El primer beso

  por Evora Pérez

 

Era el verano del año 1962, y estudiábamos en el Instituto de La Habana, se llamaba así por aquel entonces, hoy le dicen el Pre de La Habana.  Mi amigo el chino (lo de chino le viene por ser hijo de chinos), y yo veníamos estudiando juntos desde la primaria, se vivía en esos días la efervescencia de los primeros años de la revolución. 

Aunque los dos éramos muy unidos y coincidíamos mucho en nuestros gustos y preferencias no nos habíamos identificado nunca sobre nuestros deseos sexuales como se manifestaban, pero siempre que veíamos algún hombre hermoso nos mirábamos y nos reíamos mutuamente y estábamos muy seguros de que nos gustaban aunque nunca habláramos de eso.

Yo por mi parte tenia mis relaciones sexuales, no se el que es lo que hacía en aquellos tiempos, pero ya yo había tenido varias experiencias amorosas con varios hombres, por esa parte, aunque teníamos la misma edad, yo era mas atrevido que el en estas cuestiones sexuales, un día me decidí a comentarle pues no entendía por qué no podíamos hablar de este tema entre los dos si éramos tan amigos y le dije de repente con ingenuidad:

¡Conozco a un hombre que besa!

De pronto vi su rostro como iluminado y muy impresionado por mi expresión, no supo que responderme por un momento, se quedó perplejo, pero en menos del tiempo que podía imaginarme me contestó.

¿Donde está, quién es?

Al saber su respuesta me di cuenta enseguida que el también deseaba conocerle, y muy apresurado le comenté: vive por el malecón y salí corriendo de repente pues tocaban en ese momento el timbre de entrada a las aulas.

Ya dentro de la clase solo estuve pensando en lo que le había dicho y como sería después mi explicación de cómo conocí aquel hombre y como hacer para que él lo conociera también, pues estaba seguro que querría que yo lo llevase donde él estaba.

Nos vimos después en el recreo para salir a merendar en una cafetería que existía al doblar del cine Payret, en el breve camino no hablamos de nada, cuando nos sentamos en la barra enseguida me volvió a preguntar ¿Cómo fue?, ¿Quién es?. Yo ya casi me estaba haciendo el importante para hacer mas interesante la tan ansiada historia.

Pues nada, anoche salí al cine y después me puse a caminar por el malecón y casi llegando al monumento del Maine  me senté en el muro, me sentía muy solitario y al mirar hacia abajo en los arrecifes pude ver de las casitas de pescadores que allí estaban, una luz que salía de su interior, no se porque esa casita con esa luz, el sonido de las olas y las botes que se mecían al compás de estas debajo de la luna llena de junio me despertó cierto morbo en mi interior, bajé por una escalerita de madera que existía hasta llegar a los arrecifes y me acerqué a los botes que estaban frente a la casucha y trate de mirar hacia adentro y veía que alguien se movía en su interior pero no podía determinar quién era, hice como un ruido con los pies con unas piedras para dar entender que estaba ahí, cuando se abrió la puertecita de la misma y casi apenas podía salir por ella un impresionante mulato de casi dos metros de estatura y casi apenas 30 años de edad, con su torso desnudo y un short raído o que cubría solamente parte de su cuerpo, con sus pies descalzos no podía ni imaginarme como podía pisar sobre aquellos arrecifes que cortaban como cuchillas mis zapatos, pero sin acercarme apenas ya podía sentir el olor a sudor y sal de su cuerpo, sus ojos eran pequeños, su frente cuadrada, sus manos eran grandes, sus venas brotaban a flor de piel en los brazos y los músculos de la pelvis se marcaban con una notable sensualidad.

