| El sol se ocultaba tras las nubes, cuando el placard de
León Fernández se abría en dos. De pronto quedaban atras los trajes sastre
y las camisas de oficina para dar paso a los elegantes vestidos de chifon.
El ¿por qué? nunca lo supo; lo cierto es que cada vez que la luna aparecía
León dejaba de ser tal para transformarse decididamente en Jaspe, una
delicada dama de tacones altos y labios rojizos que solía conquistar
hombres desde un escenario,
Durante muchos años León peleó con sus impulsos, pero
nunca pudo contradecir los deseos que lo llevababn a vestirse de mujer
para pensar en ellas. De chico, disfrutaba poniéndose los zapatos de su
madre pero siempre temía que alguién lo descubriera y lo castigara por
eso. De adolescente no sabía como hacer para contrarestar esas ganas
intensas de ponerse las prendas de sus ocasionales amantes; por muchos
años su vida fue un desastre por esa razón.
El público ovacionaba a Jaspe cuando Jazmin apareció
entre el público, se sentó en uno de los rincones del bar y observó muda
el alboroto. Cuando el ramo de rosas de un admirador cerró el show, se
levantó retirándose del lugar. Una vez más se había perdido de ver al
transformista más famoso de la noche porteña.
La mañana aún no aparecía y Jazmín comenzaba a prepararse
planchando una de las pocas polleras lavada el día anterior, todo iba bien
y soñaba con que ese fuera un día distinto. Prendió la radio y después de
una canción de Ricardo Martínez escuchó el pronóstico del tiempo: una
lluvia intensa oscurecería el cielo en pocas horas.
Sentada en una mesa de vidrio comenzó a llorar
desenfrenadamente para luego secar sus ojos, maquillarse e ir a
trabajar.
Llegó a horario, con los zapatos en la mano y una cara de
falsa alegría que disimulaba su miserable vida.
La White Star Company es una empresa con muchos
empleados, y la falsa sonrisa de Jazmin ya no sería necesaria una vez que
se sentara frente a la computadora de contaduría donde debía controlar uno
a uno el listado de los deudores morosos.
León se despertó tarde: el trabajar de noche no le daba
derecho a llegar fuera de hora a su trabajo. A pesar de ser el jefe y sólo
ir a firmar papeles que otros se encargarían de poner en su lugar, llegó
como a las 11, nadie creia ya que todos los martes y jueves tuviera un
contratiempo que le impidiera llegar a horario.
Cuando entró a su oficina miles de pólizas lo esperaban y
nada podía evitar que las pudiera dejar de lado. Ver ese trabajo le
recordó sus épocas de alumno en las que mientras estudiaba contaduría de
día solía salir a las calles de noche para admirar a sus amigas
prostitutas que no discutían mucho sus hábitos cuando quería tener sexo.
Con una sonrisa comenzó a trabajar, soñando con la hora de salida que le
permitiría transformarse en la adorada Jaspe. El ascensor estaba repleto:
León había sido el último en entrar y Jazmín no tendría lugar para subir
hasta después de las 18 hs. cuando la mayoría de los empleados lo habría
hecho. La caballerosidad que siempre caracterizó a León no se evidenciaba
cuando tenía que salir de la oficina. Aunque sólo fue un momento, Jazmín
sin embargo, no pudo evitar fijarse en ese hombre tan hermoso que había
logrado subir antes que ella. Los días pasaban en aquellas dos vidas
que se unían solo en el ascensor a la salida. Cansada de su rutina y de no
tener nada más que para el alquiler y alguna comida comprada de vez en
cuando, Jazmín decidió gastarse todo su reciente sueldo en ropa,
restaurantes y un tapado de zorro blanco a pagar en cuotas, para luego
morir tirándose del puente Pueyrredón a las aguas del Riachuelo.
León, agotado por su doble vida decidió renunciar a la
White Star para dedicarse exclusivamente a la actuación y poder dormir de
día. Parecía que nunca aquellos dos personajes se volverían a encontrar y
decirse lo que sentían desde hacía ya un tiempo.
Mientras Jazmín salía de una lujosa tienda donde había
comprado el tapado, unos nubarrones invernales la volvieron a hacer
llorar, con lluvia ni siquiera podría disfrutar de sus últimos momentos de
vida.
Caminó entre la tormenta mientras la piel quedaba
arruinada por el agua y el maquillaje se le escurría de la cara para
manchar un costoso vestido azul. De repente entre las sombras un tipo
bastante mayor comenzó a llamarla. Sin darse cuenta estaba caminando por
la avenida centra donde las prostitutas hacían su trabajo. El show de
Jaspe terminó temprano; los pocos clientes y su cansancio no la obligaban
a continuar, así que decidió volver temprano a casa, mientras un
comediante de segunada llamado Pepe debutaría en su lugar. Con un paraguas
y un bolso de mano Jaspe salió a las calles sin temor a la policía para
sólo dormir.
Mientras caminaba entre las aguas de la lluvia, recordaba
cuántas veces había sido rechazado por las mujeres al tratar de intimar
con ellas, pero un grito lo alertó. La voz aguda de Jazmín no podía
ocultarse aunque aún los truenos sonaban con fuerza.
El callejón estaba desierto y sólo ellos dos luchaban en
medio del barro y la basura que la gente acostumbraba tirar allí. Mariano
Quijeda era un tipo que desde muy joven había optado por violar mujeres ya
que desde que una chica lo rechazó en secundaria no pudo volver a hablar
con otra.
Jaspe corrió en ayuda de Jazmín y mientras Quijeda le
arrancaba el vestido mojado, sacó un martillo con el que salía a arreglar
el escenario y se lo partió en la cabeza.
El paraguas ya estaba en el suelo y el viento se lo
estaba llevando cuando la peluca platinada de Jaspe dió lugar a la
cabellera oscura de León.
Por impulso ella lo besó y ese beso se prolongó por diez
años de matrimonio tras los cuales Jazmín enviudó, después de haber sido
la mujer más feliz con su marido.
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