, yendo a repicar en la torre de las campanas, vi venir a un
fraile de San Domingo a lo lejos e imagine que eras tu
: me puse a esperar con mucha alegría, hasta que todo vino a
convertirse en penas y consideraciones: por ventura estará
enfermo que tarda tanto? Por ventura no vendrá ahora a casa? Y
otras consideraciones que me hacían doler el corazón.
Oh! cuantas veces cuando iba a decir las lecciones del coro miraba
para el banco y me faltaba lo que deseaba ver. Oh! cuantas
veces miraba para tu coro, sin ver allá a mi pequeño! Ahora, mi
corazón, mi alma, y mi vida, veo mi corazón aliviado, mi ojos
con visión, el alma con alegría, con gustos. Ahora ya tienen mis
brazos a quien abrazar, ya mis ojos tienen a donde mirar, ahora
encuentra alivio mi corazón porque tiene en quien reposar. Ya
ahora tiene a quien besar.
Acepta todo esto, mi corazón, ahora acepta que me quiere matar,
que hoy mas que nunca te necesito, acepta estos abrazos, acepta
que estoy preparado para días mil vidas si tantas tuviera solo
para darte un poco de felicidad, y si tantas vidas diera para
darte un poco de felicidad, ?que no harás tu para darme un poco
de alivio?
Ahora, dame ya tus bracitos, no seas tirano, no me quieras matar
de todo, que bien te haces rogar. No se me olvida aun la tiranía
con que te apartaste de mi, aun no¡ Pues hasta darte dos azotes
en mi celda, no me he de olvidar, para lo que rezare a Dios que
quedo esperando por respuesta o por tus letras. " (Hoja
233)
Carta
Tercera
"Mi corazoncito, mi vida, mi alma y mi todo:
Es orgullo de honrados como yo, por
confesión tuya, predicado soy de tu amistad, mostrarse agradecidos
y si es que no sucede mas delante por esta, debo atrevidamente
señalarme como bien nacido y soy mestizo
que concurren a obligarme a hacerte estas y otras muchas reglas
para hacerte conocer que vivo obligado a tus memorias,
que no presumí sean engaños que a mi persona lanzas, lanzas
hallarás en mi que si no se parecen a tus primores, no van a vencerme
en las leyes de la amistad.
Ninguna intención tenia en hacerte partícipe de mis cartas,
porque fácilmente se pierde un escrito y justamente el crédito, y
con ello y en ti es que tengo puesto todo mi cuidado. Por eso,
quería ver si
podía pasar sin hacerlo para que en algún tiempo no supusiese algún
disgusto, pero me fío de tu persona y no hagas para que no haya a
mis amores darle ocasiones de ofenderme.
Ahora si, desde ahora te doy mi corazón, alma y vida y todas las
potencias del alma . Y mira que no
te he de ser algún tiempo contrario y has de experimentar en mi lo
que hasta ahora no hemos experimentado, a quien entregaste tu corazón.
Mándame decir lo que te hace ese impúdico y grandísimo desvergonzado: ya era necesario que le
diésemos con un palo que
bien lo merece.
Hoy me agotó de tal manera la paciencia al servir la mesa,
que si no me tranquilizara un fraile, le hubiera cortado las
orejas. Y ya en la mesa parece que no quiso Fray Bernardo una
ración de carnero, por estar mala, y pedía otra, la cual había devuelto a la cocina, para
allí la llevé si impedirme el que no lo
hiciera, porque el no la hubiera de hacer, o no le quise hacer el
gusto, porque le llevé la ración al clérigo, y se enfado mucho y
llego la Ministra
muy enfadado, diciendo: aquí no se hace la voluntad sino de los
villanos ruines Me gire hacia el y le dije delante de los
cocineros y los criados que estaban en la cocina: Oh! hermano, no podéis
llamar villanos ruines a nadie, porque te ofendes a ti
mismo. Y volví a llevar la ración de carne al procurador.
