|
Te
odio, por haber sido el faro de mis días. Por haber sido esa última esperanza
en aquellas noches negras vacías, ...el último bastión para defenderme de mi
mismo...
Te odio, por haber sido mi fuerte, mi reposo, la luz de mis ojos y de mis días,
aquella tibieza incorpórea que le devolvía la vida a mi cuerpo por las mañanas,...y
aquella que me arrullaba en las noches, entre los demonios y las sombras. Tu fuiste
mi luz...
Te
odio, por saber que no soy nada sin ti, tan solo un niño asustado y solo; por
no saber vivir sin tus brazos para protegerme, y tu voz para alegrar mi
existencia y endulzar mis momentos amargos de completa soledad.
Te
odio, por ser tan importante tú en mi vida, y porque sin ti, sin tu presencia,
yo no sería absolutamente nada, y solo un mero títere triste. Un eterno camino
de sombras de terciopelo, sin fin...
¿Alguna
vez te he pedido que existieras? ¿Se lo he pedido al universo?... ¿Por qué te
has tomado la osadía de existir, y hacerme temer perderte?.
No recuerdo, no recuerdo si yo pedí tu existencia. Si hubiera sabido que tanto
me dolerías, hubiese pedido que no existieras sin duda.
Aunque,
cuántas noches en la intimidad de simples y bellos paraísos, y cuantas albas
de agotada pero radiante felicidad de voltear y saber que tu ser me hace feliz
sacrificaría con ello,...o hubiese sacrificado.
No
hubiese habido noches al borde de la desesperación y la locura, horas al borde
de un cuchillo tembloroso, aquellos momentos que me sentaba al borde de la cama
y me hundía en mis manos, preguntando al mundo por qué diablos sigo
respirando, y llorar, solo llorar..., o búsquedas incansables de años en pos
de un nombre, un aroma, un retazo de sueños perdidos de alcoba ajena que una
vez tuvimos,...o cualquier rastro de ti.
Siglos
solo de angustia y dolor, de culpas, de dudas, de preguntas (y ninguna o muy
pocas con alguna respuesta...)...de fantasmas.
Pero
tampoco hubiese habido días claros de sol y brisa, sin preocupaciones, primeros
besos, primeras caricias, primeros amores, primeras veces (tantas...). Todo eso
que tú y yo tenemos, que cargamos, que repetimos tantas veces en tantos
milenios sin cansarnos, siempre de mil y un maneras distintas. Nuestro juego
propio... Sin ti, no lo tendría.
Te
odio, por ser tan importante para mi.
Te
odio, porque sé que te amo mucho más de lo que te odio.
Te
odio, porque siempre fuiste y siempre serás mi Estrella Polar.
.
|