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En primer lugar, pues,
como digo -me contó Aristodemo-, comenzó a hablar Fedro, haciendo ver,
más o menos, que Eros era un gran Dios y admirable entre los hombres y
los Dioses por muchas otras razones, pero fundamentalmente por su
nacimiento.
- Pues ser con mucho
el Dios más antiguo, dijo, es digno de honra y he aquí la prueba de
esto: padres de Eros, en efecto, ni existen ni son mencionados por nadie,
profano o poeta. Así, Hesíodo afirma que en primer lugar existió el
Caos
y luego
la Tierra de amplio seno, sede siempre segura de todos, y Eros. Y con
Hesíodo está también de acuerdo Acusilao [20] en que, después del
Caos, nacieron estos dos, Tierra y Eros. Y Parménides, a propósito de su
nacimiento, dice:
De todos los dioses concibió primero a Eros.
Así pues, por muchas
fuentes se reconoce que Eros es con mucho el más antiguo. Y de la misma
manera que es el más antiguo es causa para nosotros de los mayores
bienes. Pues yo, al menos, no sabría decir qué bien para uno recién
llegado a la juventud hay mayor que un buen amante y para un buen amante
que un buen amado. Lo que, en efecto, debe guiar durante toda su vida a
los hombres que tengan la intención de vivir noblemente, esto, ni el
parentesco, ni los honores, ni la riqueza, ni ninguna otra cosa son
capaces de infundirlo tan bien como el amor. ¿Y qué es esto que digo?
La
verguenza ante las feas acciones y el deseo de honor por lo que es noble,
pues sin estas cualidades ni una ciudad ni una persona particular pueden
llevar a cabo grandes y hermosas realizaciones. Es más, afirmo que un
hombre que está enamorado, si fuera descubierto haciendo algo feo o
soportándolo de otro sin defenderse por cobardía, visto por su padre,
por sus compaañeros o por cualquier otro, no se dolería tanto como si
fuera visto por su amado.
Y esto mismo observamos tambien en el amado, a
saber, que siente extraordinaria vergüenza ante sus amantes cuando se le
ve en una acción fea. Así, pues, si hubiera alguna posibilidad de que
exista una ciudad o un ejercito de amantes y amados [21], no hay mejor
modo de que administren su propia patria que absteniéndose de todo lo feo
y emulándose unos a otros. Y si hombres como ésos combatieran uno al
lado de otro, vencerían, aun siendo pocos, por así decirlo, a todo el
mundo.
Un hombre enamorado, en efecto, soportaría sin duda menos ser
visto por su amado abandonando la formación o arrojando lejos las armas,
que si lo fuera por todos los demás, y antes de eso preferiría mil veces
morir. Y dejar atrás al amado o no ayudarle cuando esté en peligro ...
ninguno hay tan cobarde a quien el propio Eros no le inspire para el
valor, de modo que sea igual al más valiente por naturaleza. Y es
absolutamente cierto que lo que Homero dijo, que un Dios 'inspira valor'
en algunos héroes, lo proporciona Eros a los enamorados como algo nacido
de sí mismo.
Por otra parte, a morir por otro están decididos
únicamente los amantes, no sólo los hombres, sino también las mujeres.
Y de esto también la hija de Pelias, Alcestis, ofrece suficiente
testimonio ante los griegos en favor de mi arg umento ya que fue la única
que estuvo decidida a morir por su marido, a pesar de que éste tenía
padre y madre, a los que ella superó tanto en afecto por amor, que les
hizo aparecer como meros extraños para su hijo y parientes sólo de
nombre.
Al obrar así, les pareció, no sólo a los hombres, sino también
a los dioses, que había realizado una acción tan hermosa, que, a pesar
de que muchos han llevado a cabo muchas y hermosas acciones y el número
de aquellos a quienes los dioses han concedido el privilegio de que su
alma suba del Hades es realmente muy pequeño, sin embargo, hicieron subir
la de aquélla admirados por su acción. ¡Así también los dioses honran
por encima de todo el esfuerzo y el valor del amor!
