¿La
soledad?...Chico, si en esta obra se habla de distintos tipos de
soledades, hay una que me parece muy importante, pero no sé...
¿Aquí se puede hablar de maricones?...Vaya, tú dirás que yo
tenía que salir con eso, pero cuando te lo explique te vas a
dar cuenta.(TR) No vas a tener ningún problema, ahora el tema
casi es snob, que el ICAIC hiciera una película sobre el asunto
parece que fue el gran paso, casi se puede hablar de dos épocas,
antes y después de Fresa y Chocolate.(TR) Por cierto,
caballeros, eso de la fresa y el chocolate debe ser una metáfora
de Senel Paz, a casi todos los pájaros que yo conozco le gusta
el chocolate y supongo que haya quien no lo sea y le guste la
fresa. Parece una tontería, pero no estaría de más aclararlo,
porque no dudo que haya más de uno por ahí, privándose de su
sabor preferido por complejo. Ya en el Coppelia es difícil
verse en la disyuntiva realmente, pero los merolicos casi
siempre tienen justo los dos sabores del enigma. Porque ese no
es un enigma cualquiera, para los hombres cubanos, al menos, ese
es el enigma. ¿Fulano será o no será? Y fulano tiene que
demostrar su hombría porque eso sí que hay que dejarlo claro.
Como me día antes mi papá: ¡Cualquier cosa antes que tu hombría
quede en entredicho! ¡Imagínense ustedes! Si a cualquiera lo
ponen en entredicho que no quedará para mí. Yo tuve mis
noviecitas y eso, pero supongo que se notara la falta de
entusiasmo. Una vez oí a Fina, una vieja chismosa que vivía
detrás de mi casa preguntándole a mi novia— ¿Anita, y él
responde? ¡Ay, discúlpame la indiscreción m'ijita! Pero es
que a mi siempre me pareció que él tenía sus... problemitas
de personalidad. — En primera, yo no sé quien
dijo que ser maricón es tener problemas de personalidad,
pero además... ¿Qué le importaba a esa vieja si yo respondo o
no respondo? ¡No, y menos mal que no me lo preguntó a mí!,
Porque si no, para cumplir con lo orientado por mi papá me
hubiese tenido que acostar con Fina. (TR) Hay quien te dice con
tremendo orgullo: ¡A mí sí que no hay quien me haga un
cuento, porque yo tengo un ojo para eso...!. Y uno me dijo una
vez, que había una manera infalible de saber si un tipo era
homosexual, y era por la manera de mirarse las uñas. Quien lo
haga así (CON LA MANO CERRADA) Ese es macho, no tiene
problemas, pero quien lo haga así (CON LA MANO ABIERTA) Es
porque lleva en el alma la bayamesa. Ya les digo, sobre eso se
podría hacer un tratado. ¡Sería bueno investigar por qué a
la gente le pica tanto la curiosidad con este asunto!
A
esta edad a mí qué ¿no? Ya a mí me da lo mismo que se lo
pregunten como que se lo respondan. Pero eso no siempre fue así.
Cuando era niño me asustaba. ¡Me asustaba mucho! Sentía que
me estaban acechando por todas partes. Y les digo esto porque es
ahí donde quiero caer, ese es el tipo de soledad de que quiero
hablarles. Difícilmente haya alguien más solitario que un niño
varón al que le gustan los hombres. O una niña a la que le
gusten las hembras que es el mismo caso.
Eres...
como un pequeño espía en terreno enemigo, o peor, porque todavía
el espía pertenece a un bando, tiene una misión que le
explicaron, tú no, tú no sabes lo que tienes que hacer, ni por
qué tienes que esconderte. Tú sólo conoces a tus enemigos,
aquí apareciste de pronto, y aquí tienes que vivir fingiendo
sin saber el motivo, además no tienes a quien preguntarle nada,
porque en nadie confías y una pregunta fuera de lugar puede
traer sospechas. Para colmo nunca se habla de eso, es un tema
prohibido. En todas partes sólo se habla de heterosexuales: En
la familia, entre los amigos, en los libros, en la televisión,
las novelas... en fin, el mundo es de los heterosexuales, tú
eres como un infiltrado, una especie diferente.
