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Aquellos
ojos negros que me escrutan y desnudan,
me
hacen temblar… mis músculos no disimulan.
Aquellos
ojos negros de tierna mirada,
me
lo dicen todo, ahora sobran las palabras.
Aquellos
ojos negros profundos como la noche,
me
acarician todo e impulsan a desearte,
aún
así desnudo, ante el ímpetu viril de tus ojos,
tengo
miedo a acercarme, hacer realidad un sueño.
Su
nombre no sé, acaso importa saberlo,
sí,
la oportunidad perdí ¡no fui capaz de conocerlo!,
la
vida dará razones de este tonto comportamiento,
ahora
se encarga de acoger mi triste lamento.
Tus
brazos, tus brazos…
el
negro de tus cabellos…
tus
dientes blancos, tu sonrisa hermosa,
dibujada
en tus labios rosa.
El
roce con tus manos, aquél saludo de despedida,
me
dijeron la pena que significaba tu partida.
Unas
manos ásperas, deseosas de amar
me
dijeron adiós, sin esperanzas ni más.
Volver
a verte, no sé, parece imposible,
y
será tu recuerdo a llena mis días terribles,
de
muchas y ricas fantasías
exhuberantes,
donde
te veré a mi lado convertido en mi amante.
Keralà,
Keralà, tu hijo vino verme,
tímido,
tonto, ante su sonrisa quedé inerme…
Mejor
ha sido así, que ni siquiera te he conocido,
que
pasaron los días, ni tu nombre preguntar me he atrevido,
porque
al final, tu tiempo ha terminado, tu ya te has ido,
yo
sigo aquí, solo, con mil batallas que he perdido,
de
la exigencia de los tiempos sintiendome perseguido,
sin
un amor, sintiendome de verdad reconocido,
Oh,
Dios mío! Qué tristeza, qué soledad, que olvido,
de
unas manos que acaricien mi cuerpo bien fornido,
rompiendo
estas cadenas que de tiempo me han sometido,
mutando
mi vida, negando todo lo que he sentido…
ocultando
a mi recuerdo aquello hermoso que he vivido…
Sin
embargo, gracias a la vida, y a éste muchacho indiano,
que
tanta convulsión provocó en mí con un estrechón de manos,
con
su mirada tierna, que me recuerda también que soy humano,
y
que tengo derecho a sentir, lo que siento sin razonarlo,
sin
vergüenza, con valentía y hasta llegar a confesarlo,
ha
sido hoy mi musa y mi mente inspirado,
con
un torbellino de fuego mi corazón ha inundado,
con
su mirada, su tacto hasta mi sexo ha excitado,
mi
mente vuela, vuela, mi ser se siente liberado,
con
la emoción sublime de no ser más un condenado,
a
reprimir sentimientos que la existencia ha provocado.
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