| A Héctor Avellán los
círculos literarios le parecen cuadrados, con demasiadas esquinas
para alguien que no cree en la colectividad y que se declara un ser
con "soledad total y feliz", como dice en uno de sus poemas.
Es uno
de los escritores más reconocidos de la nueva generación en el
panorama literario nacional, el más joven en la recién publicada
antología bilingüe "Huérfanos de Rubén", compilada y traducida por
el poeta norteamericano Marco Morelli.
Ha publicado sus poemas en La Prensa Literaria, Nuevo Amanecer
Cultural, La Boletina, Barricada, las revistas nicaragüenses 400
Elefantes, Encuentro, Artefacto y en las revistas españolas La
Campeadora y Al-harafish. Avellán es "un poeta abiertamente gay",
como lo presenta Morelli en la antología, característica que él no
ensalza, ya que él se siente "poeta y punto", aunque sea una de las
peculiaridades por las que se ha destacado.
A sus 27 años, declaraciones como las suyas todavía suenan
extrañas y hasta atrevidas, ya que la sociedad nicaragüense es
abiertamente machista y homofóbica. Como escritor y como poeta,
Héctor retrata el mundo en el que se mueve y el mundo que lo mueve
desde adentro. Se ha propuesto de manera natural una tarea nada
fácil: rescatar y tratar de incluir la experiencia homosexual en la
literatura nicaragüense, "no porque sea el poeta gay", sino porque
eso es parte de su vida".
Podría decirse que su poesía es
exteriorista, él mismo declara
que una de sus influencias es Ernesto Cardenal. La poesía de Avellán
es una poesía diáfana con una gran carga de sensibilidad y "no apta"
para aquellos que encajan perfectamente al sistema. Igualmente puede
hablar de la historia de una camioneta, del abuso sexual de
Zoilamérica o de la muerte de su ídolo grunge Kurt Cobain. Por una
especie de accidente vivencial estudió Administración de Empresas en
la Universidad Centroamericana (UCA), pero nunca ha ejercido la
profesión. Aunque su oficio es de escritor, sobrevive haciendo
trabajos de comunicación, editando boletines, elaborando memorias, y
actualmente imparte talleres de Escritura Creativa en la Universidad
Nacional Agraria (UNA).
¿Cuándo comenzaste a escribir?
Un poco tarde, en el 94, cuando tenía 21 años. La verdad es que
nunca pensé que tenía talento para eso. Nunca escribí de pequeño,
normalmente en nuestras familias nicaragüenses no se motiva a los
chavalos a escribir.
El primer poema que escribí se llamaba "Procesión interior",
ahora que releo los poemas de esa época me doy cuenta de lo que
estaba hablando. En el proceso de escribir hay una inconsciencia,
como que no te das cuenta de lo que estás hablando. En ese poema
hablaba mucho de puertas cerradas, ventanas cerradas y ahora a la
luz de todo lo que he vivido y aprendido, siento que estaba
manifestando una inconformidad con el medio que me circundaba,
aunque eso ya lo superé porque he descubierto pequeños espacios
donde sí hay apertura de la gente.
¿Cómo ves la situación actual de la poesía en
Nicaragua?
Los jóvenes estamos haciendo un trabajo que está a la altura de
la literatura en cualquier parte del mundo. No estamos renovando la
forma, pero creo que en temática sí. Incluso me atrevería a decir
que es en lo único que Nicaragua ha avanzado, pero como somos los
más olvidados de todos, no se reconoce lo que hacemos. No es que
estemos dando soluciones, porque la poesía, los escritores, los
poetas nunca han sido la solución a nada.
¿A qué le atribuís que los poetas no tengan espacio?
A la ignorancia. Es irónico y hasta
ridículo que lo que más le ha
dado gloria a este país, es lo que menos se valora. En el mundo
somos conocidos por Rubén Darío y por la literatura que hacemos, y a
pesar de eso, no se valora a los escritores y menos, a los jóvenes.
La literatura se ha quedado en un círculo y ese círculo es el que se
lee, se publica, se elogia.
La verdad es que yo no reclamo espacios, el poco espacio que hay
lo aprovecho y mi satisfacción es que mi poesía llegue a la gente
que sabe apreciar la literatura. Porque si querés publicar, tenés
que ajustarte a sus reglas, si de por sí para los jóvenes no hay
espacios, para alguien que no esconde su naturaleza gay es peor po rque no tiene cabida dentro del discurso de la literatura oficial.
