Historias de la Vida Irreal  21 a 23

por  Álvaro Ache

CASOS DE LA VIDA IRREAL 21

Después de celebrarle su cumpleaños en casa de uno de sus amigos, Rodrigo fue invitado por ellos a la discoteca de su predilección. Una vez allí, él tomó por su lado, pues nunca ha disfrutado de lugares ruidosos y repletos de personas, así como tampoco es asiduo de la sacrosanta rumba de fin de semana. Había aceptado la invitación para no indisponer a sus amigos y no pasar por aguafiestas de su propia fiesta.

Caminó por la barra, entre las mesas, saludo a uno que otro conocido y volvió a situarse en la barra. Bebió un sorbo de su vaso de Ginger Ale, bromeó un poco con su amigo Jairo que en ese momento estaba allí cuidando los tragos. Mientras conversaban, Rodrigo empezó a flirtear con un hombre localizado a cuatro metros de él. Se miraban, se sonreían, se dejaban de mirar y repetían el proceso.

Como el extraño no se decidía a abordarlo, Rodrigo se lanzo por primera vez en su vida verbalizar con el objeto de su atracción. Total era la noche de su cumpleaños. Pero al dar el primer paso su amigo Jairo lo sostuvo discretamente del brazo y le dijo al oído: "No vayas con él. Mira que se esta tomando una Heineken en lata. Los tipos como él tienen plata solamente para una cerveza, y buscan un marrano que les invite. Búscate a uno que este tomando Poker, pues eso si tienen plata para beber y hasta te invitan".

Rodrigo se sorprendió por el comentario de su amigo, pero al ver nuevamente al hombre frente a él sonrió y dio media vuelta para tomar un trago de su bebida. El extraño se sintió rechazado y se dirigió a otro ángulo del lugar.

Pasado un rato, un hombre con un vaso de cerveza en la mano se acercó a Rodrigo para invitarle a un trago. Rodrigo aceptó y por estos días la celebración será doble, pues se acerca su cumpleaños número treinta y cinco y el quinto aniversario en compañía de Augusto.


                                                                           

CASOS DE LA VIDA IRREAL 22

Por esta temporada Héctor realiza una no muy común celebración. Hace seis años se sentó enfrente de un computador a tomar clases de Internet. Aprendió a crear y a manejar un correo electrónico en un servidor gratuito, a enviar y recibir archivos adjuntos desde su cuenta, a manejar buscadores y, por supuesto, aprendió a chatear.

La primera vez lo hizo en un cuarto de charlas sobre deportes. Allí conversó con hombres y mujeres que compartían su gusto y disciplina deportiva. Pero en la siguiente oportunidad lo hizo en un cuarto donde solamente se conectaban hombres de su misma condición sexual.

El asunto fue interesante, pero no satisfactorio, pues allí se encontró con mexicanos, gringos, panameños y venezolanos. Pero el saber que existían estos sitios en la red, lo obligó a consultar en donde podría encontrase con homosexuales de su país y, ojalá, de su misma ciudad.

Conversando con sus amigos se enteró del más universal de los sitios en Internet para usuarios gays. En la primera oportunidad que tuvo se dirigió a un ciber café a entrar al chat en cuestión. No lo podía creer, allí encontró un cuarto dedicado a cada país. Su corazón latía con fuerzas al ingresar al de su país. Fue así como de manera sacrosanta, todos los días viernes en la tarde después del trabajo se conectaba para conversar con sus similares y, sobra decir, no le falto el ciber levante.

La dicha termino al poco tiempo, pues con el avance de la tecnología los usuarios de éste servicio pudieron colocar su foto en el chat. Llegó el momento en que nadie le hablaba allí por no tener su foto en línea. Se vio entonces en la obligación de tomarse una foto, luciendo su mejor ángulo y sonrisa, descubriendo en el proceso otra maravilla de la tecnología: la digitalización de su propia imagen. Ya con su fotografía a disposición de todos, nuestro héroe cumplía con todas las reglas del ceremonial gay en el chat, preguntaba y respondía sobre edad, estado civil, ocupación, rol sexual y demás preguntas de cajón a las que nos exponemos en esa situación.

