|
Detrás de cada
uno vela su casa, el campo, la distancia. Jaime Gil de
Biedma
Tanto tiempo estuvimos cercanos como
manos del mismo único cuerpo.
Y así nos
distanciamos, a la velocidad que cae el marañón maduro al suelo y
explota en jugos azucarados que devoran hormigas igual que a un
cadáver humano.
Él se aleja con el bigote crecido.
Queda
la mugre en mis uñas y una mosca verde ronda mi pelo. Con
orgullo y desentumeciéndome, la espanto.
|