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Musa,
si conviniste en ofrecer, a cambio de paga,
tu
voz, obediente a la plata, a ti te corresponde hacerla tremolar aquí y
allá
en
honor de Pitónico,
el
padre, o de su hijo Trasideo,
cuya
felicidad y fama están flameantes.
Hermosa
fue su victoria de antaño con el carro
y
en Olimpia conquistaron con sus caballos
el
rayo veloz de los célebres juegos;
mientras
que en Pito, al bajar a la arena para la carrera ligera,
fueron
superiores a la helénica concurrencia
por
su rapidez. Que no ambicione yo mas bienes que los divinos,
con
aspiraciones adecuadas a la edad,
pues
cuando me encuentro con que en una ciudad
los
de enmedio poseen flor de prosperidad más duradera,
censuro
el destino de las tiranías.
Dedicado
estoy a los logros compartidos: fuera los envidiosos.
Mas
cuando uno alcanza la cima
y
con pacífica conducta escapa
de
la funesta desmesura, puede hacer mas bella travesía hasta el límite
de
la negra muerte si a su gratísima descendencia
ha
proporcionada renombrada gloria, mas poderosa que todas las riquezas.
Tal
don es el que distingue al hijo de Ificles,
Yolao,
el que himnos dedicamos, y al fuerte Cástor,
y
a ti, soberano Polideuces, hijos de dioses,
que
un día habitáis en la sede de Terapna
y
al otro dentro del Olimpo.
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Introducción
a la Pítica XI (Fragmento)
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