Keralá, Keralá

Entrada Poemas Navegantes

Entrada Poemas Varios

 

 

 

 

Aquellos ojos negros que me escrutan y desnudan,

me hacen temblar… mis músculos no disimulan.

Aquellos ojos negros de tierna mirada,

me lo dicen todo, ahora sobran las palabras.

Aquellos ojos negros profundos como la noche,

me acarician todo e impulsan a desearte,

aún así desnudo, ante el ímpetu viril de tus ojos,

tengo miedo a acercarme, hacer realidad un sueño.

 

Su nombre no sé, acaso importa saberlo,

sí, la oportunidad perdí ¡no fui capaz de conocerlo!,

la vida dará razones de este tonto comportamiento,

ahora se encarga de acoger mi triste lamento.

 

Tus brazos, tus brazos…

el negro de tus cabellos…

tus dientes blancos, tu sonrisa hermosa,

dibujada en tus labios rosa.

 

El roce con tus manos, aquél saludo de despedida,

me dijeron la pena que significaba tu partida.

Unas manos ásperas, deseosas de amar

me dijeron adiós, sin esperanzas ni más.

 

Volver a verte, no sé, parece imposible,

y será tu recuerdo a llena mis días terribles,

de muchas y ricas  fantasías exhuberantes,

donde te veré a mi lado convertido en mi amante.

 

Keralà, Keralà, tu hijo vino verme,

tímido, tonto, ante su sonrisa quedé inerme…

 

Mejor ha sido así, que ni siquiera te he conocido,

que pasaron los días, ni tu nombre preguntar me he atrevido,

porque al final, tu tiempo ha terminado, tu ya te has ido,

yo sigo aquí, solo, con mil batallas que he perdido,

de la exigencia de los tiempos sintiendome perseguido,

sin un amor, sintiendome de verdad reconocido,

 

Oh, Dios mío! Qué tristeza, qué soledad, que olvido,

de unas manos que acaricien mi cuerpo bien fornido,

rompiendo estas cadenas que de tiempo me han sometido,

mutando mi vida, negando todo lo que he sentido…

ocultando a mi recuerdo aquello hermoso que he vivido…

 

Sin embargo, gracias a la vida, y a éste muchacho indiano,

que tanta convulsión provocó en mí con un estrechón de manos,

con su mirada tierna, que me recuerda también que soy humano,

y que tengo derecho a sentir, lo que siento sin razonarlo,

sin vergüenza, con valentía y hasta llegar a confesarlo,

ha sido hoy mi musa y mi mente inspirado,

con un torbellino de fuego mi corazón ha inundado,

con su mirada, su tacto hasta mi sexo ha excitado,

mi mente vuela, vuela, mi ser se siente liberado,

con la emoción sublime de no ser más un condenado,

a reprimir sentimientos que la existencia ha provocado.

 

 

 

 

 

Massimus es un navegante italiano, a quien ha inspirado este poema un joven chico de la India que visitó su casa.


NOTA: La imagen que orla el poema no representa al autor ni a su objeto de inspiración, sino que corresponde a una imagen del calendario 2006 de Isla Ternura.

 

Email del autor 

   
 
ISLA TERNURA POEMARIOS DE NAVEGANTES RINCONES AMABLES