Cuentos contados

 

EL SUEÑO DE VIVIANA

 

Regresaba a paso apresurado a casa; la escuela había terminado más tarde de lo esperado y el deseo de ver a mamá inquietaba a Viviana.  Con cuanta emoción volvía al hogar; la maestra la había felicitado por lo excelente de sus notas y sus compañeros la amaban por lo alegre de su carácter.    

A pesar de todo, Viviana deseaba a ver a mamita, no para contarle esas novedades; sino para desahogarse, según decía, de la angustia que le provocaba el carácter del pequeño Enrique, su novio. No más cruzó el umbral de la puerta, lanzó el bolsón al lado y corriendo a la cocina, se abalanzó  en brazos de su confidente.  Y mientras Doña Susana servía una bebida helada a su niña,  Viviana le refería su tragedia. 

La niña decía que era bien difícil educar al novio. Simplemente Enriquito no entendía. Como buen hombre – decía Viviana – solo sirve para jugar y para comer dulces.  El trabajo sucio corría a cuenta de la niña, pero no le importaba; se sentía feliz por ser la guardiana en todo momento del amor y de su futuro esposo.  Le encantaba la idea de preocuparse por Enrique, un “bueno para nada”, y  de enseñarle muchas cosas. 

Porque para Viviana, solo las mujeres podían educar correctamente a los hombres y si esto era desde la infancia, mucho que  mejor. Luego de contarle  esta historia a mamá; Viviana subió a su habitación a descansar. Rápidamente la siesta de la tarde se apoderó de la niña; quien pronto quedo profundamente dormida. Al poco rato, Viviana escuchó que llamaban a la puerta. Acudió presurosa, pues le gustaba ayudar a mamita. 

Pero cual sería su sorpresa, al ver en la entrada de su hogar a dos hombres enormes; impecablemente vestidos, con rostros mal encarados. Uno de ellos la interrogó, al preguntarle su nombre. Viviana se presentó muy cortés ante ellos; quienes al saber quien era,  la tomaron por el talle y se la llevaron no sin mucha dificultad; pues Viviana sabía defenderse. Pronto se vio encerrada en el auto, conducida sin saber a donde ni para que; pero Viviana nada temerosa, espero confiada el desenlace de la historia. Para sorpresa de la niña fue conducida a palacio; donde vivía; según le dijo alguna vez mamita; el  Presidente. 

Viviana fue introducida a un enorme salón, en espera de un encuentro con el  gobernante. Al poco rato, este entro custodiado por veinte hombres, todos mal encarados, como los que habían traído a Viviana.  La niña sin perder el ánimo; preguntó al presidente que sucedía, a lo que el respondió que necesitaba su ayuda. Que él se había enterado de cómo ella  educaba a Enriquito y como la pequeña Viviana, según el presidente, sería mejor gobernante que él mismo. 

Terminó pidiéndole que tomara el mando del país por el bien de sus conciudadanos. Viviana no sabía que responder, pero sin dudarlo un instante, aceptó pronto la propuesta y colocándose la banda presidencial, Viviana se convertía en la Presidenta de su nación. Pronto Viviana se halló sentada en el Despacho Mayor de Palacio y entre sus primeras medidas decretó el regreso de todos los hombres a la escuela.  

Además, Viviana sabía que a los hombres les encantaban los dulces y los juegos y que era lo único que sabían hacer bien; así que ordenó se les proveyera de ellos; dejando  el mando del país, los negocios, las fábricas y la vida entera de la nación en manos de las mujeres. En poco tiempo todos aclamaban a Viviana como la mejor gobernante  y hasta decidieron levantarle una imagen, y no un busto, pues aún era niña; aunque muy inteligente.   Ya Viviana se dirigía a ver su imagen esculpida; cuando sin sentirlo, resbaló con una cáscara de plátano y cayó al suelo. 

Lentamente se incorporó y se encontró en su habitación. Todo había un sueño, del que solamente quedaba un enorme chichón en la cabeza. Viviana se vio al espejo y sonrió; aunque todo fuera un sueño ella misma sabría que algún día sería la mejor Presidenta; porque ella era   mujer y porque  era ella. Y este cuento se acabó.

 

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