SONETOS, de Miguel Ángel

 

 

 

Soneto 14  Retrato de Tomasso, el joven amante de Miguel Angel Buonarotti

Si el deseo inmortal que alza y modera
los demás pensamientos, aflorase los míos,

quizá a quien en la casa de Amor despiadado
reina, tornarle podría en apiadado.
Mas pues que el alma por ley divina
mucho vive, y el cuerpo muere en breve,
no puede el sentido su alabanza o valor
describir del todo, si del todo no entiende.

Entonces, ¡ay de mí!, ¿cómo será entendido
el casto deseo que al corazón enciende,
por quienes siempre a sí en los demás se ven?
Mi jornada mejor no me es posible
con mi señor que atiende a las mentiras,
pues diciendo verdad, es embustero quien no cree.  

 

 
Soneto 16  

Tú sabes que sé, mi señor, y sabes
que me aproximo más para gozarte,

y sabes que sé que sabes quién soy:
¿a qué pues más retardo en saludarse?
Si verdad es la esperanza que me das,
y verdad mi gran deseo concedido,
el muro rómpase alzado entre los dos,
que son más fuertes los daños ocultos.
Si sólo amo de ti, mi señor querido,
lo que de ti más amas, no te enojes,
si un espíritu del otro se enamora.
Lo que en tu bella faz aprendo y busco,
mal lo comprende el ingenio humano:
Quien saberlo quiera, ha de morir entonces.

 

Soneto 17  

Si yo hubiera creído a la primer mirada
al cálido sol de esta fénix alma
por fuego renovarme, como acostumbra ella
en la vejez extrema, en el que entero ardo,
cual velocísimo ciervo, lince o leopardo
sigue su bien y del dolor escapa,
a los actos, sonrisas y honestas palabras
corriendo habría ido, mas soy presto tarde.
¿Pero porqué dolerme, si veo
en los ojos de este ángel único y contento
mi paz, mi reposo y mi entera salud?
Peor hubiera sido -quizá- primeramente
verlo y oírlo, que ahora con igual vuelo
consigo me arrastra a seguir su virtud.   

 

Soneto 18  

Solo con fuego el herrero el hierro extiende
por hacer su trabajo igual a su concepto,
ni sin fuego artista alguno el oro
al sumo grado lo refina y vuelve;
ni el singular fénix se rehace
si no ardió primero; por lo que, si ardiendo muero,
espero más claro resurgir entre aquellos
a quienes muerte enaltece y no ofende el tiempo.
Del fuego que hablo me es gran ventura
aún para renovarme en mí tenerlo,
contándome ya casi entre los muertos.
O bien, si al cielo asciende por natura,
a su elemento, y estoy convertido en fuego
¿cómo ocurrirá que consigo no me suba?       

 

oneto 19  

Tan amigo a la fría piedra le es su fuego interno
que, si con un golpe, la circunscribe,
aunque la queme y despedace, aún vive
uniendo con ello otras para lugar duradero.
Y si resiste en la hornaza, vence al hestío
o al invierno, y alcanza mayor valor que
antes, como purgada entre las altas y divinas
almas que al cielo volviese del infierno.
Librado de mí, si me disuelve el fuego,
que dentro me es como un juego oculto,
ardo y me apago y aún puedo vivir mucho.
Entonces, si vivo hecho humo y polvo,
eterno bien seré, si me endurezco al fuego;
y quien me golpea no es hierro sino oro.

 

 

 

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