|
El
señor de la provincia de Etjigo se llamaba Jibudayu Mashikura.
Un día su primer ministro Tokuzawa hizo venir al primer
paje de su señor, Akanashi, que se encontraba en el vestíbulo
con los demás pajes, cuchicheándole: "Tengo algo que
decirte, Akanashi. Ven conmigo". Y conduciéndole a un
lugar secreto detrás de los árboles del jardín, le
dijo:"Mi amo me ha ordenado que escoja a alguien muy fuerte
para matar a su cortesano Shingokei Dizaki, y no puede pensar en
nadie mas adecuado que tú para esta misión. Ve pues a la casa
de Shingokei y dale muerte. Estoy seguro de que mi amo tiene una
excelente razón para exterminarle" Senpatji
preguntó:"¿Cual es la ofensa que Shingokei debe
expiar?". Pero el propio ministro no lo sabía. Entonces
Senpatji le dijo: "Me fio de tu palabra, pero me gustaría oír
esta orden de los propios labios de mi señor". Así que el
ministro condujo a Senpatji ante el señor, quien, mientras
Senpatji se arrodillaba ante él, dijo: "Senpatji, tienes
que matar a Shingokei, tal como te ha dicho mi ministro" Senpatji
regresó a su casa muy triste por tener que matar a Shingokei,
que era uno de sus mejores enemigos. No obstante fue a la casa
de aquel hombre y, después de una corta conversación, lo
mató, diciendo: "Es por orden de mi amo". Los
esclavos de Shingokei intentaron agarrar al asesino, pero
Senpatji los calmó diciéndoles: "He actuado por orden de
mi amo, y vosotros debéis obedecerle" El
señor confiscó todas las propiedades de Shingokei y sus
caudales. Su viuda quedó inconsolable. Era la hija de un
samurai retirado de la provincia vecina, y se había casado con
Shingokei el año anterior por los ritos de costumbre, porque
Shingokei y su padre eran viejos amigos. Se amaron uno al otro
tiernamente, y la muerte de su esposo la aturdió. Deseó morir
con él y seguirle al otro mundo, pero estaba embarazada y no podía
darse muerte por causa del niño que llevaba en sus entrañas. Así
que abandonó la provincia, deplorando amargamente su triste
destino y el de su esposo. Después de un largo viaje solitario
y lleno de fatigas llegó a otra provincia remota en las
montañas y decidió vivir allí. Algún tiempo después,
completamente sola y sin asistencia dio luz a su hijo. Cuidó
inmensamente a la criatura y trabajó con la aguja para ganarse
el sustento: porque en todo el lugar no había una sola mujer
que supiera coser. Ambos vivieron de este modo juntos en pobreza
en aquel lugar. Pasó
el tiempo y el hijo cumplió catorce años. Sus rasgos y maneras
eran dulces y refinados y a su madre le recordaban al
querido esposo que había perdido. Había guardado un arpa
coreana y dos espadas forjadas por Kunimune, un célebre y
antiguo armero japonés, que sus padres le habían regalado
cuando los dejó para casarse. Cuando se sentía triste
acostumbraba a tocar el arpa para distraerse a si misma y a su
querido hijo. De esta forma vivieron en su apartada cabaña. El
destino del hombre es seguramente inconstante y lleno de
sorpresas. Senpatji Akanashi fue desterrado por su amor debido a
alguna insignificante ofensa, y después de viajar a través de
varias provincias, se estableció en una ciudad cercana a la
cabaña donde vivían madre e hijo. Nunca
se habían visto entre sí, ni podían sospechar que se
encontraran tas próximos. Pero
un día Senpatji fue invitado por su amigo Toriyama a cazar
pájaros. A su regreso ocurrió que pasaron ante la choza de la
viuda, y oyeron el sonido del arpa que la madre estaba tocando.
Quedaron encantados por la música y se pararon a escuchar, Deslizándose
incluso por un agujero de la cerca fisgaron a través de un
resquicio de la pared de bambú. Una mujer muy hermosa, de unos
treinta y cinco años estaba tocando el dulce instrumento. Tenia
todo el aspecto de pertenecer a una familia famosa de la alta
nobleza, que se hubiese disfrazado para vivir en aquella mísera
cabaña. Sentado
a su lado se encontraba su hijo Shynosuke, estudiando escritura
en un libro que su propia madre había escrito. Era extremadamente
hermoso. Los interesados espectadores se sorprendieron al
encontrar tan distinguidas personas en aquel paraje solitario.
Abrieron la puerta y permanecieron durante unos minutos en la
entrada para disculpase de su intrusión. Después de una corta
visita se marcharon. Senpatji
quedó impresionado por la belleza del joven muchacho; volvió a
la cabaña y se convirtió en amigo intimo de sus habitantes.
