|
Querido
amigo en las enseñanzas de Buda: Los cerezos en flor de Kyoto
me turbaron de tal manera que tuve que dejar la capital la
pasada primavera. Te envío esta carta por un hombre que va a
visitar la ciudad. Espero que guardes con celo nuestra religión
en tu templo, sin contratiempo alguno. Mi
cabaña debe de haberse convertido en refugio de ratas y ratones
después de todo el tiempo que lleva deshabitada: a pesar de que
no hay ni un trozo de pescado para el regocijo de tales huéspedes.
Te debes reír de mi pobreza, querido amigo.
Cuando los crisantemos de mi jardín se marchiten nadie lo
lamentará. Pero si por ventura tuvieras que pasar cerca de mi
cabaña, entra y, puesto que tienes la llave, abre y deja que
los fatigados viandantes entre, enterré algunas nueces y
patatas bajo la puerta sur: úsalas o de lo contrario se
estropearán. Takenaja fue quien me envió estas provisiones y
no me gustaría que se echaran a perder. Y
ahora te voy a hablar de mi mismo. Como sabes, mi eterna e
incurable debilidad es enamorarme de algún bonito joven; y debo
confesarte que tengo un asunto aquí con un joven fascinante,
que dudo me permita regresar pronto a Kyoto. El
año pasado, al abandonar la capital, fui a casa de mi amigo
Okayama en la provincia de Bizen. Me recibió muy
hospitalariamente, pero enseguida me sentí lleno de
aburrimiento, por lo que marché en barca a la provincia de Hiko
donde tengo un amigo que es poeta y sacerdote del templo de
Kiyomasa, y me quedé a vivir con él. Una
noche me encontraba en su maravilloso jardín disfrutando de la
fresca brisa después de un día caluroso. Un riachuelo
artificial fluía entre las caprichosas rocas y montecillos
cubiertos de hierba, que había sido construido allí. Era como
hallarse en la residencia de un eremita de la montaña
deleitándose de la belleza espiritual y los puros placeres del
alma. El tenue trino de un cuclillo se elevaba desde la
frondosidad de los enormes pinos situados tras el templo, con
tonos tan acremente puros que creo nunca haber oído canto tan
hermoso en Kyoto. Pensé que un cuclillo cantando por la noche
en un lugar tan sagrado como el templo de Kiyomasa, constituía
un tema muy apropiado para un poema. Empecé a componer
mentalmente el poema e ideé la forma de su rima y la
disposición de sus sílabas. En
aquel momento salió del templo el cortejo del sumo sacerdote.
Entre sus componentes vi avanzar a un paje muy hermoso, de unos dieciséis
años, tan atractivo que pensé que nunca había visto encanto y
elegancia tales ni en la misma y floreciente capital.
Ciertamente me sorprendió ver a un paje tan bello en un
distrito tan remoto como la provincia occidental de Hiko. Me
conturbó en gran manera. Hasta entonces me había sentido
hastiado de la lujosa y artificial vida de nuestra capital, pero
en aquel momento, en este lejano país, sentí una tentación
que trastornó por completo la paz de mi espíritu. Mi alma se
hallaba enteramente sumida en la confusión, y mi corazón
empezó a latir violentamente de deseo. Cuando el sumo sacerdote
abandonó el templo después de realizadas las plegarias,
observé al paje desde detrás de un biombo, y sentí que mi
amor crecía por momentos. Pregunté a mi amigo quien era este
hermoso paje, y me dijo que era el hijo segundogénito de una
noble familia, cuyos padres lo habían confiando al sumo
sacerdote porque deseaba hacerse sacerdote y renunciar a los
placeres de la existencia. Mi
amor se hizo tan violento que parecía que mi alma fuera a
romperse en mil pedazos, y se encontraba ciertamente rota.
Perdí la calma. Y en vano me lo reprochaba a mi mismo. No
podía olvidar a aquel hermoso joven. Finalmente desesperado, y
sin tener en cuenta lo que pensase mi amigo, escribí una
carta al paje confesándole lo que tanta desesperación causaba
a mi alma. Confiaba lograr un poco de paz si por lo menos él
podía conocer mi amor aunque no consiguiera que le correspondiera. Esto
es lo que escribí: "MI
QUERIDO Y REAL SEÑOR, te vi ayer por la noche cuando cruzabas
el jardín con el cortejo del sumo sacerdote y me sentí
conmovido por tu belleza. Eres tan hermoso que las mas famosas
bellezas de China, tales como Taitjio y Token, que son los jóvenes
mas bellos de allí, o Hi, o la emperatriz Yo no pueden
aventajarte. Soy un sacerdote, pero ¡ay! también tengo las
pasiones de un hombre, y te confieso que te amo con toda mi
alma. Señor, soy un humilde e insignificante sacerdote, de paso
en este provincia: tu perteneces a una noble familia. Aspirar a
tu amor es, para mii, tan imposible e inhacedero como trepar al
cielo por una escalera. Admito la poca consideración que por mi
parte supone atreverme a amarte, pero te escribo porque espero
ganar alguna satisfacción y gusto simplemente haciéndotelo
saber. Soy como una mosca atrapada en una tela de araña, y nada
puedo hacer. Te entrego mi corazón con estas toscas palabras. Desde
que te vi mi corazón no ha cesado de latir violentamente.
Cuando estoy solo, lagrimas ardientes corren por mis mejillas.
Me encuentro en una verdadera agonía, y las palabras de la
carta son confusas. Tu cara y tu persona toda son tan refinadas
y elegantes. He oído decir que eres la flor mas espléndida de
las provincias occidentales; pero para mi pareces la joya mas
preciosa del universo. Porque, ciertamente, tu belleza excede a
la de todas las flores del mundo. No te puedo olvidar ni en mis
sueños, y cuando despierto me encuentro atormentado. He rezado
al dios Fuyisaki para que tenga piedad de mi desgraciado amor.
Deseo lanzarme al río Kikutji para poner fin a mi desdicha.
estoy dispuesto a sacrificar mi vida por una noche de amor
contigo. Esa noche contigo es para mi mas preciosa que mil años
de mi vida. Haré con placer todo cuanto me pidas. Preferiría
mas media hora de vida dichosa que arrastrar cien años de una
miserable existencia. De la mañana al ocaso, durante todo el
día y la noche, tu rostro no me abandona y mil suertes soporto
por tu amor, Soy un desgraciado. Estoy lastrado por un karma
cruel." Pero,
mi querido amigo, estoy herido, mas que maldecido. El ha leído
mi carta y me ha dado una respuesta amable. ¡Oh, cuan tierno y simpático
es!. Soy feliz y estoy satisfecho; soy el hombre mas feliz bajo
el sol. Todo cuanto diga es poco para expresar su amabilidad,
porque es realmente bueno. Es todo lo que te puedo decir de
momento En verdad, me ha prometido que tan pronto como
encuentre una oportunidad, vendrá a pasar una noche entera
conmigo. Lo único que me conturba es que todavía no haya
fijado el día. Sé que la espera de ese día es una agonía que
todos los amantes tienen que soportar, y no me conforto diciéndomelo
a mi mismo. Espero
que puede mostrarte a este noble joven. Se llama Aineme Okayima.
Cuando venga a verme, beberemos vino juntos y tendremos una
agradable conversación. Desearía que la noche durara por
siempre y que el alba no viniera nunca a poner fin a nuestro
encuentro. Esto es todo lo que puedo decirte actualmente: no hay
nada nuevo. espero estar mas calmado y equilibrado después de
haberlo visto. Hasta
entonces, adiós, querido compañero. De
tu lejano amigo...
*
* * * * * *
|