Antes
de viajar a los Estados Unidos una tía de cariño me regaló una caja de
leche Gloria, esas antiguas de 48 latas, repleta de libros. Ella conocía
mi fascinación por la lectura, de hecho es gracias a ella que empieza este
gusto insaciable. Decide entonces regalarme esta caja. Recuerdo
perfectamente haber llegado a mi casa, haberme metido en un cuarto vacío,
sentarme sobre el piso con la caja delante y abrirla con una expectativa
como la que seguro siente un buscador de tesoros al encontrar el baúl
ansiado.
El interior estaba compuesto por una serie de libros de distinto
tipo. Habían algunos sobre problemática social, otros eran novelas cortas
o largas, había un libro sobre los nacidos bajo el signo de Escorpión mi
signo y el de ella, y dentro de toda esta amalgama bibliológica encuentro
un ensayo grueso titulado Comportamiento Homosexual entre
Varones.
Aún
hoy no tengo claro si el libro llegó a esta caja por asuntos del azar o
por un criterio acertado de parte de esta tía querida. No importa ahora,
como no importó en aquel entonces. Tenía el libro en mis manos y veía la
posibilidad de despejar todas mis interrogantes. Empecé la lectura. No quería
hacerlo en casa para que mis padres no
sospecharan.
En
el libro se hablaba sobre muchos aspectos de la homosexualidad. Hubo todo
un capítulo dedicado a los griegos, otro al Cristianismo como factor
determinante en el proceso de segregación, se hablaba de los monos y sus
relaciones homosexuales, así como también de algunas tribus africanas en
las que los adolescentes se convierten en hombres solo después de haber
sido penetrados por alguien mayor, una especie de Huarachico (salvando las
diferencias).
Se habló sobre el asunto legal en algunos estados de los
Estados Unidos y de como en muchos de ellos las leyes habían evolucionado
hasta convertirse en algo más permisivas. Pero básicamente se hacía
hincapié y se explicó claramente que la homosexualidad no era una
enfermedad, que era simplemente una forma de
ser.
Que
los homosexuales no eran seres de otros planetas y que tenían derecho a
vivir sus vidas sin esconderse ni temer represalias de parte de la gente.
Por primera vez entendí que lo que estaba experimentando no eran
sensaciones propias de un enfermo o un degenerado. Entendí que podía ser
homosexual y ser feliz a la vez. Entendí que mi vida iba a ser diferente a
la de mis amigos pero parecida a la de muchos
otros.
Leía
en los micros y combis como siempre lo he hecho. Llevaba el libro al
colegio y a la academia. Recuerdo perfectamente estar dando un examen de
Matemáticas cuando al levantar la vista veo la mirada del profesor
apuntando hacia el suelo y aquella sonrisa cómplice. Seguí el curso de su
mirada y me encontré con que el libro había salido de mi mochila y se
exponía tranquilamente a la vista del profesor. Sólo me quedó sonreír y
meter nuevamente el libro a la maleta. En la academia mis compañeros y
algunos profesores sabían de este libro.
Al
final del ciclo, dos días antes de la prueba de ingreso, en la fiesta
organizada por la academia, un profesor borracho se me acerca y me
pregunta si soy homosexual. Le dije que no, y experimenté por primera vez
en mi vida esa sensación de estar traicionándome a mí mismo al negarme.
"Qué bueno" –dijo- "si las chicas son tan ricas."
-agregó.
No
entendí que lo que estaba esperando que contestara era "Sí soy
homosexual", no entendí que me estaba abordando, buscando una posibilidad,
no entendí que en ese instante él necesitaba tanto o más que yo, el
libro
que estaba leyendo.
Comprendí
que no era el único. Y por primera vez, después de un año de
sufrimiento y confusión, pude decir para mis adentros "Soy
homosexual".
Tengo
que admitir que tuve suerte. No sé cuanto tiempo más me hubiese tomado
aceptarme como homosexual. Sin embargo no todos tienen la misma suerte.
Para
muchos el proceso de aceptación es largo y en algunos casos nunca acaba.
Para otros supone tal
conflicto
que necesitan después ir al psicólogo, recuperar la autoestima, quererse
y respetarse más. La vida de un homosexual no es más difícil que la de
cualquiera. Aunque oigo repetir esto con cierta regularidad entre la misma
gente homosexual.
La vida de un homosexual puede
empezar siendo complicada, pero superado este proceso cada quien se
encarga de forjarse un futuro y sentirse feliz.
El problema está en no poder
superar el proceso de aceptación. Conozco gente que lamenta haberse
demorado demasiado tiempo en aceptarse y comprender, tardíamente, que
muchos de sus conflictos pudieron ser superados con un poco de
información y fuerza de voluntad.
Ahora
que reflexiono me pregunto si estamos haciendo lo suficiente para que
muchos adolescentes confundidos puedan encontrar la luz del entendimiento
y dejen de lamentarse por su suerte y empiecen a hacer algo por sus
vidas.
Duncan
Idaho