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CAPITULO
36
Cuando
acabó de hablar, se presentaron cuatro danzarines y, al compás de la
música, levantaron la tapa del piso superior del repositorio. Esta
operación nos permitió ver debajo (en otro plato) pollos cebados y
ubres de marrana!. En el centro había una liebre decorada con alas
para que pareciese un Pegaso. También notamos en las esquinas del
repositorio cuatro Marsias (1) con odrecillos que vertían
garo (2) con pimienta sobre unos pescados que parecían nadar en un
canal. A iniciativa de la servidumbre, aplaudimos y atacamos con alegría
estos exquisitos manjares.
Trimalción,
no menos contento también de su artificio, ordenó:
-¡Corta!-
y al punto se acercó el escudero trinchante, quien cortó la carne
acompasando sus movimientos con la música. Hacía pensar en un
esedario que luchaba al son de un órgano hidráulico y Trimalción no
cesaba de repetir, alargando las sílabas:
-iCorta,
corta!
Tanto
repetía esta palabra que sospeché que se escondía allí alguna
broma. Sin empacho pedí información al vecino de mi izquierda, quien
otras veces ya había presenciado
esta
clase de juegos.
-Mira
-me explicó-, la persona que corta la carne se llama Carpo. Así, al
decir: ¡Corta!, con la misma palabra llama a este esclavo y le
ordena.
CAPITULO
37
Como
ya no me entraba un solo bocado más, me volví hacia mi vecino para
sonsacarle todo lo posible, empezando por lo que se contaba de su
pasado. Pregúntele quién era una mujer que iba de un lado a otro sin
descansar.
-
Es
la mujer de Trimalción -respondió-. Se llama Fortunata, y no es para
menos, pues su dinero lo cuenta por modios . Y no hace mucho tiempo ¿qué
era ella? Tu Genio me perdonará, pero te habría dado pena aceptar un
pan de su mano. Ahora, sin que sepamos ni cómo ni por qué, está en
la gloria y es la factótum de Trimalción.
Basta
que ella le diga que es de noche en pleno día para que él lo crea.
Él mismo no sabe lo que posee, tan opulento es. Pero esta zorra tiene
los ojos puestos en todo y está presente donde menos te lo esperas.
No come ni bebe mucho y es de gran iniciativa.
Ahí
donde la ves, vale su peso en oro. Pero es tan mala lengua como una
urraca de almohada: a quien estima lo mima de veras, pero a quien no,
lo detesta de alma. Las fincas de Trimalción son tan grandes
cuanto vuelan los milanos. Tiene una enorme riqueza. Hay más plata en
el recinto de su portero que en el tesoro de cualquiera de nosotros.
En lo que atañe a sus esclavos -¡ayayay! ¡Hércules me es
testigo!-, no creo que la décima parte de ellos conozca a su patrón.
Para resumir, te diré que es capaz de meter en una hoja de ruda
a cualquiera de los babiecas
que aquí ves.
CAPITULO
38
Y no
vayas a creer que él necesite hacer compras, pues todo le crece en
sus propiedades: lana, cedros, pimienta. Si buscas leche de gallina,
aquí la puedes encontrar. Un ejemplo: como la lana que producía no
era de su agrado, ha comprado carneros de Tarento, y los ha cruzado
con su rebaño. Para obtener en sus tierras miel ática, ha importado
abejas de Atenas. Al mismo tiempo mejoró las vernáculas porque se
cruzaron con la abejas griegas.
A
propósito, hace unos días ha pedido por escrito a la India un envío
de esporas de agárico. Si se trata de mulas, todas las que tiene son
nacidas de onagros. Fíjate cuantos cojines hay aquí: no hay uno que
no esté relleno de lana púrpura o escarlata. En esto consiste su máxima
felicidad. Y cuidado con menospreciar a estos otros libertos. Ellos
también tienen mucho jugo. Mira a aquel que está recostado en el
sitio inferior del lecho inferior: hoy en día debe tener ya
sus ochocientos mil sestercios, y ha salido de la nada. No hace mucho
su ocupación era cargar leña en su lomo. No sé nada, sólo he
escuchado, pero la gente dice que logró agarrar el píleo (4)
de un íncubo y encontrar así un tesoro. No
envidio
a nadie los dones de los dioses, pero este tiene fresca la bofetada y
no está dispuesto a que le vaya mal.