Lo
único que oyes sobre el tema son cosas terribles. Tu mamá dice
que lo último que le puede pasar a una madre es que le salga un
hijo pájaro, y tu
papá que debían fusilar a unos cuantos a ver si los otros
escarmientan. Sientes que hasta las personas que más amor te
tienen, te están queriendo nada más que por el momento, hasta
que se enteren y dedicas todo tu esfuerzo a que ese momento se
demore lo más posible.
Me
pasé toda la infancia esperando la hecatombe, que además suponía
inevitable, yo pensaba que todos los homosexuales terminaban
como Pepe el Pato. No sé si te acuerdas de Pepe, seguro que sí
porque era todo un personaje, todos los muchachos se burlaban de
él. Mi papá me decía: Ten cuidado con Pepe el Pato no vaya a
querer tocarte, que de los maricones se puede esperar cualquier
cosa. Yo le huía, pero no era por eso, era que para mí ese
hombre era una pesadilla, era como verme yo mismo cuando
creciera. Porque como les digo, pensaba que todos los
homosexuales terminábamos así, los que no eran así, yo no sabía
que eran homosexuales.
Me
decía: Mañana voy a ser como Pepe el Pato y se van a burlar de
mí, esta misma gente que ahora me quiere se va a burlar de mí,
y no voy a tener amigos, ¿Porque quién va a ser amigo de un pájaro?
Me decía que por eso Pepe vivía solo, porque todo el mundo se
aleja, hasta la familia.
Una
vez, vi a Pepe llorando, yo iba con Jorgito, el de Petra, y
Jorgito dijo: Mira, si hasta llora como las mujercitas. ¡¿Es
que a nadie le conmovía lo que le pasaba a ese hombre?! La
gente tiene miedo a solidarizarse y que lo tilden de lo mismo,
hay que gritar: ¡Abajo los homosexuales! Para dejar bien claro
que uno no lo es. Yo nunca condené a Pepe, pero bien que me
callaba cuando otros lo hacían. Siempre tuve miedo de lo que
pudiera decir, tenía miedo de mis palabras, de mis gestos, de
mis ojos, de que me gustara un juguete y que fuera un juguete de
niña.
Hasta
le tenía miedo a los médicos, como decían que a los
homosexuales había que llevarlos al médico, yo pensaba que
ellos eran especialistas en detectarlos. Si me dolía algo
pensaba, mejor no lo digo, porque a lo mejor va y a los que les
duele ahí es a los homosexuales y por decirlo me descubren. ¡La
de malestares y dolores que aguanté pensando eso! A veces
entraba en tremendo dilema porque pensaba: a lo mejor por no
decir esto me muero y nadie se entera. (PAUSA). ¡Oigan, siempre
preferí morirme que ser descubierto! Mi papá decía que yo era
todo un hombrecito porque nunca me quejaba y había que estar
adivinándome las enfermedades. (IRÓNICO) Si él supiera... O
bueno, tal vez haya que ser todo un hombrecito para ser maricón
de niño. ¡Es demasiado el peso que hay que soportar sobre unos
hombros demasiado pequeños!
El
miedo a los médicos siguió después; todo el mundo hablaba de
las pruebas del Servicio Militar. Talmente parecía que en esas
pruebas, lo único que le importaba a la comisión médica, era
saber si tú eras homosexual. Me acuerdo que cuando fui por
primera vez, enseguida apareció el fantasma de la mariconería
entre todos los muchachos que íbamos. Decían que había una
clave secreta con la que los médicos advertían en tu planilla
que tú eras posible homosexual, y todos estaban muy preocupados
por saber en qué consistía tal clave, para saber si te la habían
puesto. Y al otro día las niñas preguntaban en el aula: ¿Y cómo
salieron en las pruebas del Servicio? Esta era una pregunta muy
capciosa, porque según se decía había tres categorías: Apto,
no apto, y dudoso, y esto era lo que querían saber las niñas:
si tú eras dudoso.