Me preguntó que haces aquí, y le dije, mirando los botes y el mar, me contesto ven entra, parece que enseguida me noto mi fragilidad, apenas 16 años y flacucho y me empezaban a salir los primeros pelos de mi pecho. Me senté en un pequeño banquito de madera y no sabia ni de que hablar. Terminé de pescar y no fue hoy un día muy bueno, pero ya casi me voy y  quiero enjuagarme antes de irme- me dijo-. Se desnudó completo y con un cubo que tenia con agua se lo echo encima de su cabeza, pude ver como brillaba aquel formidable cuerpo con la luz mortecina de aquel farol, sentí deseos de abrazarlo aunque mojara mis ropas con aquella agua que se deslizaba entre sus piernas como cascada, me levanté y me acerqué a tocar su miembro que no por ser demasiado grande le tuve temor y de repente experimenté la sensación del beso de un hombre por primera vez, pude notar que los ojos de mi amigo brillaban al relatar aquella historia, y continué diciéndole, fue la experiencia mas agradable que he sentido en mi vida, casi me desmayaba entre los brazos de aquel cuerpo mojado y con una boca que abarcaba completamente la mía con una calidez y una dulzura que no podría describirte, es verdad lo que dicen que el primer beso nunca se olvida, le reiteraba. Se que mi amigo ardía también en deseos de sentir aquella experiencia del primer beso pues pude notar en su rostro que lo necesitaba.

Llévame, llévame, me insistía, de pronto sentí celos por presentarle aquel hombre que yo quería solamente para mi, pero pensé que no podía ser tan egoísta y no dejar que él también disfrutara de esa experiencia.

¿No quedaste en volverlo a ver otra vez?, le dije no, todo fue tan sublime con aquel solo beso interminable que me marché sin casi apenas despedirme y estuve como extasiado en todo el camino de regreso hacia mi casa.

Casi apenas nos quedaba tiempo para regresar al Instituto después de aquella merienda en la cafetería y de repente le dije, iremos hoy por la noche a verlo.

Nos preparamos aquel día y salimos mi amigo y yo cerca de las 9 de la noche para aquel sitio del malecón, en todo el trayecto solo hablamos de que si estaba o si no estaba que como iba a hacer para presentárselo y no se de cuantas cosas mas sobre aquel pescador.

Llegamos y no había luz en la casita, pero no obstante bajamos, tocamos a la puerta y no había nadie, que mala suerte, exclamo el chino y regresamos casi decepcionados pero con un gran deseo de volver a regresar otro día.

En la semana siguiente tratamos de ir nuevamente pero por una cosa o por otra no pudimos y ya teníamos que partir en esos días para la recogida de café en el campo en la provincia de oriente, recuerdo que caímos en campamentos apartes y no nos vimos en todo el tiempo de la cosecha, yo solo pensaba en aquellos días en  La Habana con aquel pescador que me  besó y también pensaba, que mi amigo el chino encontrara un campesino que lo besara igual para que pudiese experimentar aquella sensación.

Regresamos a La Habana, y casi al otro día nos encontramos nuevamente los dos en el Instituto, lo primero que me pregunto el, fue por ir a ver al hombre que besa, y esa misma noche partimos hacia allí.

Que tristeza cuando nos acercábamos, las casitas ya no estaban allí, no habían botes ni pescadores, ya la luna tampoco era la misma de aquella noche, no teníamos ni a quien preguntarle a donde fue a parar todo aquello, todo alrededor era de una inmensa soledad, Nos sentamos en el muro sin hablar nada y pensábamos como que si de repente pudiera haber una aparición del mar, pero me dije despierta vuelve a la realidad, nos marchamos muy desilusionados hasta nuestras casas, con el deseo de encontrarnos en el camino con otro hombre que nos besara.

Que tristeza le dije, no te desanimes ya aparecerán otros, tiene que haber quienes quieran besarnos igual, no supe mas en toda mi vida de aquel pescador y siempre que paso por ese sitio lo recuerdo, tal vez ya no este vivo, ya han pasado tantos años, aun mi amigo el chino y yo cuando nos encontramos recordamos aquella historia con tanta inocencia y nos reímos, pero por lo que queda para mi siempre les diré: ese fue el mas extraordinario de los besos.

 

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