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No fue Ernesto el Che,
sino el otro,
Ernesto mi amigo,
quien escribió:
¿Marxismo? Si yo el gusto
por la clase obrera
lo aprendí de los obreros guapos;
¿o nomás me lo dijo un día,
llegando yo de una asamblea sindical?
De cualquier forma,
como para contradecirlo,
esa vez había sido la excepción:
una reunión desoladora
sin el alto de los ojos oscuros
ni el chaparrito
del bigote castaño
ni el de la gorra de estambre.
Un desierto rojo
de lámparas deslumbrantes |