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Las
alegrías que ha, temerosamente,
soñado cuando era un colegial,
han ahora aparecido y se le ofrecen.
Pasea, pasa las noches y se deja llevar.
Y como es preciso (para bien de nuestro arte),
el placer posee su sangre joven y ardiente.
La embriaguez de los amores prohibidos
invade su carne, y el cuerpo se abandona a ellos.
Y es así
que un simple niño
se vuelve digno de nuestras miradas
y accede por un instante
al mundo superior de la poesía
-él, bello niño de sangre joven y ardiente.
1917
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