Recientemente
expuso el siguiente letrero: «Cayo Pompeyo Diógenes, por haberse
comprado una casa, alquila su desván a partir de las calendas de
julio» . Y aquel otro que está echado en el sitio del libertino, ¡qué
vida la que se ha dado! y no se lo reprocho porque, después de haber
visto hasta un millón de sestercios, ha caído en la miseria. No creo
que tenga libre de hipoteca un solo pelo suyo. Y, por Hércules, que
no fue por su culpa. No hay hombre mejor que él, pero son los
canallas de sus libertas los que se han aprovechado de todo. Aprende
esto: nunca se cocina bien en la cacerola de los socios, y los amigos
desaparecen cuando la situación empieza a decaer.
Así como lo ves,
antes se
dedicaba
a un negocio muy decente pues era empresario de pompas fúnebres. Solía
cenar como un rey: jabalíes con su gausapa, prodigios de pastelería,
aves de toda clase, cocineros panaderos... Debajo de su mesa corría más
vino que el que cualquiera de nosotros posee en su bodega. Un sueño,
no un hombre. Cuando sus negocios bajaron, y como tenía miedo de que
sus acreedores se diesen cuenta de lo mal que le iba, anunció una
subasta que decía: «Cayo
Julio Próculo rematará lo superfluo de su mobiliario.»
CAPITULO
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Trimalción
interrumpió tan entretenida plática. Ya habían retirado el primer
servicio, y los comensales,
eufóricos,
empezaron a echar mano del vino y a comentar historias.
Aquel,
reclinándose en el codo, nos dijo:
-Vosotros
debéis suavizar este vino. Los peces están hechos para nadar ¿Creéis,
por ventura, que me contento con serviros lo que habéis visto en los
compartimientos del repositorio? «¿Es así cómo conocéis a Ulises?
(5)» A ver, vamos, ¿qué es esto? Aun en las cenas hay que acordarse
de la erudición. Mi patrón, que en paz descansen sus huesos, quiso
hacer de mí un hombre sobresaliente. Nadie puede sorprenderme con
novedades: aquel plato os ha dado la prueba (pues requiere una
explicación). Este cielo, habitado por doce dioses, se nos presenta
bajo otras tantas formas, y aquí lo vemos como Aries. Los nacidos en
este signo tienen muchos rebaños y mucha lana, pero además, la
cabeza
dura, la frente sin vergüenza y el cuerno puntiagudo (6). En este
signo nacen la mayor parte de los gramáticas y de los testarrones.
Alabamos
a nuestro astrólogo por su fino humor, y prosiguió:
-
Después
todo el cielo se transforma en el querido Tauro: y entonces nace la gente chúcara, los yugueros y los que pacen sin pastores. En Géminis
nacen los caballos de biga, los bueyes de yugo , los cojones y los que
se frotan en ambas paredes. En Cáncer nací yo. Por eso me sostengo
en muchos pies ya que tengo muchas propiedades en mar y tierra, pues
en ambos elementos el cangrejo se las apaña
bien.
Esta es la razón por la que antes no puse nada sobre este signo: no
quiero parecer pedigüeño a mi estrella. En Leo nacen los tragones y
los autoritarios . En Virgo, los afeminados, los fugitivos y los que
llevan grillos en los pies. En Libra, los carniceros, los perfumistas
y todos los que venden al peso. En Escorpio, los envenenadores y los
asesinos. En Sagitario, los bizcos: los que miran la verdura y cogen
el tocino. En Capricornio, los atormentados, a los que por su mal
genio les nacen cuernos. En Acuario, los taberneros
y los calabazas En Piscis, los cocineros y los rétores. De
esta manera el orbe gira como una rueda de molino, ejerciendo siempre
su maleficio tanto en el nacimiento como en la muerte de los humanos.