Pero luego, otro avance tecnológico empezó a impedir su interacción con otros personajes: había aparecido en escena el webprofile. Servidores gratuitos de Internet empezaron a ofrecer el servicio de perfil en línea. Allí cada quien cuelga una o varias fotografías (de cualquier tipo) y diligencia un formulario que compendia, en forma de base de datos, cada una de las preguntas insulsas que se hacen en el chat. Así, con esta herramienta la interacción se hacia dinámica pero más corta, dado que se consultaba el currículo de  cada quien y si el objetivo no cumplía con las características deseadas, simplemente se le enviaba al olvido. Lo tenaz del asunto resultó ser el hecho de que las loquitas, por lo general, recurrían a mentiras en los campos del formulario y a fotos retocadas (otra maravilla de la tecnología).

Héctor averiguó sobre el mejor sitio en la red para construir su perfil. Lo hizo de la forma más sensata y veraz que pudo. Por esos días habían pasado tres años de visitas a salas de Internet, dinámica que lo tenia exhausto, por lo cual decidió comprase un computador para su casa.

Con las ayudas tecnológicas a su disposición total, el rito del chat cambió su esquema: a cualquier hora y día de la semana, durante mucho más tiempo, en gran variedad de paginas y portales y hasta altas horas de la noche. Ya simplemente no le bastaba el chat. Empezó a descargar imágenes y videos pornográficos a su disco duro.

Fiel a sus inicios en Internet y a sus necesidades, continuó visitando los lugares donde encontraba a sus pares y coterráneos. Pasado un tiempo descubrió que ya no bastaba con tener sitio, tener computador, conexión a Internet, foto digitalizada y perfil en línea. Ya se le exigía el tener cámara web, pues sin tal aparato la interacción se limitaba, además de que ya quienes entraban a estos sitios no buscaban únicamente conversar o un ciber encuentro, algunos buscaban también un ciber pajón.

Héctor terminó por hacer el gasto en ese aditamento. Con su cámara, continuo con su rutina de visitar los chats. Se hizo algunos levantes, varios ciber pajones y no pocas sesiones de ciber stripper. Por fortuna, su cuerpo tiene la ventaja de ser el resultado de jornadas de entreno en artes marciales, no se vio en la necesidad de entrar a un gimnasio para cumplir con el requisito que exige la transmisión de su imagen en tiempo real.

Hoy, pasados seis años desde la primera vez que entró a un chat, de varias actualizaciones en hardware y software, no pocos virus, incontables polvos virtuales y reales, Héctor por fin celebra un anhelado momento: ha puesto un clasificado para vender totalmente su equipo, pues el hombre que conoció hace seis meses en una exposición de arte en un prestigioso museo de su ciudad le ha propuesto que continúen juntos en la aventura de la vida.


 

CASOS DE LA VIDA IRREAL 23

Al avanzar por el corredor que conduce al avión, luego de presentar el tiquete al encargado, recuerdos vinieron a su mente. Un sin fin de momentos vividos y compartidos desde el día en que la vida les cruzó. Aquella trampa que el destino pone a los mortales.

Fueron casi dos años de aquella relación, la cual había empezado con un grato intercambio de fluidos corporales y luego evolucionó, gracias a los artilugios de ese otro, en un grato interactuar de dos seres de genero masculino.

Él no quería ceder. Pero ante el encanto del elaborado cortejo, sumado a la seducción de la juventud... simplemente no se pudo resistir. Vivieron juntos, mostrándole al mundo que las relaciones entre dos hombres de distinta edad pueden lograrse con madurez y compromiso.

Al tomar asiento evocó aquellos instantes en que las diferencias entre ellos empezaron a salir a la luz. Ambos comprendieron que la diferencia de edades entre dos personas marca la diferencia entre dos realidades opuestas. Sin embargo, de común acuerdo empezaron trabajar en la forma de acortar esa brecha, pues el sentimiento era fuerte.

Una vez el avión tomó vuelo no pudo evitar derramar una lagrima, pues él creyó haber puesto todo de su parte. Pero allí estaba dejando todo atrás, emprendiendo fuga hacia una nueva ciudad, una nueva vida y un nuevo mundo. Su lagrima representaba su falta de compromiso hacía ese otro, pues nunca pudo superar el hecho de haberle conocido en las sensuales y tentadoras penumbras de un cuarto oscuro.


 
 

 

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