No te puedo contar lo que aquel diablo y todo la mesa murmuró, y
el placer que tuve de verme dar al vicario aquélla penitencia. En
fin, mi corazón, hemos de tener paciencia porque no es tiempo de
hablarnos.
Hoy cuando fui a limpiar el coro, cuide que se encontrase allá,
para poderme desahogar contigo, y justamente verte, porque solo
con eso me desahogo.
No se lo que me has dado, porque solamente verte la cara me causa
alivio en el corazón. Ahora, mi corazoncito, aquí me tienes: mátame.
Aceptare el padecer lo que adivino he de padecer contigo.
Bien se que empleo bien mi amor en ti, porque conozco que por ti
no he de cobrar estos amorcillos..
Puedes estar seguro, que este amor no termina con la muerte, al
menos el mío, y así estoy vencido tanto de voluntad como de amor,
y puedes estar seguro que en esta hora, me sirve el corazón por
boca, porque escribo lo que me dicta el corazón.
Ay Jesús, válgame Dios, no se en lo que me meto! Dios, hazme
morir, y si ese es tu placer, mátame, aquí me tienes, mátame mi
pequeño. Quien fuera tan de hierro que estuviera derramando sobre
tu corazón las lagrimas que mis ojos sobre este arrojan. Pero, ay
que muero, no por verte todos los instantes y muero porque
entonces muriendo alcanzaré la vida. Ahora, metete, metete en
este corazoncito, permanece metido, ahora metete mas, mas, mas,
mas dentro, así!
Ay Jesús, que consuelo siento ahora! Saber lo que dices ya, que me
amas, amas, mucho, mucho, mucho, mucho y me pagas en la misma
moneda, porque te amo mucho, mucho, mucho, mucho, Oh! cachorrito
que ya me comienzas a matar. Yo muero, hijo! Acúdeme, muero de
nostalgia tuya!
No sabes que alegría me causó verte en el Capitulo
cuando estuve con ese sinvergüenza. Amaba estar yo allí toda la
vida adorándote. Pero, ay, que no puede ser, que de eso muero!
Tu hijo, búscame muchas veces en donde yo te vea, porque no sabes
que gloria tengo de ello. Ahora, mi corazoncito, ya en tus
brazos, aprieta, aprieta mas, mas, aun es poco, aun mas, que
placer tan grande, quien me diera estar ahora amando de tus
pechitos! ¡ Oh, que dulces pechitos! Méteme dentro de uno que es
el izquierdo, donde esta mi corazón, porque quiero ver lo que te
dice. Ahora, mi pequeño, adiós!
Ay que no me atrevo a dejarte. Ahora te vi escarbar y me rozaste
en la pared: que placer me regalaste. Ahora no, no te lo puedo
explicar, que delicia, que gustito tuve ahora! ¡Ay! ¡Como me
sabe! ¡Ah! Hechizo que me traes muerto: mejor que nunca te
hubiera conocido que ahora adorarte sin verte! ¡ Que penas tan
grandes! Pero uno de tus cariños, tus caricias, apagan alivian,
mucho mucho mucho mis amorcitos.
Ven a decirme que tu corazón es un incendio, un fuego tremendo y
que me tiene abrasado, y gusto mucho de ello! Adiós, adiós, porque
siento rascar al barbos. Ahora darán las campanadas, por eso no
doy mas, pero que haré?
Si acabase de escribirte se me acabaría la
vida! Termino, termino, acúdeme, cachorrito que no me acudes!
Ahora si, acúdeme, ahora acúdeme, si, si, si si no, muero, muero,
yo muero! Ahora ven ya a acudirme, ven, ahora ven, ven, pequeño,
porque estoy muriendo, ya estoy muriendo por verte: ya acabas de
venir, ahora seres muy bienvenido.
