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Soneto 14
 Si el deseo inmortal que alza
y modera
los
demás pensamientos, aflorase los míos,
quizá a quien en la casa de Amor
despiadado
reina, tornarle podría en apiadado.
Mas pues que el alma por ley
divina
mucho
vive, y el cuerpo muere en breve,
no puede el sentido su alabanza o
valor
describir
del todo, si del todo no entiende.
Entonces, ¡ay de mí!, ¿cómo será
entendido
el
casto deseo que al corazón enciende,
por quienes siempre a sí en los demás
se ven?
Mi
jornada mejor no me es posible
con mi señor que atiende a las
mentiras,
pues diciendo verdad, es embustero quien no
cree.

Soneto 16
Tú sabes que sé, mi señor, y
sabes
que me
aproximo más para gozarte,
y sabes que sé que sabes quién
soy:
¿a qué
pues más retardo en saludarse?
Si verdad es la esperanza que me
das,
y verdad
mi gran deseo concedido,
el muro rómpase alzado entre los
dos,
que son
más fuertes los daños ocultos.
Si sólo amo de ti, mi señor
querido,
lo que
de ti más amas, no te enojes,
si un espíritu del otro se
enamora.
Lo que
en tu bella faz aprendo y busco,
mal lo comprende el ingenio
humano:
Quien saberlo
quiera, ha de morir entonces.

Soneto 17
Si yo hubiera creído a la
primer mirada
al cálido sol de esta fénix alma
por fuego renovarme, como acostumbra
ella
en la
vejez extrema, en el que entero ardo,
cual velocísimo ciervo, lince o
leopardo
sigue
su bien y del dolor escapa,
a los actos, sonrisas y honestas
palabras
corriendo habría ido, mas soy presto tarde.
¿Pero porqué dolerme, si
veo
en los ojos
de este ángel único y contento
mi paz, mi reposo y mi entera
salud?
Peor
hubiera sido -quizá- primeramente
verlo y oírlo, que ahora con igual
vuelo
consigo me arrastra a
seguir su virtud.

Soneto 18
Solo con fuego el herrero el
hierro extiende
por hacer su trabajo igual a su concepto,
ni sin fuego artista alguno el
oro
al sumo
grado lo refina y vuelve;
ni el singular fénix se
rehace
si no
ardió primero; por lo que, si ardiendo muero,
espero más claro resurgir entre
aquellos
a
quienes muerte enaltece y no ofende el tiempo.
Del fuego que hablo me es gran
ventura
aún
para renovarme en mí tenerlo,
contándome ya casi entre los
muertos.
O
bien, si al cielo asciende por natura,
a su elemento, y estoy convertido en
fuego
¿cómo ocurrirá que
consigo no me suba?

oneto 19
Tan amigo a la fría piedra le
es su fuego interno
que, si con un golpe, la circunscribe,
aunque la queme y despedace, aún
vive
uniendo
con ello otras para lugar duradero.
Y si resiste en la hornaza, vence al
hestío
o al
invierno, y alcanza mayor valor que
antes, como purgada entre las altas y
divinas
almas
que al cielo volviese del infierno.
Librado de mí, si me disuelve el
fuego,
que
dentro me es como un juego oculto,
ardo y me apago y aún puedo vivir
mucho.
Entonces, si vivo hecho humo y polvo,
eterno bien seré, si me endurezco al
fuego;
y quien
me golpea no es hierro sino oro.

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