|
-Y
ahora, como todas las jovencitas lo pidieron, tenemos una entrevista en vivo
con Orlando Barthel.
En
el estudio entró un joven – de veinticinco años como máximo – de
cabello rizado, color castaño, estatura media, piel clara y ojos cafés. Sus
facciones eran masculinas, finamente cinceladas. Era... ¿Cómo decirlo?... El
hombre ideal.
-Bienvenido,
Orlando.- sonrió el conductor e invitó al muchacho a sentarse.
-Gracias,
José. Me da mucho gusto estar aquí.
Orlando
Barthel era el galán de moda. Hacía menos de tres meses había protagonizado
una exitosa película, y desde ese momento se convirtió en ídolo de muchas
personas, tanto por su físico como por sus ideas recién descubiertas y su
manera de pensar.
La
entrevista era una exclusiva en vivo. Parecía que ese era el único programa
que había logrado algo así con el nuevo actor, prospecto a revelación del año.
-Dinos,
Orlando, ¿qué se siente ser admirado por tantas personas? La gente dice que
eres más que una cara bonita.
-Me
siento feliz. La verdad es que yo nunca creí que la vida me tuviera este
destino, y me siento muy satisfecho con mi trabajo.
Todo
el auditorio aplaudió ante la respuesta del actor, y enseguida vino su
adorable sonrisa.
-Y
ahora responde la pregunta que todo el mundo se hace, Orlando: ¿hay alguna
persona especial en tu vida? Debe existir alguien que te haga suspirar, y con
quien despiertes cada mañana, ¿no es así?
-Bueno,
la verdad es que...
El
joven se ruborizó de inmediato y bajó la mirada. Unos segundos después, miró
la cámara que lo tomaba y emitió su respuesta.
-No.
Nadie
lo podía creer. ¿Cómo ese hombre espectacular no pensaba en nadie antes de
dormir y al abrir los ojos por las mañanas?
El
conductor siguió realizando su entrevista, y uno de los televidentes en casa
suspiró.
-No
podría ser de otra manera...- susurró un joven de veintitrés años, cabello
negro y ojos color ámbar. Era un poco más alto que el actor, y sentía que
su corazón lloraba. Su nombre era Víctor Román.
Pensó
en lo desconsideradas que podían ser las personas. ¿Cómo era posible que
después de cinco años de vivir juntos en ese departamento alejado de los
suburbios, Orlando aún negara su amor? De no haber sido por todo el apoyo y
los ánimos de Víctor, en ese momento él seguiría siendo el alcohólico
fracasado que solía ser.
Se
habían conocido en una fiesta cuando Víctor tenía dieciséis años.
Su
relación fue tortuosa desde el principio; el alcoholismo de Orlando era el
causante de todas esas peleas en las que Víctor era ofendido por ser tan
“suave” con las personas. Orlando lo insultaba, y Víctor hacía lo
posible por alejarse, pero después de mucho tiempo se dio cuenta de sus
motivos para permanecer ahí aún siendo tratado de esa manera: se había
enamorado de Orlando.
Por
su parte, Orlando no entendía la fijación que sentía por amedrentar el alma
del amable muchacho. No estaba consciente de sus sentimientos, pero una noche,
con el alcohol en su sangre como aliado, los descubrió al probar la dulce
piel de Víctor, al sentir sus besos y su calor.
El
inicio de la relación fue difícil, pues Víctor pensó que todo había sido
un juego para Orlando, y ese detalle lo dificultó todo.
Cuando
por fin lograron vencer las barreras psicológicas, empezaron una relación a
escondidas hasta de sus familias, y por supuesto del resto del mundo, y después
decidieron vivir juntos, empezar de nuevo lejos de donde nacieron, en donde
nadie los conocía y no podrían juzgarlos.
Víctor
sabía que para Orlando no era fácil asumir su condición, y que, a pesar de
que lo amaba con locura, nunca lo haría público. Sabía que debía aprender
a vivir como una sombra en la vida de Orlando, y que nunca existiría más allá
del departamento que compartían...
-Bueno,
pues fue todo un placer tenerte con nosotros, Orlando, y te deseamos lo mejor
en tu vida.- dijo extendiéndole la mano al actor.
-Muchas
gracias, José, y el placer fue mío.- Orlando correspondió al gesto.
-Y
recuerden, chicas: Orlando Barthel tiene espacio en su corazón.- sonrió el
conductor y dio por terminado el programa.
Víctor
apagó la televisión.
Sus
lágrimas eran la prueba de su condición: desde siempre se había resignado a
ser la parte complementaria pero inexistente en la vida de Orlando. Estaba
consciente de que eso nunca cambiaría, pero nunca dejaba de doler...
*
* * * *
|