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En defensa de los gays
Mi madre se va a molestar conmigo por decir esto,
pero lo siento por ella: yo defiendo a los gays. Nada tiene de malo que dos
personas de un mismo sexo se amen. Los gays han sufrido y todavía sufren una
discriminación muy injusta. Yo los defiendo. Yo estoy con ellos.
El amor
es una maravilla y hay que celebrarlo siempre. Yo estoy a favor de que las
personas sean felices y vivan el amor. La vida es una aventura incompleta si uno
no encuentra nunca el amor. Y el amor tiene muchas manifestaciones, siendo el
amor homosexual una de ellas. El amor entre dos personas de un mismo sexo es tan
legítimo y respetable como el amor heterosexual.
Algunas personas
condenan a los gays. Es una pena. Los argumentos que usan para oponerse a los
gays suelen ser los siguientes: la homosexualidad es antinatural; ofende a Dios;
constituye une enfermedad que debe ser curada; amenaza con destruir a las
familias; no es una expresión de amor sino de lujuria pervertida; atenta contra
la reproducción de la especie; y es una desviación moral
inaceptable.
 Todos esos
argumentos son falsos. Ser gay es
perfectamente natural. Alguna gente nace así. Lo natural es lo que ocurre sin
forzar las cosas, en armonía con la naturaleza. Muchas personas, desde pequeñas,
sienten una atracción natural por otras personas de su mismo sexo. Eso ha
ocurrido siempre y seguirá ocurriendo. Yo tengo amigos gays. He conversado con
ellos. Muchos se han sentido gays desde niños. Lo antinatural sería obligarlos a
estar con una mujer, a violentar sus deseos. Si las mujeres no les gustan, ¿por
qué los vamos a forzar a acostarse con ellas o a vivir en absoluta castidad? Eso
sería una crueldad. Ellos también tienen derecho a ser felices y amar. Eso es lo
natural.
Ser gay no ofende a Dios. La iglesia católica dice que la
tendencia homosexual no es un pecado pero que la práctica sí lo es. Es decir:
que los gays deben reprimir su sexualidad y vivir en abstinencia. Según una
carta oficial del Papa, la homosexualidad "es una conducta intrínsecamente mala
desde el punto de vista moral" y los actos homosexuales "no forman parte de una
vida afectiva complementaria y sexualmente auténtica". Con todo respeto, no
estoy de acuerdo con su santidad. Dios quiere que seamos felices y vivamos el
amor. Dios es amor. Si dos personas se aman y son felices, honran a Dios y a la
vida misma. Dios ha creado también a los gays y ellos tienen derecho a ser
felices y amar a su manera. No es verdad que una pareja gay no pueda ser
plenamente feliz. Hay muchísimos casos que confirman que los gays pueden vivir
un amor de pareja tan complementario y auténtico como el de las parejas
heterosexuales.
Los gays no están enfermos. Hace ya mucho tiempo que los
médicos dejaron de considerar a la homosexualidad como una enfermedad. No
sabemos si las personas nacen gays o se hacen gays. Yo creo que algunas nacen y
otras se hacen. Pero eso da igual. Lo importante es que hay personas gays y que
ellas son felices así. ¿Por qué deberían cambiar? Eso es un disparate. Nadie
debería cambiar su manera natural de ser, de vivir, de expresar el amor, siempre
que así sea feliz y no le haga daño a nadie. Que cambien los que quieran, los
que no se sientan cómodos con su tendencia gay; y que no cambien los que son
felices siendo gays. Pero es absurdo pedirles a los gays que se curen porque
están enfermos. Los gays no están enfermos: están muy sanos y casi todos muy
contentos.
Ser gay no amenaza a las familias ni a nadie. Si tratamos a
los gays con cariño, ninguna familia se va a destruir. Lo que destruye a las
familias es la mentira, la hipocresía, la duplicidad moral. Lo que hace daño es
que los gays se escondan bajo el manto protector de una familia heterosexual,
sólo para salvar las apariencias, y que lleven una vida homosexual clandestina y
avergonzada. Eso sí es inmoral y suele hacer daño. Pero que los gays puedan
vivir libres y felices, ¿qué daño hace a las familias heterosexuales?
Ninguno.
Que aceptemos que los gays existen y tienen derecho a ser
felices no hará que más o menos personas sean gays. Ninguna persona heterosexual
se va a convertir en gay sólo por tener amigos gays y tratarlos con cariño. No
hay que tenerle miedo a la diversidad. Viva la diferencia.
Los gays no
son pervertidos o promiscuos por naturaleza. Hay gays pervertidos y promiscuos
como hay heterosexuales pervertidos y promiscuos. Ser gay no hace a una persona
mejor o peor. Yo conozco gays cultos, sensibles y encantadores, y también
conozco gays ignorantes, vulgares y detestables. El hecho mismo de ser gay no
define el contenido moral de una persona, su conducta y sus valores. Es
perfectamente posible que una mujer o un hombre gay lleve una vida decente y
admirable. Nadie está condenado a ninguna perversión sólo por sentir deseos
hacia una persona de su mismo sexo, así como nadie está a salvo de llevar una
vida sexual impresentable sólo por sentir una atracción hacia el sexo
opuesto.
La sexualidad debería ser idealmente una expresión del amor. Y
la relación ideal de pareja, gay o straight, debería ser una en la que no haya
mentiras ni infidelidades. Dentro de eso, cabe todo en el amor: lo único que
importa es que las personas adultas se amen, sean felices, no se mientan y no le
hagan daño a nadie. Es cierto que algunos gays son muy promiscuos, pero eso
parecería ser una consecuencia de que viven su sexualidad a escondidas, con
vergüenza. Cuando una persona gay se atreve a vivir
su sexualidad libremente,
sin complejos, lo sano -casi diría lo natural- es que aspire a una relación de
pareja y no a una vida promiscua. Pero, por último, si una persona quiere tener
una vida sexual muy activa y acostarse con mucha gente, es problema de ella. Eso
no depende de su identidad sexual sino de su moral personal.
La humanidad
no va a desaparecer si aprendemos a tratar con cariño a los gays. Los
heterosexuales continuarán siendo la mayoría. La gente seguirá teniendo hijos.
Es absurdo pensar que si dejamos de discriminar y humillar a los gays, si
empezamos a tratarlos simplemente como a personas normales, todos nos vamos a
convertir en gays y la especie se extinguirá en unas décadas. Lo normal y
natural es que nazcan más heterosexuales que homosexuales, y eso no va cambiar
si aprendemos a ser tolerantes y justos con los gays.
Por último, ser gay
no es inmoral. ¿En nombre de qué moral se condena la homosexualidad? Yo no
acepto que mi sentido de la moral, de lo que está bien y lo que está mal, me lo
dicten otras personas. Cada uno sabe, en el fondo de su corazón y su conciencia,
lo que está bien y lo que está mal. Y yo honestamente creo que es inmoral
decirle a una persona homosexual que no puede expresar sus sentimientos, que
debe renunciar al amor, que debe vivir una vida amargada, reprimida,
avergonzada. Yo creo que es inmoral condenar a alguien a la infelicidad en
nombre de una moral intolerante y cruel. Lo inmoral no es ser gay: lo inmoral es
despreciar a los gays y negarles la posibilidad del amor.
Lamento
discrepar con mi madre en este tema. Yo la quiero muchísimo pero también
defiendo, respeto y quiero a los gays. Allí radica, querida mamá, el gran
desafío del amor: aprender a querernos a pesar de nuestras
diferencias.
Jaime
Bayly |