En cambio, a Orfeo, el
hijo de Eagro, lo despidieron del Hades sin lograr nada, tras haberle
mostrado un fantasma de su mujer, en cuya búsqueda había llegado, pero
sin entregársela, ya que lo consideraban un pusilánime, como citaredo
que era, y no se atrevió a morir por amor como Alcestis, sino que se las
arregló para entrar vivo en el Hades. Ésta es, pues, la razón por la
que le impusieron un castigo e hicieron que su muerte fuera a manos de
mujeres.
No así, por el contrario, fue lo que sucedió con Aquiles, el
hijo de Tetis, a quien lo honraron y lo enviaron a las Islas de los
Bienaventurados [22], porque, a pesar de saber por su madre que moriría
si mataba a Héctor y que, si no lo hacía, volvería a su casa y moriría
de viejo, tuvo la osadía de preferir, al socorrer y vengar a su amante
Patroclo, no sólo morir por su causa, sino también morir una vez muerto
ya éste.
De aquí que también los dioses, profundamente admirados, le
honraran sobremanera, porque en tanta estima tuvo a su amante. Y Esquilo
[23] desbarra cuando afirma que Aquiles estaba enamorado de Patroclo, ya
que Aquiles era más hermoso, no sólo que Patroclo, sino también que
todos los héroes juntos, siendo todavía imberbe y, por consiguiente,
mucho más joven, como dice Homero. De todos modos, si bien, en realidad,
los dioses valoran muchísimo ésta virtud en el amor, sin embargo, la
admiran, elogian y recompensan más cuando el amado ama al amante, que
cuando el amante al amado, ya que está poseído por un Dios [24]. Por
esto también honraron más a Aquiles que a Alcestis y lo enviaron a las
Islas de los Bienaventurados.
En resumen, pues, yo, por mi parte,
afirmo que Eros es, de entre los dioses, el más antiguo, el más
venerable y el más eficaz para asistir a los hombres, vivos y muertos, en
la adquisición de virtud y felicidad.
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Tal fue, aproximadamente, el discurso que pronunció
Fedro, según me
dijo Aristodemo. Y después de Fedro hubo algunos otros de los que
Aristodemo no se acordaba muy bien, por lo que, pasándolos por alto, me
contó el discurso de Pausanias, quien dijo lo siguiente:
- No me parece, Fedro, que se nos haya planteado bien la cuestión, a
saber, que se haya hecho de forma tan simple a la invitación de encomiar a
Eros. Porque, efectivamente si Eros fuera uno, estaría bien; pero, en
realidad, no está bien, pues no es
uno.
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N O T A S
(fragmentos)
[20] Acusilao de Argos, cuya
biografía suele
situarse en torno al -475, fue un célebre logógrafo, autor, en dialecto
jonio, de varios libros en prosa de genealogías, basadas fundamentalmente
en Hesíodo. [21] La existencia de ejércitos compuestos por amantes y
amados, especialmente en las comunidades espartanas y dorias en general ha
sido ya estudiada y se cita en el Banquete de Jenofonte. En las palabras de Fedro se ha querido ver una alusión a la
famosa LIGA SAGRADA formada por Górgidas o Epaminondas hacia el -378,
compuesta por parejas de amantes homosexuales que tuvo una actuación
brillantísima en varias batallas. [22] Se suponía que las almas
de ciertos héroes legendarios seguían viviendo después de su muerte en
unas islas utópicas situadas en algún lugar del Océano Occidental. Entre
los primeros autores griegos en mencionar unas Islas de los
Bienaventurados o de los Afortunados están PINDARO y HESIODO. Homero, en
cambio habla de Campos Elisios para la misma idea. La localización de
Aquiles en estas islas después de su muerte aparece también en los
llamados 'escolios áticos', concretamente en el conjunto que se conoce con
el nombre de 'Canción de
Harmodio'.
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