Poco a poco Senpatji y Shynosuke concibieron un profundo y recíproco
amor, y Senpatji se llevó a ambos, madre e hijo, a su ciudad y allí
los mantuvo. De esta manera transcurrió plácidamente un año. Entonces
la madre se dio cuenta de que Senpatji se parecía mucho al
hombre que había matado a su esposo. Un día le preguntó
acerca de su familia y de su vida pasada; adquirió entonces la
certeza de que era el asesino de su esposo, el padre de su hijo. Al
día siguiente dijo al chico: "Senpatji mató a tu padre
antes de que tú nacieras. Fue obligado a hacerlo por orden de
su amo, que también era el amor de tu padre; pero no deja por
eso deja de ser el asesino de tu padre. Mátalo y venga a tu
padre" El
hijo se quedó al principio mudo de asombro. Luego razonó a su
madre: "Senpatji no mató a mi padre por una enemistad
personal. No sentía odio por mi padre. No pudo obrar de otra
manera puesto que el señor se lo ordenó. En realidad no es el
enemigo de mi padre. Si deseas vengarle, es al señor Jibudayu a
quien tengo que matar, no a mi amigo Senpatji. Le debemos mucha
gratitud por su amabilidad. Piénsalo madre: no lo puedo matar.
no tenemos derecho a matarlo" Pero
su madre estaba furiosa y gritaba: "Ya sé que no lo puedes
matar; eres demasiado cobarde y blando. Si yo hubiera sabido que
era el asesino de mi marido nunca hubiera aceptado su ayuda.
Antes me hubiera muerto de hambre que verte iniciar una amistad
con él. Pero yo te digo que te equivocas su abandonas tu
venganza por causa de tu amor, y si así lo haces, manchas el
honor de un samurai. Si eres tan cobarde, no te conozco mas. Le
vengaré yo misa" Y
empuñando una daga se precipitó afuera. Pero su hijo la
aferró por la manga y dijo: "Si estás tan firmemente
determinada a vengar a mi padre, no puedo hacer mas que
obedecerte. Le mataré con mis propias manos. Te ruego que no lo
hagas tu, madre. Te ruego que te calmes". Y preparó su
venganza. Su
amor por Senpatji ya había durado mas de dos años, y ahora se
veía constreñido a destruir al hombre a quien había jurado
afecto y asistencia para siempre. Sin
embargo no podía matarlo si explicarle la razón por la cual lo
hacia. Así que aquella noche llamó a Senpatji a su habitación,
pero estaba pálido y abrumado por la pena. Senpatji lo notó
enseguida y le dijo:"Querido Shynosuke, pareces muy triste
esta noche ¿Tienes algún disgusto? Cuéntamelo para que pueda
compartirlo" Shynosuke
suspiró movido por estas gentiles palabras, y Senpatji volvió
a insistirle para que le abriera su corazón. Entonces Shynosuke
le confesó: "Oh, que cosa mas desgraciada es la vida
humana. Tu sabes bien lo que hiciste a mi padre. Me doy cuenta
de que no podías obrar de otra manera, y que obrabas por orden
de tu amo. Pero como hijo de un samurai no puedo pasar por alto
el hecho. Por aquel entonces yo todavía estaba en el vientre de
mi madre. Ciertamente siento tener que matarte, porque has sido
bueno conmigo y con mi madre. Me encuentro en una gran aflicción". Senpatji
suspiró: "Ay, realmente este es un mundo extraño. Nunca
sospeché que fueras su hijo. Si, yo maté a tu padre. Pero soy
feliz, oh, Shynosuke, de morir a tus manos. Ven, mátame, y
venga a tu padre". Y despojándose de sus espadas ofreció
el cuello a Shynosuke. Shynosuke
gritó: "No, toma tu espada y lucha conmigo. No puedo
matarte a sangre fría, tú que has sido tan bueno con
nosotros". Su
madre estaba presenciando esta escena desde una habitación
contigua, y llamo a su hijo y le dijo: "Os admiro a ti y a
Senpatji. Ambos sois hombres de honor. Amaos otra vez por esta única
noche. Deseo concederos este intervalo. Celebrad vuestra
separación, pero mañana sin falta, oh, Shynosuke, venga a tu
padre". Entonces
Shynosuke trajo manjares y copas de vino y ambos se regocijaron.
La madre dormía en la habitación contigua, y Senpatji y
Shynosuke yacieron juntos. Cuando
la mujer se despertó por la mañana, ambos estaban callados,
yaciendo en el mismo lecho. Llamó a su hijo:"Levántate
muchacho perezoso". Pero no tuvo ninguna respuesta. Entró
en la habitación y levantó la sábana que les cubría, y
vio que Shynosuke había atravesado el corazón de Senpatji con
su espada que había pasado a través de su propio pecho y había
salido por su espalda. La
madre permaneció allí largo tiempo postrada a la vista de los
cuerpos de estos amantes, y entonces, llena de pena y de
aflicción, se dió muerte en la misma habitación. Esta
es ciertamente una historia triste y trágica.
*
* * * * * *
|