ENTREVISTA

publicada en el site  "7dias WEB"  (agosto 2001)

A Héctor Avellán los círculos literarios le parecen cuadrados, con demasiadas esquinas para alguien que no cree en la colectividad y que se declara un ser con "soledad total y feliz", como dice en uno de sus poemas.

Es uno de los escritores más reconocidos de la nueva generación en el panorama literario nacional, el más joven en la recién publicada antología bilingüe "Huérfanos de Rubén", compilada y traducida por el poeta norteamericano Marco Morelli.

Ha publicado sus poemas en La Prensa Literaria, Nuevo Amanecer Cultural, La Boletina, Barricada, las revistas nicaragüenses 400 Elefantes, Encuentro, Artefacto y en las revistas españolas La Campeadora y Al-harafish. Avellán es "un poeta abiertamente gay", como lo presenta Morelli en la antología, característica que él no ensalza, ya que él se siente "poeta y punto", aunque sea una de las peculiaridades por las que se ha destacado.

A sus 27 años, declaraciones como las suyas todavía suenan extrañas y hasta atrevidas, ya que la sociedad nicaragüense es abiertamente machista y homofóbica. Como escritor y como poeta, Héctor retrata el mundo en el que se mueve y el mundo que lo mueve desde adentro. Se ha propuesto de manera natural una tarea nada fácil: rescatar y tratar de incluir la experiencia homosexual en la literatura nicaragüense, "no porque sea el poeta gay", sino porque eso es parte de su vida".

Podría decirse que su poesía es exteriorista, él mismo declara que una de sus influencias es Ernesto Cardenal. La poesía de Avellán es una poesía diáfana con una gran carga de sensibilidad y "no apta" para aquellos que encajan perfectamente al sistema. Igualmente puede hablar de la historia de una camioneta, del abuso sexual de Zoilamérica o de la muerte de su ídolo grunge Kurt Cobain. Por una especie de accidente vivencial estudió Administración de Empresas en la Universidad Centroamericana (UCA), pero nunca ha ejercido la profesión. Aunque su oficio es de escritor, sobrevive haciendo trabajos de comunicación, editando boletines, elaborando memorias, y actualmente imparte talleres de Escritura Creativa en la Universidad Nacional Agraria (UNA).

¿Cuándo comenzaste a escribir?

Un poco tarde, en el 94, cuando tenía 21 años. La verdad es que nunca pensé que tenía talento para eso. Nunca escribí de pequeño, normalmente en nuestras familias nicaragüenses no se motiva a los chavalos a escribir.

El primer poema que escribí se llamaba "Procesión interior", ahora que releo los poemas de esa época me doy cuenta de lo que estaba hablando. En el proceso de escribir hay una inconsciencia, como que no te das cuenta de lo que estás hablando. En ese poema hablaba mucho de puertas cerradas, ventanas cerradas y ahora a la luz de todo lo que he vivido y aprendido, siento que estaba manifestando una inconformidad con el medio que me circundaba, aunque eso ya lo superé porque he descubierto pequeños espacios donde sí hay apertura de la gente.

¿Cómo ves la situación actual de la poesía en Nicaragua?

Los jóvenes estamos haciendo un trabajo que está a la altura de la literatura en cualquier parte del mundo. No estamos renovando la forma, pero creo que en temática sí. Incluso me atrevería a decir que es en lo único que Nicaragua ha avanzado, pero como somos los más olvidados de todos, no se reconoce lo que hacemos. No es que estemos dando soluciones, porque la poesía, los escritores, los poetas nunca han sido la solución a nada.

¿A qué le atribuís que los poetas no tengan espacio?

A la ignorancia. Es irónico y hasta ridículo que lo que más le ha dado gloria a este país, es lo que menos se valora. En el mundo somos conocidos por Rubén Darío y por la literatura que hacemos, y a pesar de eso, no se valora a los escritores y menos, a los jóvenes. La literatura se ha quedado en un círculo y ese círculo es el que se lee, se publica, se elogia.

La verdad es que yo no reclamo espacios, el poco espacio que hay lo aprovecho y mi satisfacción es que mi poesía llegue a la gente que sabe apreciar la literatura. Porque si querés publicar, tenés que ajustarte a sus reglas, si de por sí para los jóvenes no hay espacios, para alguien que no esconde su naturaleza gay es peor porque no tiene cabida dentro del discurso de la literatura oficial. Entonces hay que buscar medios alternativos como la revista Artefacto donde sí tenés la libertad de expresar y de explorar zonas o temas que normalmente no se publican.

