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Había
una pequeña tienda en una calle del barrio de Yanaka, en Yedo,
con un estrecho cartel colgado en la entrada, que decía:
"Tenemos remedio para los pelos superfluos. También es
bueno para muchas otras dolencias". Vendían allí
cuadernos de escritura para los estudiantes; pero como éstos
estaban escritos por mano de un anciano, nadie los
compraba. Una
cortina de bambú colgaba entre los biombos usados y sucios. El negocio
de aquella tienda estaba desatendido, y el propietario no sacaba
lo suficiente para vivir. Un airoso pino se alzaba por encima
del inclinado techo; crisantemos estivales florecían en el
jardín, y había una cisterna de agua pura y un balde colgado
del extremo de un poste. COn frecuencia los pájaros venían a
posarse en el poste. El
dueño de la tienda era un viejo samurai que había dejado la
carrera de las armas cuando todavía era joven. Vivía del
dinero que había obtenido de la venta de sus anteriores
vestiduras y los valiosos bienes muebles de su familia. Solo
tenia un amigo íntimo, de su misma edad; y muy a menudo jugaban
juntos al ajedrez. Su único compañero era un perrito. No
tenía otros visitantes, con excepción de sus escasos clientes.
Una vez, al final de un caluroso día de verano, se quitó sus
vestidos, empapados de sudor, y tomó su baño en su jardín. Su
amigo se conmovió a la vista de su estropeado y viejo cuerpo, y
tiernamente acarició la mísera y doblada espalda.  Con
la voz lleno de lágrimas dijo, mientras lavaba los arrugados y
huesudos hombros de su amigo: "Un hermoso joven cantaba
orgulloso la belleza de su cuerpo, admirándose en un espejo.
Pero eso era ayer. Hogaño, ¡ay! solo es un pobre anciano
decrépito con sus arrugas y su cabeza está cubierta de
cabellos grises. Esta
es exactamente nuestra propia historia. Hemos cantado juntos
cogidos de la mano sin ninguna preocupación cuando éramos jóvenes.
Pero hoy esto es solo constituye un lejano recuerdo y un
sueño". Entonces
ambos ancianos se cogieron de las manos y vertieron lágrimas de
pena por su pasado, mientras el agua caliente de la pequeña
tina se enfriaba. Ambos
hombres eran samuráis que habían nacido en la provincia de
Tjikuzen. El nombre del mas joven era Mondo Tamashima y había
sido celebrado por la belleza de su rostro. Mucha gente lo
tomaba por una joven princesa. El mayor se llamaba Hayemon
Toyoda y era un experto tirador. Se enamoró de Mondo, quien correspondió
sinceramente a su amor. Mondo tenía dieciséis años y Hayemon
diecinueve cuando se inició su amor. Se tuvieron fuerte y
recíproca devoción, y se juraron un afecto mas profundo que el
mar. Pero
otro samurai amaba a Mondo. Estaba celoso del amor de ambos
amigos, e ideó toda suerte de artimañas para calumniarlos,
intentando separarlos por mediación de personas pérfidas. Pero
una oscura noche los dos amantes dieron con esas personas y las
mataron. Entonces escaparon en una barca y se escondieron
durante un largo tiempo, para finalmente venir a dar a
Yedo. Allí vivieron como guardias, escondiendo su verdadera
condición. Mondo tenía ahora sesenta y tres años, y Hayemon
sesenta y seis; y en el transcurso de estos años sus corazones
no habían cambiado. Nunca tuvieron el menor interés por una
mujer. habían sido genuinos prácticamente del amor
viril. Hayemon
continuaba considerando a Mondo como su joven amante. Arreglaba
su fino cabello con sus propias manos al estilo del cabello de
un paje, usando mucho aceite perfumado. El rostro de Mondo era
como el de una mujer y cuidaba mucho su persona; limaba sus
uñas con madera aromática y se afeitaba cuidadosamente. No hay
duda de que estos dos ancianos continuaron manteniendo
encuentros amorosos en la edad avanzada.... *
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