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Visión del enemigo, mientras duerme
El pelo que has
dejado en nuestro lecho, en los distintos lugares donde nos hemos
amado, como dos caballeros que acuden a un duelo, se hizo nido en
mi garganta, soga alrededor de mi cuello.
Trozos de tu piel se
esconden entre los pliegues de nuestra sábana, bajo mis uñas,
entre mis dientes.
Veo tu cuerpo desnudo y traicionado. Me
pregunto: ¿Dónde podría hundir el cuchillo antes que
despiertes? ¿En qué parte la muerte te resultará más
certera? ¿Dónde sino en mi pecho?
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