Pero
bueno, cuando esto ya era jovencito y estoy hablando de la
infancia. Cuando niño estos cuentos sobre las pruebas del
Servicio eran peores: Decían que te enseñaban fotos de hombres
y mujeres en cueros a ver con quien se te paraba, y sino, la
prueba infalible: meterte el dedo en el culo. ¡Que con esa sí
que no había quimbe! Así que me dije, que aún en el caso de
que lograra engañar a todos hasta esa fecha, llegado el momento
me harían la prueba del Servicio y todo se sabría. Me
imaginaba ahí, frente al dedo de la verdad. ¡Proclamado maricón
delante de todo el mundo! Botado de la escuela, los vecinos, la
cara de mi mamá y mi papá... (TR) O a lo mejor me llevaban
preso. Eso era otra cosa que pensaba, y no era por gusto, sino
por un cuento que oí cuando tenía como siete años. Es un
cuento cómico, de esos que se hacen.
Son
dos pájaros que están en una parada. Uno es machito pero el
otro una damisela. Entonces ven venir a un policía. El más
machito le dice al otro—Disimula que por ahí viene un
guardia—y este trata de componerse. El guardia llega y le
pregunta al menos plumífero. — ¿Usted que hace aquí?—
Nada guardia, esperando la guagua—entonces el policía se vira
para el otro y le pregunta— ¿Y usted, qué hace?—El más pájaro
recoge todas las plumas y le responde—Nada guardia, aquí, con
mi marido. ¡Y ha los dos se los llevan presos! (RIE). El cuento
es cómico realmente, casi todos los cuentos de pájaros son cómicos...
Pero cuando yo lo oí a esa edad ¡Me dio terror! Me dije que
entonces, ser homosexual no era solamente condenable, sino algo
por lo cual me podían meter preso... ¡A los siente años me
creía todo un prófugo de la justicia!
Cuento
estas cosas, porque la gente siempre olvida que el niño gay
tiene muchas preguntas y como no tiene como averiguar lo deduce
todo por sí mismo. Porque hay una gran paradoja en esto que decía
que todo el mundo quiere saber, resulta que los padres del niño,
que son a fin de cuentas los que debían averiguar para
ayudarlo, esos nunca quieren enterarse de nada. ¡Hasta se
ofenden! ¡Mi hijo! ¡Que va! ¡Que se atreva alguien a decirme
que mi hijo!...
Los
padres siempre se enteran al final, cuando ya todo está
resuelto, cuando haz conseguido asumirte. Tienes que asumirte
porque sino no puedes vivir. Unos lo logran de la mejor manera,
otros de la peor, pero si no te asumes ya no puedes respirar.
Por
eso no tengo nada en contra de las locas de esquina, tal vez no
encontraron otra salida ¡sin poder preguntar y sin mapa,
cualquiera se pierde! Si yo hice lo mejor que se podía, fue
porque me puse de suerte, porque dio la casualidad que lo que se
me ocurrió era oportuno... Fue duro para mí tomar
determinaciones pero ya respiro con libertad. Con Mario hasta
ahora me va bien. Y mi mamá y mi papá hasta se llevan de lo
mejor con él. Mi papá siempre lo está buscando para que lo
ayude con sus líos de la mecánica.
Mario
también les hubiera podido contar cosas de su infancia. Una vez
se tuvo que dejar manosear por vecino, aparentemente muy
decente, que lo amenazó con decirle a sus padres que él era
homosexual si no se dejaba.
Si
yo fuera escritor haría un libro con estas cosas, a ver si por
fin la gente entiende. Ya yo pasé lo peor, pero me duele saber
que hay muchos niños ahora, pasando por lo mismo, sin que
siquiera sus padres lo imaginen. Y yo, que ya sé como es, que
podría decirles, no tengo manera de llegar a ellos y
explicarles. Pienso que era bueno que hablar de esto en tu obra.
Yo no creo que la gente sea mala, lo que pasa es que no sabe.
Tal vez haya quien se moleste con lo que he dicho, pero habrá
muchos que al menos en su corazón te van a aplaudir.
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NOTA: El término
"Pájaro" se emplea como metáfora de "homosexual"
y según el contexto puede ser coloquial o peyorativo
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