Ella
nació varón. Quiero decir que nació con cuerpo de varón,
pero bien sabemos que los humanos no son lo que son sino lo que
sus cuerpos; y que un cuerpo masculino exige ser hombre a toda
alma equivocada.
Nació
en el campo y le gustaban las flores, las muñecas, los ositos
de juguetes, pero sólo podía tener
tirapiedras, camiones y escopetas. Sólo quería que lo
dejaran en paz para mirar el arco iris, pero a donde quiera
llegaban aquellas voces advirtiéndole: ¡Los varones no hacen
esas cosas! ¡Los varones no hablan así!, los varones no ...,
los varones no ...
Para
él, nacer varón era
un castigo, entonces pensaba en lo feliz que sería en cuerpo de
niña y quería encontrarse un hada buena que lo convirtiera. El
hada no llegó y el supo de la misión de los machos en la
tierra, de su deber de hombre ante la hembra. Como no podía
creyó que él era lo peor.
Pensó
que no tenía derecho a nada y que bastante bueno era el mundo
con permitirle existir. Aprendió a vivir a ras del suelo,
debajo de las botas y los cascos, pateado con burla y acusado de
ser mancha de la familia, oveja perdida del rebaño, enemigo de
la moral, monigote de otros muchachos, fruto inútil de su
madre. Todo esto y la lástima. La humillante lástima de
quienes lo querían.
Necesitaba
una mirada amiga, una mano extendida, unas palabras de respeto.
A cambió de eso estaba dispuesto a darlo todo. La vida a cambio
de una migajita de amor. Lo peor fue que se convenció de que
esto era justo, que él merecía poco y, por tanto, debía
ofrecer más de lo que recibía. Así lo grabó y desde entonces
cree que debe pagar con mil bondades el más insignificante
gesto amistoso.
Al
mismo tiempo, aquel cuerpo de varón en que vivía, floreció
como una primavera y se hizo bello hasta dar ganas. La cara,
hermosa como un sueño, quedaba sorprendida ante el espejo:
tierno, dulce, precioso varón joven.
En
aquel sitio de campo no sólo él se asombró de esta belleza.
Las muchachas sabían que ellas no podían, los hombres sabían
que ellos sí. Tras apartados y altos muros, conoció el sexo.
Sexo de caricia trunca, de no me toque las nalgas, de te estoy
haciendo un favor, de salir rápido después del orgasmo, de
este pájaro de mierda me va a complicar la vida.
Pero
él, que ya estaba acostumbrado a dar sin recibir, gozaba con
hacer gozar, contento de ser solicitado al menos para algo.
Luego conoció a otros como él, no importaba quienes eran. Él
estaba en el fondo y nadie sería peor.
Un
día, de golpe, cayó en esta ciudad llena de extraños. Tan
pronto llegó fue en busca de sus iguales y vio que eran muchos
y que le daban la bienvenida, que los pájaros hasta hacen
fiestas y ríen en las calles, que todo es más fácil y menos
triste.
Yo
no nací mujer en cuerpo de varón. Yo nací varón que ama
varones y sólo a ellos. Yo no busco a un hada que me convierta
pues quiero ser hombre para mi hombre y a él debo gustarle tan
hombre como soy.
Conocí
a este príncipe venido del campo y era tan bello que no me
importaron mucho sus gestos afeminados para llevármelo a la
cama. No era para tomarlo en serio pero me enamoré.
Entonces
quise cambiarlo. Me avergonzaba cuando en la calle lo miraban,
quería atajar sus manos, apagar su voz, si no era hombre que
fuese estatua, y él me obedecía como un corderito agradecido
de mi amor. En la cama él
buscaba afanoso una pose masculina que lucirme pero todas
le quedaban falsas. Se desesperaba, trataba de copiarme la
manera de andar, se le ocurrió dejarse el bigote y parecía un
bigote de mujer.
Ahora
yo era lo mismo de lo que huyó, las voces de: Los varones no
hacen esto, no miran así, no lloran. Otra vez sus muñecas y
los tirapiedras. ¡Y
no se cansó!.
Cuando
lo dejé, lloró en silencio y sin reproches, como quien se cree
indigno. Supe que quiso morir
y fueron a consolarlo sus amigos pájaros, los
marginales, los condenados, los que saben del horror de las
tristes calles del abandono. Hicieron una fiesta y lo vistieron
de mujer.
Hace
poco iba con un vestido rosa,
pelo largo y labios de carmín, no me vio.
Fue
grato imaginarme entonces, que tal vez hay hadas que son
cirujanos, con varitas mágicas como bisturí.
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NOTA: El término
"Pájaro" se emplea como metáfora de "homosexual"
y según el contexto puede ser coloquial o peyorativo
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