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El
mar empezó a enfurecerse repentinamente y las olas se lanzaban
con rabia sobra la costa. El cielo estaba cubierto con grandes nubes
negras y la tormenta se precipitaba desde el monte Muko. Empezó
a caer una violenta lluvia y el pánico se apoderó de los
caminantes. Entre estos se encontraba cierto samurai, embajador
del Señor de Akashi cerca de otro señor de la provincia
vecina. Se cobijó con su sirviente bajo un grueso árbol, y un
muchacho de unos trece años pasó junta a ellos llevando un
paraguas de papel. Al ver al samurai bajo el árbol el chico dio
su paraguas al sirviente. El
samurai, cuyo nombre era Sakon Horikoshi, dijo "Gracias,
querido niño por tu amabilidad; pero dime ¿no necesitas tu el
paraguas?". La única respuesta del muchacho fue echarse a
llorar.  Sakon
le preguntó la causa de su aflicción y secando sus lagrimas el
otro contestó: "Soy el hijo de Sluyuzeb Magaza ka, y me
llamo Korin. Mi padre dejó a su señor de la provincia de Kia,
y vinimos a la provincia de Buzen; pero falleció repentinamente
en la embarcación, y mi madre y yo lo enterramos en el pueblo.
Desde entonces hemos vivido aquí en una casita que nos
construimos con la ayuda de unos solícitos aldeanos, y hacemos
paraguas para vivir. Pero yo no puedo usar este mísero paraguas
para protegerme de la lluvia sin pensar, apenado, que lo hizo mi
madre con sus infortunadas y delicadas manos" Sakon
se enterneció mucho con este triste relato, y fue al pueblo y
supo por la madre que la narración del muchacho era cierta.
Cuando entregó su mensaje al gobernador de la provincia también
le habló de Korin. El señor se conmovió y mandó a Sakon que
trajese al muchacho ante él; fue así como Sakon, lleno de
alegría, presentó al muchacho y a la madre a su señor. Korin
era muy hermoso: su joven y sereno semblante era como la luna
clara en el cielo de otoño, y su voz semejaba al amoroso gorjeo
del ruiseñor entre tiernas flores de melocotón. El
señor hizo a Korin paje suyo y lo amó mucho. El tiempo pasó y
una noche, mientras Korin estaba de guardia, el señor se
acercó a acariciarlo tiernamente y le susurró: "Querido y
dulce Korin, hasta mi visa te daría si me lo pidieras" Pero
Korin respondió: "Tus lisonjas me satisfacen poco, mi
señor, puesto que no es verdadero amor para un samurai tener
una relación amorosa con un señor que es todo poderoso. Es
incluso una deshonra para quien desea un desinteresado y sincero
amor viril. Antes preferiría a un hombre de cierta clase como
amante mío, es verdad, pero debería ser fiel y totalmente
sincero; un hombre a quien pudiera amar toda mi vida. Ese sería
mi mayor satisfacción" El
señor le dijo: "Ven, no eres sincero". Pero Korin
insistió: "Mi señor, es verdad cuanto te digo, y tal es
el voto de mi corazón. Lo juro por mi amor como samurai y ante
todos los dioses del Japón" El
señor quedó asombrado ante la gallarda sorpresa del muchacho. Una
noche el señor preparó una fiesta en una casa de verano en la
que estuvieron presentes sus numerosos y hermosos pajes.
De repente un aire sofocante llenó el jardín e hizo que los
arboles se estremecieran. Un monstruo de gran tamaño descendió
del tejado, asomando su horrible cabeza para mirar a los
asistentes. Alargó sus poderosas garras y empezó a machacar
las narices de los aterrorizados espectadores que inmediatamente
rodearon a su señor y regresaron precipitadamente al palacio.
Entonces se oyó un fuerte ruido en el jardín, como si se
hubiese caído una montaña. Después de medianoche llego un
esclavo y dijo que un inmenso tejón había sido hallado con la
cabeza cortada en la casa de te del jardín. La bestia retorcía
aun sus zarpas cuando fue encontrada, aunque estaba muerta. Ciertamente
- dijo el señor - el monstruo de esta noche, cuando estábamos
en la casa del t, era aquel gran tejón. Y el ruido estrepitoso
lo produjo la bestia para asustarnos. Me pregunto quien fue el
valiente que se atrevió a matar ese portento - e interrogó a
todos sus cortesanos, pero ninguno de ellos había matado al
tejón. Siete
días después de este incidente, alrededor de las dos de la
madrugada, se oyó gritar a una doncella sobre el tejado del
gran vestíbulo del palacio: "Korin ha matado a mi padre el
tejon. Pronto morirá. Se realizará su destino". La voz
repitió esta amenaza tres veces, y calló. Entonces se
supo que Korin era el héroe que había dado muerte al tejón.
