A Hagesidamo, niño, vencedor en el pugilato
 

 

Leedme en voz alta el nombre del vencedor olímpico,

el hijo de Arquéstrato, a ver en qué parte de mi espíritu

está escrito, pues se me había olvidado que le debía

un dulce canto. Musa, tu y la Verdad,

hija de Zeus, con la mano enderezadora,

rechazad la censura embustera

de que he faltado contra el huésped....

 

así también cuando un hombre, Hagesidamo,

que ha conseguido victorias llega al predio de Hades

sin ser cantado, con vana aspiración ha obtenido para su esfuerzo

placer breve; pero sobre ti la lira de grata voz

y la dulce flauta esparcen su encanto.

Nodriza de tu ancha fama

son las Piérides, hijas de Zeus.

Yo he emprendido esta tarea con afán y me he posado

sobre el glorioso pueblo locro, para verter

miel sobre esta viril ciudad.

Al hijo seductor de Arquéstrato

he elogiado, pues le vi vencer con la fuerza de su puño

junto al altar de Olimpia

en aquella ocasión:

poseía esa mezcla de hermosura externa

y lozanía que antaño a Ganímedes (*)

libro de la muerte, que a nadie respeta

con la ayuda de la Cípride.

 

(*) La Cípride es Afrodita, diosa del amor. Ganímedes fue raptado por Zeus en plena adolescencia al haberse enamorado el Dios del Olimpo del joven príncipe, y destinado a ser su copero, con vida y juventud eternas. La equiparación del vencedor con Ganímedes no puede ser mas elogiosa.

 

 

Introducción a la Olímpica X  (Fragmento)

 

 

 

ISLA  TERNURA RINCONES AMABLES AUTORES  ESCRITORES TEXTOS CLÁSICOS