¿Como estás? ¿Como te va allá
con mi corazoncito? Muy bien! Es muy placentero, es un
hechicito, ahora lo estimo mucho, mucho, como está allá? ¿Y el mío
como está? El que te dice está muy quietito, es muy
mansito. Me dice también que tu se lo distes a
Eugenio y que nunca... (...) y que solo anhelo el tenerte conmigo, porque
hago mucho
caso de el, porque le quiero mucho.
El vicario me hace apagar la vela: estoy en oscuridad y por eso no
te escribo mas. Adiós." (hoja 234)
Carta Cuarta
"Mi corazón:
No se que me dio en la cabeza por meterme contigo, pues veo
estallar el corazón sin poder darle remedio. El único remedio solo
es confesarse con la pena, y si en eso encuentras peligro, yo te
prometo romper todos (tus escritos) en cuanto termine de leerlos,
para que así te vea mas descansadito y menos sobresaltado.
Porque todo mi gusto es darte todo el alivio que pueda. Y si
te causa pena escríbeme, no lo hagas, déjame morir. Y ten
por cierto que (en) tus manos tienes mi vida.
Así, si me quieres dar vida,
no me faltes con tus letritas. (Si) me faltases con eso, y quisieras darme
la muerte.
Mira, mis ojos, que quedo estallando por ti y por tus letras. Y cuando
no me quieras conceder nada de esto, dame siquiera tus bracitos, porque
en ellos quiero morir. Que sirvan de leña de mi amor! Para que en ellos
se renueven mis afectos.
Ahora, mi amorcito, dame esos bracitos dame ese corazoncito. Y no repares
en que no puedo mandarte nada de presente, porque ya hace mucho que te
he dado todo: corazón, alma, vida, para amarte. Si, mi corazoncito,
si mi almita, si mi vidita. Todo lo tienes allá: haz ahora de mi
lo que quisieras. Mira que si me hicieras mal, que lo haces a tu corazoncito, porque
en mi está,
que mi corazón allá te asiste.
Mándame
decir,
que te dice allá: y te dice que me quieras, me quieras, quieras mucho,
mucho, que mueres por mi, que yo fui un loco por haberte abrazado
tanto. Que mi yo allá te diera mucho, mucho, que de eso me apeno.
Ahora, corazoncito, morir de amores es acabar la vida, ya que
tu eres muy capaz para eso, e yo muy incapaz para ser de ti
amado con todos los sentimientos que tengo experimentado por ti.
Yo siempre
ingrato a tus favores, estás siempre (dispuesto) a corresponder
con finezas mis ingratitudes.
Bien se yo que si tu pudieras estar conmigo, todo el día, lo harías,
pero ten paciencia, porque lloro lágrimas de sangre,
porque eso no puede ser, que se pudiera, que mejor regalo que
estar en tus bracitos, acostado en tu regazo, dándote besitos.
Ah! Que dulce cosa seria eso, que mejor regalo, oh que dulzura! Dame,
dame, dame mis mimitos! Cuanto no he de llorar! Dame tus pechitos que
quiero mamar un poco! Sería divino que estuviera tan a gustito,
si no me detuviera el miedo.
Adiós! Adiós, mas ay que no puedo despedirme. Adiós, adiós, adios,
mis ojos, mi corazoncito, mis mimitos." (hoja
235)
Carta
Quinta
"Mi corazoncito:
Van tus prendas que conmigo tenía,
que como te veía tan desconfiado de mi e justamente conozco o poco
que de mi fías, quiero te ver fuera de ese cuidado e dar-te ocasiones
de tu gusto. E por donde conozco que se fías poco de mi, é que conociendo
tu o mucho que te quiero, e que tomaba que no hubiera instante no día
que se no gastase seno en tu vista,
e también que en todos os escritos que te escribí fueron siempre
con confianzas de amor.
Nunca de ti experimente palabra de amor, sino de cortesía. No obstante,
de quien amo mucho, en lo común, si no particular, no si me dices
que aun no estás satisfecho de mi amor: no se lo que haría.
Bien conoces la gente con que vives, que es gente bestial.
