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I
Estaba
tu cuerpo tibio
Durmiente
junto al hogar
Y
en tu desnudo pecho,
Se
notaba el respirar.
Rozaba
la nieve el vidrio
Tras
la seda de coral,
Llamaba
triste y sola
A
su amigo, el cristal.
Sumaban
mil los copos
Que
te querían mirar,
Sumaban
más de un millón
Los
que te querían gozar.
La
Luna, cuitada y fina
No
te quería dejar
Bajo
sombra de su hermano,
El
rojo disco solar.
En
el monte no se oía
Ni
a los lobos al cantar,
Sólo
a una pajarilla
Que
sufría por volar.
En
la puerta de tu casa,
Tu
aroma se olía ya,
Era
triste, fino y dulce,
Como
agua de perfumar.
Tu
rostro era de seda,
De
caneloso alazán,
Y
tus ojos tan serenos,
Iguales
al mismo mar.
Tus
labios tan carnosos,
Llamados
para besar,
Eran
ellos los raíles
Del
amor mío al pasar.
Y
tu pecho, al descubierto,
Tu
relieve pectoral,
Con
tanto de Apolo dado,
Que
mas quiso regalar.
II
Ya
estaba holgado el día,
Cuando
te fuiste a despertar,
Cuando
viste que La Luna
Se
había ido a descansar.
Ya
bajabas la escalera,
Para
irte a pasear,
De
repente y sin saberlo,
Un
escalón quiso cesar.
Tu
yacías en el suelo,
Por
tu sangre rodeado,
Fue
tu muerte mi desdicha
Y
mi amor el condenado.
Entonces
morimos dos,
Tú,
desventurado,
Y
mi triste corazón,
De
ti enamorado.
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