|
Compartiendo, comparando buscando exigiendo y aun no comprendo porque no hay
nadie igual, círculos cerrados y amistades tan iguales, sien ser distintas, no
hallo nada en común, cadenas que hieren el espíritu marchante y no me dejan
vivir, ni seguir, mi mente vaga por las sociedades y castigada por la soledad de
esta.
Tu cielo y tu Dios no me permiten verte, tan solo recordarte, recordar ese aroma
que impregnabas materia que tocabas, materia que odiabas por corromper las
almas.
Tu
el cielo, yo el infierno, apagabas el fuego que me torturaba con palabras y
juegos de miradas, miradas que no comprendía o talvez las ignoraba y
despreciaba, que inducían a perderse en su magia y sin saber si tanta belleza
es humana.
Tu
cielo y tu Dios nunca harán que vea tus ojos de nuevo, porque mi castigo
por el desprecio con disfraz de amistad que te hice, será, saber que te amo sin
nunca decírtelo, un grito a tu cielo, una suplica a tu Dios, unas lagrimas a tu
infinito por verte otra vez, ya, aquí abajo te busco, pero solo siento esos
destellos que maldicen mis deseos, abrazando la idea de perderme en mi locura,
de irme dentro de mi y sentirte solo en mi recuerdo y mis sueños donde te beso
por primera vez, despertando luego, solo con tu foto en mi pecho.
|