Entonces hay que buscar medios alternativos como la revista
Artefacto donde sí tenés la libertad de expresar y de explorar zonas
o temas que normalmente no se publican.
¿Hay otros poetas gays que están luchando para tener ese
espacio dentro de la literatura o estás solo en esta
empresa?
Hasta donde tengo conocimiento, estoy solo. Pero bueno, yo
escribo y quien quiera leerlo, que lo lea y quien quiera publicarlo,
que lo publique. La literatura aquí es patriarcal, y hay muchos
prejuicios que obstaculizan el desarrollo literario no sólo de los
gays, sino también de las mujeres, por ejemplo. Es un poco triste
porque te obliga a la formación de guetos, que te limitan a un
espacio determinado sin reconocimiento.
¿Cómo reciben tu poesía los heterosexuales?
Mis poemas han sido reconocidos por los heterosexuales más
recalcitrantes. Cuando yo escribo un poema de desamor, tengo que
mencionar a la persona amada, no voy a decir que es una mujer porque
no es cierto; y si estoy hablando de un hombre al que quiero, no voy
a poner "ella" en lugar de "él". Para mí es fundamental ser
verdadero.
Toda la literatura habla del amor a la mujer, y es un amor a la
mujer bastante machista porque siempre se hace referencia al aspecto
físico de la mujer o a su condición de madre, aquí debo hacer una
excepción y recordar la "Pequeña biografía de mi mujer" de José
Coronel Urtecho, que habla de una mujer fuerte, guerrera, que sale a
trabajar... pero este poema es sólo una excepción... Sin embargo,
esa otra parte del amor a un hombre no la encontraba.
¿Pertenecés a algún grupo de poetas, como, por ejemplo, los
400 Elefantes?
No, aunque reconozco el trabajo que hacen. Nunca me ha interesado
pertenecer a ningún grupo. Creo que eso tiene que ver con mi forma
de ser. Siempre me he automarginado. La idea de los grupos grandes
me aterra, no creo en la colectividad, no creo en las masas, no creo
en nada de eso; creo en el individuo, en los individuos. En mí hay
bastante desilusión de todo. Creo que eso ha hecho que me aparte de
los poetas, creo que no tenemos nada que decir a nadie porque ya
todo está dicho.
¿Hay en tu poesía alguna influencia de un poeta o escritor en
particular?
Tal vez, de Carola
Brantome, ella fue la primera poeta que
conocí. Es una mujer muy sabia, muy culta y me acerqué a ella con la
inquietud de aprender. No escribo como ella, pero me ha influenciado
sobre todo en las lecturas, en cómo concebir un poema, en la idea de
que un poema te puede venir por inspiración, como que te lo dicta
alguien del más allá o puede ser planificado.
¿Has recibido algún reconocimiento especial desde que
comenzaste a escribir?
En el Concurso de los Primeros Juegos Florales Centroamericanos
en León gané en la rama de Poesía. Supuestamente el premio era la
publicación de la obra, pero es hasta la fecha y nada. El libro se
llama "Las ciruelas que guardé en la hielera" y es una reunión de
todos los poemas que he escrito hasta hoy.
¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?
Actualmente estoy intentando escribir una novela, titulada "Las
peras del olmo no son para mí", para retratar mis recuerdos del
inicio de la revolución, de mi entorno más próximo, cómo lo vivió un
niño de seis años que miraba al mundo con estupor. También estoy
escribiendo un libro de relatos eróticos.
¿Por qué escribe un poeta?
La poesía es un instrumento de
autoconocimiento. Escribir es como
explorar, ahondar en un tema, explicarte cosas. La poesía es más
pregunta que respuesta, es un proceso que te cuestiona, ahí te ponés
al desnudo, ponés todo tu corazón en eso. Para mí, escribir es un
proceso de reflexión, de autoconocimento y no espero dar respuestas
sobre nada.
Estoy en un momento de mi vida donde me estoy cuestionando todo,
el oficio de ser poeta y ese cuestionamiento es muy marcado porque
siento que no hay reconocimiento social. Siento que lo que hago me
genera más vacío que satisfacción. Definitivamente, voy a escribir
toda mi vida, pero me estoy cuestionando qué rumbo darle a lo que
hago, para que me genere un mínimo de satisfacción en mi vida
personal. Yo escribo como último recurso, es lo más mínimamente
humano y decente que puedo hacer.
Valeria Imhof |