En cuanto al césped que veis en el centro y al panal colocado sobre
él, sabed que no hago nada sin intención. En el centro está la
madre Tierra, redonda como un huevo. Todo lo bueno, como aquel panal,
está contenido en ella.
CAPITULO
40
i
Bravo! gritamos todos y, levantando las manos al techo, juramos que
Hiparco y Arato no valían nada
en
comparación suya.
Mientras
tanto, unos sirvientes que habían entrado colocaron en los lechos
frazadas con bordados de redes, cazadores con venablos y todo un
equipo de montería. Todavía no sabíamos qué suposiciones hacer
cuando, de pronto, un gran alboroto se alzó a la puerta del
triclinio, y he aquí que una jauría de perros laconios irrumpió
metiéndose hasta debajo de la mesa.
Cuando
se fueron, se trajo un repositorio sobre el que iba un jabalí de lo más
descomunal y con un píleo por añadidura. De sus colmillos pendían
dos canastillas de palma, una con dátiles cariotas y otra con dátiles
tebaicos. Alrededor la bestia tenía unos lechoncitos de mazapán en
posición de mamar, para dar a entender que se trataba de una hembra.
Los lechones, por supuesto, nos fueron distribuidos como recuerdos.
Además
contaré que, para cortar el jabalí, no vino aquel: Carpo que
despedazó los pollos cebados, sino un gran barbudo con las
pantorrillas ceñidas con correas y envuelto en un multicolor manto de
caza. Desenvainó éste un cuchillo de caza, lo clavó con fuerza en
las costillas del jabalí, y varios tordos escaparon volando del
corte.
Unos
pajareros con sus varetas ya estaban preparados para esto, y al
instante atraparon las aves que revoloteaban en el triclinio. Trimalción
ordenó damos un pájaro a cada uno.
-Mirad
-decía- las finísimas bellotas con que se alimentaba este cerdo
salvaje.
Seguidamente
los esclavos tomaron las canastillas que colgaban de los colmillos y
distribuyeron a los comensales porciones iguales de dátiles cariotas
y tebaicos.
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(1)
En casi todos los foros se levantaba una estatua de Marsias en actitud
de bailar que llevaba un odre de vino en el hombro. Era el símbolo de
la plena libertad del derecho de ciudad o de ciudadanía romana.
(2)
Salsa muy empleada por los romanos. Se desmenuzaban y emulsionaban las
entrañas de un pescado (atún o caballa). Se fermentaba al sol y
después se colaba. Resultaba una salsa fuerte, ácida y de olor
nauseabundo. Con otros ingredientes y maneras de preparar el garo, se
obtenían
innumerables
tipos de esta salsa. El nuoc-man indochino se parecería mucho al
garo.
(3)
«Carpe», en latín, es, al mismo tiempo, el imperativo de «carpere»
(cortar) y el vocativo de Carpus. «¡Carpe, Carpe!» puede significar
«¡Corta, Carpo!». Por otra parte, «concide, imagire» «<corta,
cocinero») parece haber sido la exclamación usual que pronunciaba el
«pronubus» al subir
al
altar de Venus (Cfr. Lampridio, «Heliogábalo»).
(4)
Creencia popular. El pileo es un gorro ritual, generalmente de
fieltro. Lo llevaban los recién nacidos, los pontífices, los flámines
y los esclavos al momento de su liberación. Los íncubos también lo
llevaban. Trimalción ofrece a sus invitados un jabalí con pileo por
haber sido dejado "libre" el animal el día anterior (caps.
40, 41).
(5)
Ulises es el prototipo de taimado y astuto. la frase es dicha por
Laoconte en la Eneida (2,44).
(6)
En el sentido de valiente, no de cornudo.
(7)
En sentido obsceno. Nosotros diríamos: «los de doble filo» o los
que «lo hacen a pelo y a pluma».
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