Cuentos contados

 

LA LUNA Y EL DELFÍN

Ocasión  nada propicia para amar, esa fue la última conclusión; y mientras caminaba entre dunas  rumbo a la blanca playa de aquel enigmático mar; continuas gotas de agua salada brotaban de sus ojos; mientras su desengañado corazón, hecho mil añicos;  sufría intensamente por el amor no correspondido. La soledad embargaba su ser y la falta de amor asfixiaba su existencia. Sus pasos acomedidos a la triste situación; deambulaban por inercia, mientras el dueño de aquel cuerpo trastornado; se ocultaba en la espesura de su alma; tratando en vano de reconfortarse a sí mismo.  

La tarde había transcurrido prontamente y la noche empezaba a extenderse por toda aquella solitaria playa. Nuestro desventurado héroe, llegó a la orilla de aquel ancho mar; cuando la soberbia Luna gobernaba la bóveda celeste; un cielo despejado acompañaba  al cálido aire de aquellas tierras tropicales. Mientras tanto; el pensamiento de aquel desafortunado,  vagaba por regiones solo conocidas por él mismo.  

Aproximándose a una pequeña caleta; a veces usada por barcos pesqueros como pequeño puerto; se dejó  caer sobre  algunas rocas que sobresalían  por su distinguido  tamaño; y  nuevamente las lágrimas rodaron en su rostro, esta vez con más intensidad; mientras su cuerpo  se agitaba bajo fuertes convulsiones, producto del sufrimiento espiritual que lo aquejaba. De repente, la tranquilidad de la noche fue interrumpida por un potente grito; seguida  por el sonido de la caída al agua  de aquel infeliz. 

 El mar, temeroso de ser mudo cómplice de aquella acción; en vano trataba devolver a su nuevo inquilino a la orilla. Las majestuosas olas de oscuro azul profundo; se devoraban voraces  el cuerpo casi inerte de aquella criatura desdichada.  La suerte del  suicida, empero, fue bruscamente modificada; mientras su cuerpo se perdía en aquel abismo marino; la blanca luz de la Luna; se abría paso entre las aguas del mar; envolviendo completamente el cuerpo de aquella criatura; que brilló entonces con increíble poder.  

Transcurridos unos minutos; la mágica luz desapareció y nuevamente reino la soledad en la playa y en el mar. Las noches transcurrieron una tras otra desde aquel extraño acontecimiento; pero desde entonces se vio vagar en la orilla del mar; un precioso delfín de encantadoras formas; que jugueteaba sobre las olas más grandes y peligrosas; y con saltos nunca vistos, buscaba  la inmensidad del cielo de aquella región tropical. En vano los pescadores quisieron devolverle a mar abierto; ya que el terco delfín insistía en acercarse mucho a las costas; apareciendo  especialmente en las noches de Luna llena.

Una noche de Luna  por el mes de Octubre…

El delfín de noble figura trataba desesperadamente  alcanzar; no el cielo; como creía la buena gente de aquellos lugares; sino a la reina  de las alturas; y  al nuevo amor de aquel ser; La Bella Luna. Y mientras en sus infructuosos intentos; elevaba su presencia hacia alturas sorprendentes, arqueando con poder su cuerpo marino;  su voz entonaba una bella canción de amor.

 

EL CANTO DEL DELFÍN

 

Vístanme las grandes olas

Y el agua salada que los acompaña;

Para yo acudir presuroso

Al encuentro con mi Amada;

Mientras deslizo mi cuerpo

En las orlas y seda del mar

Y suspiro embelesado

Por su singular belleza.

 

Los pensamientos e ideas

Confinados en mi corazón;

Quieren liberarse y alzar vuelo

Y llegar  presurosos hacia mi Amada,

Conducidos con las alas

De la pasión que me abruma;

Junto a antiguos  cantos 

De mi tierra olvidada.

 

Allá arriba; ¡Oh Luna!

Te siento tan cercana; tan mía

Que creo; poder alcanzarte

Tan solo con mis sentimientos;

Y así estar contigo;

Y así estar a tu lado;

Tu Amada Mía

Que me observas en lo alto.

 

Luna; que siempre eres la misma,

La de estas playas y más allá

La que alumbra mi lejano hogar,

Y al Amor que sueña bajo tu luz.

Aquel fugaz Amor, mi Luna

Que nublo mi corazón,

Gracias a su encantadora sonrisa

Gracias a su rostro hechicero.

 

Hoy te entrego mi corazón;

Luna; mis ojos tuyos son

Desde que mis lágrimas se confundieron

Con el agua de mar salada

Transformando el dolor en amor

Que yo a  ti  profeso.

Fiebre de Amor que transciende

Mi juicio y mi cordura;

Que añora con locura,

Tus besos, tu amor; tu ternura.

  

Luna; ven y vela mis sueños,

Se  la dulce y eterna protectora

De mis desvaríos de amor;

Se parte de mis anhelos,

Yo quiero ser de los tuyos,

Mientras te susurro al oído

Amor Mío; Te amo y te respeto.

 

La pálida Luna, por lo general indiferente al amor; era presa del mismo sentimiento  que acometía a su favorito y protegido; al inquieto delfín.  Ya desde la noche en que lo salvo de la muerte; la Luna sabia que su corazón pertenecería por completo a aquel ser; y auque en vano trato de ocultarle lo que sentía por él; en ese momento,   conmovida por el canto del amor; se dejo arrastrar a las posesiones de Venus e iluminando con mayor intensidad la noche; la Luna, por lo general muda; dejo escapar de sus labios; la confesión  al amado.

 

EL CANTO DE LA LUNA

 

Desde la inmensidad

Del cielo estrellado,

Mi esencia de Luna

Y mi alma de doncella,

Corresponden plenamente

Tu amor a mi dedicado;

Confesándote que tu delirio;

En mi delirio se ha trastocado.

 

Descender hacia ti,

No me es permitido;

Más, que mi luz te llegue

Y que sea  fiel portadora

De esta mi ilusión de amarte,

De mis besos y caricias

Y de mi existencia entera;

Que de mi, te entrego.

 

Yo he de besar tu frente

Con mis pálidos rayos de luz;

Y velaré por siempre

Todos los sueños de tu alma,

Y estaré contigo todas las noches

Para que descansen tus fatigas

En mi  transparente regazo,

Acurrucándote con ternura.

 

Las estrellas serán desde hoy

Como miles de luminosos espejos;

Que difundirán mi amor hacia ti;

Y en las noches donde no aparezca,

Confiar a las nubes más espesas,

Los secretos de mi corazón,

Para que te participen

El cariño que me inspiras.

 

Y al verme reflejada,

Sobre la espuma del mar,

Y al iluminar las playas

Cubiertas de arena y palmeras,

Y al guiar al navegante perdido

A puerto seguro y a su hogar;

Desde el aquí al lejano horizonte,

Gritaré sin cesar que Te Amo.

 

Y desde el Cielo,

Y por lo ancho del mar,

Desde la más alta cúspide

Al más profundo abismo,

Tú estarás conmigo

Y yo hablaré de ti;

Tu serás mi Amado y mi Esposo,

Yo seré tu niña y tu mi Amor.

 

Desde aquel momento;  cuenta la leyenda; que la Luna; blanca doncella de la noche; ilumina con mayor claridad las costas bañadas de espuma que son custodiadas por galantes delfines; como tributo a su bien amado; y que los delfines  juguetones; buscan afanosa e inquietamente  alzar  un vuelo   imposible hacia la inmensidad del cielo estrellado; para rendirse al cálido amor, inspirados en aquel Amor surgido entre la Luna y  un hermano delfín.

 

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