EL LIBRO PRIMERO

 
El proceso de aceptación de cualquier homosexual no siempre es el mismo. Se da bajo diferentes circunstancias y por razones diversas. En mi caso, por ejemplo sucedió a los 15 años a raíz de la lectura de un libro que llegó a mis manos por una cuestión de azar. Es eso lo que creo. 
 

Antes de viajar a los Estados Unidos una tía de cariño me regaló una caja de leche Gloria, esas antiguas de 48 latas, repleta de libros. Ella conocía mi fascinación por la lectura, de hecho es gracias a ella que empieza este gusto insaciable. Decide entonces regalarme esta caja. Recuerdo perfectamente haber llegado a mi casa, haberme metido en un cuarto vacío, sentarme sobre el piso con la caja delante y abrirla con una expectativa como la que seguro siente un buscador de tesoros al encontrar el baúl ansiado.

 El interior estaba compuesto por una serie de libros de distinto tipo. Habían algunos sobre problemática social, otros eran novelas cortas o largas, había un libro sobre los nacidos bajo el signo de Escorpión mi signo y el de ella, y dentro de toda esta amalgama bibliológica encuentro un ensayo grueso titulado Comportamiento Homosexual entre Varones.

Aún hoy no tengo claro si el libro llegó a esta caja por asuntos del azar o por un criterio acertado de parte de esta tía querida. No importa ahora, como no importó en aquel entonces. Tenía el libro en mis manos y veía la posibilidad de despejar todas mis interrogantes. Empecé la lectura. No quería hacerlo en casa para que mis padres no sospecharan. 

En el libro se hablaba sobre muchos aspectos de la homosexualidad. Hubo todo un capítulo dedicado a los griegos, otro al Cristianismo como factor determinante en el proceso de segregación, se hablaba de los monos y sus relaciones homosexuales, así como también de algunas tribus africanas en las que los adolescentes se convierten en hombres solo después de haber sido penetrados por alguien mayor, una especie de Huarachico (salvando las diferencias).

 Se habló sobre el asunto legal en algunos estados de los Estados Unidos y de como en muchos de ellos las leyes habían evolucionado hasta convertirse en algo más permisivas. Pero básicamente se hacía hincapié y se explicó claramente que la homosexualidad no era una enfermedad, que era simplemente una forma de ser. 

Que los homosexuales no eran seres de otros planetas y que tenían derecho a vivir sus vidas sin esconderse ni temer represalias de parte de la gente. Por primera vez entendí que lo que estaba experimentando no eran sensaciones propias de un enfermo o un degenerado. Entendí que podía ser homosexual y ser feliz a la vez. Entendí que mi vida iba a ser diferente a la de mis amigos pero parecida a la de muchos otros.

Leía en los micros y combis como siempre lo he hecho. Llevaba el libro al colegio y a la academia. Recuerdo perfectamente estar dando un examen de Matemáticas cuando al levantar la vista veo la mirada del profesor apuntando hacia el suelo y aquella sonrisa cómplice. Seguí el curso de su mirada y me encontré con que el libro había salido de mi mochila y se exponía tranquilamente a la vista del profesor. Sólo me quedó sonreír y meter nuevamente el libro a la maleta. En la academia mis compañeros y algunos profesores sabían de este libro.

Al final del ciclo, dos días antes de la prueba de ingreso, en la fiesta organizada por la academia, un profesor borracho se me acerca y me pregunta si soy homosexual. Le dije que no, y experimenté por primera vez en mi vida esa sensación de estar traicionándome a mí mismo al negarme. "Qué bueno" –dijo- "si las chicas son tan ricas." -agregó.

No entendí que lo que estaba esperando que contestara era "Sí soy homosexual", no entendí que me estaba abordando, buscando una posibilidad, no entendí que en ese instante él necesitaba tanto o más que yo, el libro que estaba leyendo. 

Comprendí que no era el único. Y por primera vez, después de un año de sufrimiento y confusión, pude decir para mis adentros "Soy homosexual". 

Tengo que admitir que tuve suerte. No sé cuanto tiempo más me hubiese tomado aceptarme como homosexual. Sin embargo no todos tienen la misma suerte. 

Para muchos el proceso de aceptación es largo y en algunos casos nunca acaba. Para otros supone tal conflicto que necesitan después ir al psicólogo, recuperar la autoestima, quererse y respetarse más. La vida de un homosexual no es más difícil que la de cualquiera. Aunque oigo repetir esto con cierta regularidad entre la misma gente homosexual. 

La vida de un homosexual puede empezar siendo complicada, pero superado este proceso cada quien se encarga de forjarse un futuro y sentirse feliz.

 El problema está en no poder superar el proceso de aceptación. Conozco gente que lamenta haberse demorado demasiado tiempo en aceptarse y comprender, tardíamente, que muchos de sus conflictos pudieron ser superados con un poco de información y fuerza de voluntad. 

 Ahora que reflexiono me pregunto si estamos haciendo lo suficiente para que muchos adolescentes confundidos puedan encontrar la luz del entendimiento y dejen de lamentarse por su suerte y empiecen a hacer algo por sus vidas. 


Duncan Idaho

 

 

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