Y si las hadas no llegan...

por José Martín Díaz

 

Ella  nació varón. Quiero decir que nació con cuerpo de varón, pero bien sabemos que los humanos no son lo que son sino lo que sus cuerpos; y que un cuerpo masculino exige ser hombre a toda alma equivocada.

Nació en el campo y le gustaban las flores, las muñecas, los ositos de juguetes, pero sólo podía tener  tirapiedras, camiones y escopetas. Sólo quería que lo dejaran en paz para mirar el arco iris, pero a donde quiera llegaban aquellas voces advirtiéndole: ¡Los varones no hacen esas cosas! ¡Los varones no hablan así!, los varones no ..., los varones no ...

Para él, nacer varón  era un castigo, entonces pensaba en lo feliz que sería en cuerpo de niña y quería encontrarse un hada buena que lo convirtiera. El hada no llegó y el supo de la misión de los machos en la tierra, de su deber de hombre ante la hembra. Como no podía creyó que él era lo peor.

Pensó que no tenía derecho a nada y que bastante bueno era el mundo con permitirle existir. Aprendió a vivir a ras del suelo, debajo de las botas y los cascos, pateado con burla y acusado de ser mancha de la familia, oveja perdida del rebaño, enemigo de la moral, monigote de otros muchachos, fruto inútil de su madre. Todo esto y la lástima. La humillante lástima de quienes lo querían.

Necesitaba una mirada amiga, una mano extendida, unas palabras de respeto. A cambió de eso estaba dispuesto a darlo todo. La vida a cambio de una migajita de amor. Lo peor fue que se convenció de que esto era justo, que él merecía poco y, por tanto, debía ofrecer más de lo que recibía. Así lo grabó y desde entonces cree que debe pagar con mil bondades el más insignificante gesto amistoso.

Al mismo tiempo, aquel cuerpo de varón en que vivía, floreció como una primavera y se hizo bello hasta dar ganas. La cara, hermosa como un sueño, quedaba sorprendida ante el espejo: tierno, dulce, precioso varón joven.

En aquel sitio de campo no sólo él se asombró de esta belleza. Las muchachas sabían que ellas no podían, los hombres sabían que ellos sí. Tras apartados y altos muros, conoció el sexo. Sexo de caricia trunca, de no me toque las nalgas, de te estoy haciendo un favor, de salir rápido después del orgasmo, de este pájaro de mierda me va a complicar la vida.

Pero él, que ya estaba acostumbrado a dar sin recibir, gozaba con hacer gozar, contento de ser solicitado al menos para algo. Luego conoció a otros como él, no importaba quienes eran. Él estaba en el fondo y nadie sería peor.

Un día, de golpe, cayó en esta ciudad llena de extraños. Tan pronto llegó fue en busca de sus iguales y vio que eran muchos y que le daban la bienvenida, que los pájaros hasta hacen fiestas y ríen en las calles, que todo es más fácil y menos triste.

Yo no nací mujer en cuerpo de varón. Yo nací varón que ama varones y sólo a ellos. Yo no busco a un hada que me convierta pues quiero ser hombre para mi hombre y a él debo gustarle tan hombre como soy.

Conocí a este príncipe venido del campo y era tan bello que no me importaron mucho sus gestos afeminados para llevármelo a la cama. No era para tomarlo en serio pero me enamoré.

Entonces quise cambiarlo. Me avergonzaba cuando en la calle lo miraban, quería atajar sus manos, apagar su voz, si no era hombre que fuese estatua, y él me obedecía como un corderito agradecido de mi amor. En la cama él  buscaba afanoso una pose masculina que lucirme pero todas le quedaban falsas. Se desesperaba, trataba de copiarme la manera de andar, se le ocurrió dejarse el bigote y parecía un bigote de mujer.

Ahora yo era lo mismo de lo que huyó, las voces de: Los varones no hacen esto, no miran así, no lloran. Otra vez sus muñecas y los  tirapiedras. ¡Y no se cansó!.

Cuando lo dejé, lloró en silencio y sin reproches, como quien se cree indigno. Supe que quiso morir  y fueron a consolarlo sus amigos pájaros, los marginales, los condenados, los que saben del horror de las tristes calles del abandono. Hicieron una fiesta y lo vistieron de mujer.

Hace poco iba con un vestido  rosa, pelo largo y labios de carmín, no me vio.

Fue grato imaginarme entonces, que tal vez hay hadas que son cirujanos, con varitas mágicas como bisturí.

* * * * * * * * * * 

NOTA: El término "Pájaro" se emplea como metáfora de "homosexual" y según el contexto puede ser coloquial o peyorativo


 

José Martín Díaz es un escritor latinoamericano con reconocido prestigio por su guiones para televisión y relatos breves de ficción de alta calidad, como el que nos ha aportado amablemente para la ISLA

martindiaz@infomed.sld.cu

 

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