|
Para
Yoel, así.
Sálvame tú, divina adolescencia;
repárteme en tu arder, hazme tu espejo,
déjame hacerme en ti de mi reflejo,
como una fiebre entrar en tu inocencia.
Riega la curva dócil de tu imagen
por mi cuerpo quemándose en tu asombro,
asúmeme triunfal, ponme en tu escombro
a que a hacerte otra vez mis manos bajen.
Cállame en ti, dador, como he venido;
casi vencida nieve, casi lluvia,
a derramar en ti mi verbo herido
para otra vez nacer bajo tu
pluvia.
Deja mi vuelo preso en el fluido
de la extensión alar de tu alma rubia.
|