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La
ciudad de provincias nunca se había visto en otra. Un congreso de
psiquiatras de todo el `país se había reunido para la presentación de
un nuevo medicamento. El Parazemhol era un nuevo antidepresivo sin efectos
secundarios. Ni somnolencia ni insomnio, ni dolor de cabeza ni espasmos
musculares, ni falta de concentración ni dependencia a medio plazo.
El
doctor Félix de la Granja tenia un doble motivo para sentirse satisfecho.
Había organizado el acontecimiento mas importante de la década por
aquellos lares y al mismo tiempo su último libro de poesía ya estaba en
el horno. "De rapsodas y neuróticos, pase a mi consulta" había
sido alabado por todos los que había tenido ocasión de leerlo. Varios
escritores de la ciudad, escritores de la revista "La candela y
la pluma" le había prometido hacer una reseña elogiosa en el próximo
numero de su publicación.
Las
becarias habían comenzado a llegar. El doctor De la Granja se sabía
todavía atractivo para aquellas veinteañeras de dudoso futuro
profesional. Fueron colocando las carpetas y las botellas de agua
para los ponentes. Era el día de la inauguración. Se sabía importante.
Hoy era el día de su ponencia. El título de la misma, es posible que lo hayáis
adivinado, no era otro que "De rapsodas y de neuróticos, pase
a mi consulta" y serviría también para la promoción de su
libro. había memorizado uno de los poemas.
"Pase
a mi consulta
sea
cual sea su pregunta
después
de la noche llega el día
y
la felicidad detrás de la atonía..."
La sala
se fue llenando de público. Distinguió a algunos conciudadanos de
diferente calibre, a familiares de ex-pacientes con el rostro demudado por
el amor y el agradecimiento. Había amas de casa. profesores de
universidad, constructores, jueces, militares, muchas enfermeras y algún
médico.
Mi dicha es haberte ayudado
En
el invierno, y en el verano..."
Los
aplausos fueron atronadores. Antes y después del turno de las preguntas. Un
ama de casa, la madre de una joven esquizofrenica, se acerco a preguntarle por
la fecha de salida del libro. "Los compro todos. Solo por lo que ha
ayudado a mi hija", lo que construía un dudoso halago. El doctor
respondió con un gruñido y una sonrisa forzada. Después se acercó D.
Francisco Séptimo, uno de los hombres que el doctor De la Granja mas
respetaba en la ciudad. Era un forense jubilado, casado con una funcionaria.
Su matrimonio había sido el único error de su carrera, pues por lo demás
era un hombre brillante y admirado por todos. Había prologado algunas monografías
del Dr. De la Granja y aunque no habían llegado a ser amigos charlaban
siempre que se encontraba en un acto de esas características. Séptimo, como
le llamaban en la ciudad, traía un rostro mas serio de lo habitual, parecía
preocupado y eso el doctor sabía detectarlo.
Jorge
Séptimo era, e n
el Instituto, el hijo del forense. Los profesores no le consideraban lo
suficientemente maduro como para tener una entidad propia. Para sus
compañeros masculinos era un chico rarito, seguramente marica, aunque sobre
todo tímido y reflexivo. Para las chicas era, en ocasiones, raramente culto
y con excéntricas opiniones sobre el mundo y la gente.
Para
Jorge ir al Instituto era una experiencia dura pero que él sentía como
inevitable. No iba mal en los estudios, a pesar de su suspenso en
Matemáticas, que arrastraba desde primero, pero prefería quedarse en casa
leyendo o hablando con sus padres.
En
su habitación había libros y más libros. Jorge escribía aunque sólo sus padres
conocían su trabajo. Su madre se enfadó mucho cuando encontró un poema
horrible entre sus papeles.
"Desde
mi habitación, la ciudad tiene monstruos
que
habitan en su vientre, como los parásitos de un
tiempo
artrítico, donde se funden el presente, el futuro y el pasado..."
Cuando
Jorge abandonó el Instituto la crisis se hizo evidente. no tenia amigos ni
amigas y consumía las horas entre los libros y las melodías del jazz mas melancólico.
Sus salidas eran cada vez mas infrecuentes y dormía poco y deshoras.
"Un
pájaro negro se ha posado en mi nido
y
bandadas de cuervos habitan el pasado
risas
de chicos, sin ropa, en los vestuarios
muchachos
hermosos devoran mis entrañas.."
Jorge
recibió a Mariam en su cuarto. Era su mejor amiga del Instituto, su única
confidente. Jorge le prestaba libros a Mariam, aunque él sospechaba que nunca
los leía. Charlaban de música y películas antiguas. Mariam le vio increíblemente
desmejorado. Triste y con ojeras, aunque su animada charla, algo confusa,
tratase de disimularlo. Cuando dejó la casa pensó en hablar con los padres
de Jorge. De lo que ella intuía, sabía sobre su amigo, sobre su secreto a
voces. Pero sabía que no le correspondía hablar. No, no podía hacerlo.
"Jóvenes
de manos rudas, arrasan las cosechas
desde
mi habitación veo quemarse los rastrojos
la
ciudad en la que vivo, la cama en la que duermo"
Cuando
Jorge entró en la consulta del doctor De la Granja se sorprendió de no ver
cientos de libros. El pensaba que un médico debía tener montones de
tratados, cientos de monografías, libros de viajes, poesía, amor, terror y,
por supuesto, sobre locura, Pero solo pudo ver diplomas y mas diplomas
enmarcados. En la habitación en la que esperó media hora habían algunos
ejemplares del "Hola", del "Pronto" y el suplemento televisivo
del periódico local. En una estantería había siete ejemplares del mismo
libro "De rapsodas y neuróticos, pase a mi consulta". A Jorge le
pareció un titulo estúpido, en el que la primera parte de la frase y la
segunda no concordaban. Dudó en acercarse a echarle un vistazo, pero no se atrevió.
Estaba a punto de dormirse cuando se abrió la puerta. Una chica joven con
bata blanca le indicó que pasara. El doctor De la Granja estaba jugando con
el ordenador y apenas le miró. Le indicó que se sentara. Entonces Jorge
hablo, habló por primera vez de su terrible secreto.
La habitación de Jorge fue limpiada y vaciada. Las lágrimas habían
sido sustituidas por el silencio. Los funerales por la reconciliación. Y la sombra
de la muerte había sido sustituida por la llegada de nuevos seres al mundo.
Sus libros habían sido empaquetados y sus poemas arrojados a la papelera.
"El
flautista de Hamelín está de vacaciones
y
la crueldad adolescente ha sido sustituida por risas y besos
en
la piscina.. Olas de amor prohibido, promesas que nos salpican y nos juramos amor
eterno, justo antes del naufragio"
Al
año siguiente el doctor De la Granja vio cumplido su sueño. Las segundas
Jornadas de Psiquiatría salieron adelante. Y esta vez tenían proyección
internacional. Su libro seguía vendiéndose aunque en una modesta editorial
local. Y lo que era mas importante, su hijo había obtenido la licenciatura en
Medicina. Esa era la gran sorpresa de la clausura de este año. Félix de la
Granja júnior iba a hacer su esperado debut.
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