Bien sabes que todo hombre honrado no quiere dar ocasiones a que
se sospeche de cosa contra su crédito. Bien sabes que si te quisiera
hablar todas las veces que desease, lo habría de hacer, aun con
riesgo. Y aun que tengas aquí buena opinión, no importa, que
tanto da el agua en la piedra hasta que la rompe. Es así tantas veces
me verían hablar contigo hasta que vengan a sospechar mal.
No me atrevo a declararte lo que te amo, porque son tantas las
cosas que en ti hallo para que seas de mi bien amado, que me dificultan
el dar razón. En ti encuentro que eres el mejor latino que tiene esta casa;
encuentro que eres
uno de los mejores oradores que ella tuvo; creo eres hombre de bríos
muy altos; eres amigo de sus amigos; eres hombre de palabra; eres
hombre que se puede fiar en ti los mayores secretos, por no tienes nada de traidor.
Encuentro que eres hombre amable.
Esto es todo lo que me falta que decir: solo tu lo haces!
En ninguno de esta casa se mira, porque todos son unos zafios, sin
palabra ni cortesía. En mi no has de encontrar, sino el serte verdadero
y leal amante, pues aun cuando yo no quisiese ser, por la voluntad, me obliga
el haberte declarado mi corazón, cosa que a
nadie de esta hice, ni haré. Mi natural es ser amigo de los hombres como tu eres,
y por eso, nunca se cobrará nuestra amistad, porque
yo no se cortar por lo natural. Esto te digo con todos los cinco sentidos
y
con todo el corazón.
Haz ahora lo que quisieras que yo ya soy tuyo
y no mío. Quédate todavía, mi alma, mi vida, mi
amorcito. Tenme en tu gracia, que es lo que quiero. No quiero mas nada
en el mundo que los tus brazos."
(Hoja 236)
Carta Sexta
"Dios me acuda! No se en que estoy metido! Tu me vas a matar,
y yo a ti. Pero ya no tiene remedio: esto
se ha de acabar con la muerte y quiera Dios que no pase mas
de ella, pues mas amor te tengo hoy a ti que a un Dios que me dejo
en este mundo, y mas de que a la madre que me crió, que viviendo
alejado de ella, hace seis años, mas aceptaría estar contigo un
instante que con el muchos siglos.
Bien me acuerdo que me pediste que no te escribiese, pero no puede
ser, porque tu amor me abrasa el corazón, y con esta pena quiere
ver si se pudiera apagar tantas que me afligen de ni poder esta viéndote
todas las horas, todos los instantes.
Tres veces vine a este dormitorio esta tarde sólo para ver si te podía
mirar: me sucedió lo contrario, porque la primera vez vi la
babosa del vicario, la segunda la cara enfurruñada del Polaco;
la tercera, mi corazoncito, mi amorcito, mi vida, mi
alma, y en el tiempo en que ya me enfadaba por no encontrarte, entonces
tu vi subiendo para mi corazón - pero que poco dura un placer! Que
apenas me aparté de ti, ya te estaba extrañando. Estuve
esperando en la casa de los locos mucho tiempo, que como moviste
la mano para que me alejase rápidamente, imagine que me mandabas
ir al Coro, para hablarme, comprendí muy mal tus
gestos.
Esta tarde pase al claustro con los otros coristas, por una parte
con alegría, porque conocí a un loco que nos hizo reír mucho,
por otra, con mucha pena, porque no te veía.
Mande al castellano a buscar en la celda un melón, y una sandía
y algunas frambuesas y peras, que el villano come muy bien. Y al
cocinero le mande asar una empanada para la cena, que el ruin no
gustó y que de cuando en cuando hacia: estaba rica, lo que me
hace pensar en dos consideraciones: la primera, de se muere por
hablar conmigo, y la segunda, que se ha hecho desvergonzado.
De
estas dos consideraciones no tengo certeza, porque me parece que
por la primera muere y por la segunda vive.
