| TU INFANCIA EN MENTON |
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Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes El tren y la mujer que llena el cielo. Tu soledad esquiva en los hoteles y tu máscara pura de otro signo. Es la niñez del mar y tu silencio donde los sabios vidrios se quebraban. En tu yerta ignorancia donde estuvo mi torso limitado por el fuego. Norma de amor te di, hombre de Apolo, llanto con ruiseñor enajenado, pero, pasto de ruinas te afilabas para los breves sueños indecisos. Pensamientos de enfrente, luz de ayer, índices y señales del acaso. Tu cintura de arena sin sosiego atiende sólo rastros que no escalan. Pero yo he de buscar por los rincones tu alma tibia sin ti que no entiende, con que he roto la máscara que llevas. Allí león, allí furia de cielo, te dejaré pacer en mis mejillas, allí caballo azul de mi locura, pulso de nebulosa y minutero. He de buscar las piedras de alacranes y los vestidos de tu madre niña, llanto de media noche y paño roto que quitó luna de la sien del muerto. Si, tu niñez: ya fábula de fuentes. Alma extraña de mi hueco de venas te he de buscar pequeña y sin raíces. ¡Amor de siempre, amor, amor de nunca! ¡Oh, si! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme. No me tapen la boca los que buscan espigas de Saturno por la nieve o cantan animales por un cielo, clínica y selva de la anatomía. Amor, amor amor. Niñez del mar. Tu alma tibia sin ti que no entiende. Amor, amor, un vuelo de la corza por el pecho sin fin de la blancura. Y tu niñez, amor, y tu niñez. El tren y la mujer que llena el cielo Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas. Sí, tu niñez: ya fábula de fuentes.
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De "Poeta en Nueva York" 1929 |
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