Todo el mundo alabó su coraje, su modestia, y su heroica
hazaña. Esta
aventura sólo sirvió para acrecentar el ardor del amor del
señor hacia Korin. Pero resultó que el hijo segundo de
Gyobu-Kamo, uno de los cortesanos del señor, admiraba
grandemente a Korin. Se llamaba Sohatjiro; y su admiración se
convirtió en amor. Muchas fueron las cartas amorosas que envió
a Korin, y Korin se sintió conmovido. Pero como quiera que no podían
encontrarse abiertamente, por causa del señor, esperaron que
una oportunidad que les fuese propicia. Era
costumbre hacer la limpieza completa del palacio el día trece
de diciembre, y que los cortesanos cambiaran sus viejos vestidos
por indumentos nuevos y limpios. Aquel día, siguiendo un plan
concebido por el sirviente de Korin, Sohatjiro fue introducido
en palacio dentro de un cesto de bambú, en el cual Korin ya había
enviado algunos delicados ropajes nuevos a su madre.
Consiguieron introducir a Sohatjiro en la habitación, que se
encontraba junto al dormitorio del señor. Korin
fingió que tenia dolor en el estómago, y mantuvo las
puertas del biombo bien engrasadas a fin de que fuera posible
abrirlas fácilmente por la noche. La primera vez que Korin
salió de la habitación, el señor se quejó del ruido que
hacía; pero, según la noche avanzaba, éste cayó en un
profundo sueño y empezó a roncar ruidosamente. Entonces Korin,
pensando que había llegado el momento de reunirse con su amado,
se deslizó a la vecina habitación. Los dos amantes se
abrazaron y se juraron un leal e inmutable amor hasta la muerte.
Hablaban muy quedamente, en un susurro, de sus complacencias;
pero infortunadamente ocurrió que el señor se despertó por
sus voces. Gritó
"Hay alguien en la habitación vecina, y no
escapará". Asió una lanza, que descansaba junto a su almohada
y se abalanzó sobre Sohatjiro, mientras este daba la vuelta
para escapar. Pero Korin lo asió de la manga y dijo "No es
digno de ti, señor, que te agites de esta suerte, Cálmate, te
lo suplico. Aquí no había nadie mas que yo. Estaba profiriendo
algunos quejidos a causa de mi dolor. Perdóname, señor, por
haber interrumpido tu sueño" En
aquel momento Sohatjiro empezaba a trepar por encima del muro
con la ayuda de una gran rama y el señor lo vio. Interrogó
severamente a Korin; pero éste lo negó todo. Entonces, y por
el gran amor que por el sentía, el señor pensó que eso era
tal vez otro maligno tejón que rondaba por el jardín, y se
calmó. Pero
uno de los centinelas vino y dijo al señor: He visto huellas de
un hombre en esta habitación, y al mismo con mis propios ojos
en el jardín. Si cabello estaba en desorden y sus movimientos
eran raros. Debe ser el amor secreto de Korin". Pero Korin
contestó con valentía: "Mi amado me ha dado su vida. Es
mi fiel amante, Aunque tenga que morir no diré su nombre. Ya he
dicho esto muchas veces a mi señor" Estaba tranquilo y
sereno. Dos
días mas tarde Korin fue conducido al cuarto de guardia del
palacio, y el señor le dijo. "Yo mismo te ejecutaré,
Korin, como una advertencia a mis cortesanos para que no me
engañen, Prepárate a morir". Y asió una alabarda. Korin
le sonrió: "Agradezco a mi señor que desee tomar mi vida
con sus propias manos, en memoria a nuestro tiempo pasado. Estoy
completamente preparado". Y se alzó. Entonces
el señor le amputó su mano izquierda, y preguntó
"¿Cómo te sientes, Korin?" Korin
ofreció su mano derecha para que también fuese cortada, y
dijo: "Con esta mano acaricié y amé a mi amado. Tu también
deberías odiar mucho esta mano" El
señor amputó de inmediato también aquella mano. Entonces
Korin volvió la espalda a su amo y dijo "Mi espalda
es muy hermosa. Ningún otro paje es tan atractivo como yo.
Contempla mi belleza antes de que yo muera". Su voz era
débil y baja a causa del mortal dolor que estaba padeciendo.
Entonces el señor cercenó su cabeza y, sosteniéndole en sus
manos, lloró amargas lágrimas por la muerte de su favorito. Su
cuerpo fue enterrado en el cementerio del templo Myofukuji. En
ese templo había una pequeña alberca llamada "Gloria de
la Mañana". La corta vida de Korin fue como una gloria
matinal. Todo el mundo recriminó y condenó a su cobarde
amante, que había permanecido escondida después de la muerte
de su amigo. Lo despreciaron como se desprecia a un perro
vagabundo. Pero
al año siguiente, el quince de enero, Sohatjiro dio muerte a
Shinroko, el que había vendido a Korin al señor. Le amputó
ambas manos, igual que el señor había hecho con Korin, y
terminó con él atravesando su garganta con la espada. Puso luego
a la madre de Korin en lugar a salvo. Entonces fue al
cementerio, escribió una memoria en la cual contaba su amor por
Korin, y su venganza contra Shinroku, y se hizo el harakiri allí,
sobre la tumba de su amante. Mientras se abría el estomago,
trazó con su cuchillo, el emblema heráldico de su amado Korin.
Durante los siete días siguiente a su muerte sus amigos y
admiradores llenaron su tumba con flores. Korin y Sohatjiro se
convirtieron en un ejemplo de amor entre camaradas. *
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