Esta tarde bien te escuché pasar y es cierto que quien siente no
duerme, es verdad que algo pude dormír, pero fue después de mucho
tiempo, y no dormí casi nada, porque me vino el Roixo a la celda
a decirme que ahora los coristas no dormían después de comer, y
que todo era llevar buena vida, que yo no trataba mas que de
engordar, a lo que le respondí que los buenos discípulos siempre
tomaban los documentos de sus maestros, que si me sentía un mal
discípulo era porque me veía regido por todas sus
acciones, que su reverencia asistía a todas las horas al
coro como yo, que su reverencia tenia las mismas horas de sueño
como las que yo tenía, y que por eso no fueran los jóvenes
dormir mas que los viejos, y que su reverencia dormía la siesta
teniendo mucha mas edad que yo, de que se espantaba de verme
dormir, me negó de que no dormía nada la siesta, a lo que le contesté,
que visto a su reverencia no dormir después de comer, trataría
de pasar cuando fuese en las vísperas por su puerta, y no
respondí nada.
Es eso lo que he pasado y adiós, mis ojos, que no puedo mas,
porque ya dieron las diez y se me acabó el aceite, que si no
fuera por eso, después de los maitines te escribiría mas. Adiós
mi pequeño, adiós, ahora adiós mi amorcito, adiós mi vida, adiós
mi alma, adiós, adios, muchos recuerdos al Padre Fray Mathias da Trindade que me tenga en su corazoncito.
Ay, que no me puede apartar, ay que será de mi, sin ti moriré,
ay, ay que muero, porque ahora no te veo, no veo cobijarte en mis
bracitos, mi corazoncito, ay, ay que me olvido decirte: por ti he
de acabar mi vida brevemente, esta noche seria si no tuviera la
esperanza de verte en los maitines: no quiero darte este papel
sino es en mano, por eso cierro la celda, porque en estas cositas
quiero ser muy cuidadoso y seguro, adiós, adios, adios"
(Hoja 237).
A modo de
conclusión
por Luis Mott
Las cartas de
este monje para su compañero de claustro resaltan algunos
aspectos cruciales para la reconstrucción de la etnohistoria de
la homosexualidad en el mundo luso-brasileño. Tales epístolas
confirman la riqueza cuantitativa y cualitativa de las fuentes
documentales producidas en el Tribunal del Santo Oficio de la
Inquisición en Lisboa, material que aun está lejos de haber sido
completamente depurado y catalogado, y que aguarda a nuevos
investigadores que realicen esta excitante tarea.
Primero, la
presencia señalada del amor homosexual dentro de las ordenes
religiosas. Nuestras investigaciones anteriores comprobaron
que un tercio de las prisiones y ejecuciones de homosexuales
efectuadas por la Inquisición portuguesa afectaron a miembros de
la Iglesia - coristas, novicios, sacerdotes, frailes, etc. Es con
absoluto merecimiento que también en el Reino de Portugal la
homosexualidad era antiguamente llamada "vicio de los
clérigos".
Una segunda
conclusión nos lleva al terreno del homoerotismo: tales cartas
confirman la versatilidad de la perfomance sexual de los amantes
del mismo sexo, que lejos de sortear la rígida separación de los
papeles libidinosos practicadas por los heterosexuales, al
contrario, muestran en tales amantes lo que la antropología llama
"reciprocidad equilibrada". Esto es, a falta de una rígida
definición de los papeles pasivo y activo.
La variedad y la
intensidad de los abrazos, besos y demás caricias intercambiadas
entre Fray Francisco y Fray Mathias corroboran que el erotismo
entre dos hombres era tan cariñoso, mágico y a veces intenso y
potente como entre amantes de sexo diferente. Como tan
acertadamente señaló el profesor Gregorio de Mattos, que vivió
en la misma época en que estas cartas fueron escritas:
"El amor es finalmente
un enredo de piernas,
una unión de barrigas
un breve temblor de arterias.
Una confusión de bocas
una batalla de venas
un rebullicio de ancas:
quien diga otra cosa, es bestia."
*
* * * *
|