¿Hay otros poetas gays que están luchando para tener ese espacio dentro de la literatura o estás solo en esta empresa?

Hasta donde tengo conocimiento, estoy solo. Pero bueno, yo escribo y quien quiera leerlo, que lo lea y quien quiera publicarlo, que lo publique. La literatura aquí es patriarcal, y hay muchos prejuicios que obstaculizan el desarrollo literario no sólo de los gays, sino también de las mujeres, por ejemplo. Es un poco triste porque te obliga a la formación de guetos, que te limitan a un espacio determinado sin reconocimiento.

¿Cómo reciben tu poesía los heterosexuales?

Mis poemas han sido reconocidos por los heterosexuales más recalcitrantes. Cuando yo escribo un poema de desamor, tengo que mencionar a la persona amada, no voy a decir que es una mujer porque no es cierto; y si estoy hablando de un hombre al que quiero, no voy a poner "ella" en lugar de "él". Para mí es fundamental ser verdadero.

Toda la literatura habla del amor a la mujer, y es un amor a la mujer bastante machista porque siempre se hace referencia al aspecto físico de la mujer o a su condición de madre, aquí debo hacer una excepción y recordar la "Pequeña biografía de mi mujer" de José Coronel Urtecho, que habla de una mujer fuerte, guerrera, que sale a trabajar... pero este poema es sólo una excepción... Sin embargo, esa otra parte del amor a un hombre no la encontraba.

¿Pertenecés a algún grupo de poetas, como, por ejemplo, los 400 Elefantes?

No, aunque reconozco el trabajo que hacen. Nunca me ha interesado pertenecer a ningún grupo. Creo que eso tiene que ver con mi forma de ser. Siempre me he automarginado. La idea de los grupos grandes me aterra, no creo en la colectividad, no creo en las masas, no creo en nada de eso; creo en el individuo, en los individuos. En mí hay bastante desilusión de todo. Creo que eso ha hecho que me aparte de los poetas, creo que no tenemos nada que decir a nadie porque ya todo está dicho.

¿Hay en tu poesía alguna influencia de un poeta o escritor en particular?

Tal vez, de Carola Brantome, ella fue la primera poeta que conocí. Es una mujer muy sabia, muy culta y me acerqué a ella con la inquietud de aprender. No escribo como ella, pero me ha influenciado sobre todo en las lecturas, en cómo concebir un poema, en la idea de que un poema te puede venir por inspiración, como que te lo dicta alguien del más allá o puede ser planificado.

¿Has recibido algún reconocimiento especial desde que comenzaste a escribir?

En el Concurso de los Primeros Juegos Florales Centroamericanos en León gané en la rama de Poesía. Supuestamente el premio era la publicación de la obra, pero es hasta la fecha y nada. El libro se llama "Las ciruelas que guardé en la hielera" y es una reunión de todos los poemas que he escrito hasta hoy.

¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?

Actualmente estoy intentando escribir una novela, titulada "Las peras del olmo no son para mí", para retratar mis recuerdos del inicio de la revolución, de mi entorno más próximo, cómo lo vivió un niño de seis años que miraba al mundo con estupor. También estoy escribiendo un libro de relatos eróticos.

¿Por qué escribe un poeta?

La poesía es un instrumento de autoconocimiento. Escribir es como explorar, ahondar en un tema, explicarte cosas. La poesía es más pregunta que respuesta, es un proceso que te cuestiona, ahí te ponés al desnudo, ponés todo tu corazón en eso. Para mí, escribir es un proceso de reflexión, de autoconocimento y no espero dar respuestas sobre nada.

Estoy en un momento de mi vida donde me estoy cuestionando todo, el oficio de ser poeta y ese cuestionamiento es muy marcado porque siento que no hay reconocimiento social. Siento que lo que hago me genera más vacío que satisfacción. Definitivamente, voy a escribir toda mi vida, pero me estoy cuestionando qué rumbo darle a lo que hago, para que me genere un mínimo de satisfacción en mi vida personal. Yo escribo como último recurso, es lo más mínimamente humano y decente que puedo hacer.

Valeria Imhof

 

 

 

 

 

 
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