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Desde que tengo uso de razón había dado trabajo cerrarla. Había tenido que entrar con un mayor a ese cuarto por mas de 7 años. Siempre estuvo presente el miedo de quedar dentro. Esa puerta, que hasta ese momento había estado maldita para mí, fue mi salvación.
Habían anunciado mal tiempo y estaba solo en casa. No era la primera vez que me pasaba pero, todo eso de la depresión tropical me tenía un poco nervioso. Aun tenía una única salida y sin pensarlo dos veces la tomé. Con solo unas llamadas telefónicas todo cambiaría. Logré reunir como 10 amigos. De la infancia, de la cuadra, de la escuela y a Felipe. Ese muchacho que por tantos años había mirado con ojos diferentes, sin saber por qué. Algo en él me llamaba la atención de una forma morbosa. De solo tenerlo cerca, mi cuerpo se electrizaba. En mis 16 años de vida
jamás me había pasado, solo con él y lo sabia. Era evidente.
Este de seguro iba a ser un ciclón diferente. Lo tenía todo previsto, estaba todo a mano. Comida, velas... Que más se puede necesitar para pasarla bien por solo una noche de mal tiempo?
Estaba lo necesario, más las ganas de diez jóvenes de pasarla rebién.
La diversión comenzó al oír los ruidos de los primeros vientos. Los truenos
parecían que acarreaban cientos de galones metálicos a su paso. Pero mientras más ruido más risas. Hasta que se fue la luz y los primeros gritos de las chicas salieron a relucir para darle el toque perfecto al momento. Aunque yo hubiera preferido todo oscuro, la mayoría voto por encender las velas. Pero a pesar de estar todo cerrado el aire era tanto, que pasaba por debajo de las puertas, por las
hendijas de las ventanas... las velas no se mantenían quietas.
Y una idea me vino a la mente, abuelo tenía como tres faroles carreteros en su cuarto de desahogo. Si, en ese cuarto donde siempre me prohibieron entrar solo. Yo ya era grande pero siempre me quedó el aquello por dentro. Además, mi mente era joven pero ya hacia algún tiempo que maquinaba las cosas tal P4. En solo instantes
pensé que sería la excusa perfecta para estar unos pocos minutos a solas con Felipe ... e igual de rápido lo
pensé... así mismo se lo pedí.
Llegamos allí, pero como nunca había ido a buscar algo en especifico, solo a tirar lo que ya no quería, nunca me había fijado en realidad cuantas cosas había en aquel cuarto. Así que la tarea no iba a ser fácil. Solo que nunca
pensé que se complicara tanto hasta que uno de esos endemoniados vientos tiro la puerta de una manera ensordecedora. Por unos segundos nos miramos, con un tanto de asombro, otro de susto y mucho de malicia.
Él claro, trató de abrir la puerta. Siempre quería dar esa imagen de macho seguro de sí mismo. Pero en sus manos notaba la duda o más bien la falta de interés. Le dije que no se preocupara que era solo cuestión de minutos que notaran nuestra ausencia y vinieran por nosotros. Pero parece que lo que era evidente para
él... lo era también para los demás. Y si, vinieron a “salvarnos” solo que una hora después.
Esa hora. La recuerdo como el momento más intenso de mi existencia, como la puerta hacia una vida nueva. La vida que me permitirá de seguro, alcanzar mi felicidad absoluta.
Encerrados allí, solos en lo oscuro, solo nos mirábamos.
Por un par de minutos solo bastaban los ojos .... pero sin darnos cuenta nuestros labios se unieron. El primer beso fue fácil, fue inconsciente, pero los otros no. Dar un beso es algo complicado, al menos para mí. Era mi primera vez. Iba a ser mi primera vez con una persona. Para el también era la primera vez, iba a ser su primera vez con otro hombre. En cualquier caso es algo difícil. Pero no existe dificultad que el amor no haga pedazos y más cuando el destino se encontraba jugando de mi lado, desde que Rubiera dijo lo del ciclón.
(En aquel cuarto habían muchas cosas. Cientos de cajas con cosas de abuelo. Miles de juguetes rotos de mi infancia, en fin las cosas que cualquiera pone un cuarto de desahogo para no verlas al menos por un buen tiempo. Hasta muebles. Estaba hasta ese sofá donde me acurrucaba desde que tenia menos años que dedos en una mano. El mismo donde me sentaron tantas veces castigado. Ese sofá que estuvo conmigo hasta el otro día en que lo encerraron en el cuartico por viejo y feo. Al parecer no se conformó y le pidió al destino una ultima oportunidad de tener en sus cómodos brazos al niño que había visto hacerse casi hombre. El deseo le fue concedido.)
Solo fue cuestión de otro par de minutos entregándonos miradas para entregarnos el uno al otro con una pasión por mi desconocida. Mis manos tocaban cada parte de su cuerpo, sus labios ahora besaban cada parte de mi alma.
Solo recuerdo que estaba en otra dimensión. En ese ínfimo espacio entre la locura y el juicio, allí donde nada importa y todo huele a rosas. Y entre el aire, sus dedos, el viento, su espalda, los truenos, el ritmo de sus caderas, los rayos, sus ojos .... me encontraba colgando del aire, apoyado en la nada y acariciado por Dios.
Fue la hora más corta y más larga. El instante más doloroso y sublime. Hasta hoy, el mejor momento de mi vida.
Hoy he arreglado la puerta. Al parecer solo le faltaba grasa. Tantos años de precaución y era solo eso ... poca grasa. Pero ya sé cual era el juego de su destino. Tantos años esperando ese bendito ciclón, ese dichoso aire, aquel tan bienvenido tirón.
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