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En
un prado primaveral tachonado de primorosas flores y lozanas
hierbas había dos personas ricas y elegantemente vestidas
cogiendo flores de primavera. Sus rostros estaban escondidas en
grandes sombreros
Un
joven permanecía observando esas dos graciosas siluetas. No podía
ver sus caras, y sentía curiosidad por saber a que
hermosos muchachos podían perteneces. Sentía un gran deseo de
ver sus deliciosas caras. Entonces una viaje sirvienta salió de
la tienda y las llamó: "Queridas doncellas, queridas Ofuji
y Oyosi". El joven quedó desilusionado al ver que las dos
agraciadas personas eran mujeres y no muchachos. Se fue rápidamente
a la ciudad de Sendai, capital de la provincia.
Al
final de una de las calles de esta ciudad, había una droguería
cuyo propietario era un cierto Hiusuke Ronishi. Al pasar nuestro
joven junto a la tienda, un delicioso aroma de incienso se
esparció desde las negras cortinas del fondo de la mima, que
separaban la parte comercial de la vivienda. El perfume era mas
dulce que el famoso incienso de Crisantemo Blanco, que solamente
poseía el señor de la provincia. El joven tenia una aguzada inclinación
hacia el incienso y se sintió atraído por el perfume.
Así
que entró en la tienda y, después de comprar algunos perfumes
corrientes, dijo al propietario: "Me gustaría comprar ese incienso
que ahora estás quemando en la trastienda. SU perfume es
exquisito.¿Podrías darme un poco?". Pero el propietario
"Ese incienso es el favorito del hijo, y no lo podemos
vender" El
joven se quedó abatido, y se demoró un momento por la tienda, porque
no se podía sustraer de aquel delicioso olor, y se fue no sin
gran pesar. Su nombre era Itjikuro Banm y era guardia de la
provincia de Tsugaru e inmensamente rico. Era un adicto
apasionado del amor viril, y no malgastaba un pensamiento en las
mujeres. En aquel preciso momento se dirigía a Yedo para ver a
un celebrado joven actor llamado Dekeijima, cuya belleza atraía
la admiración de muchos hombres. Su sirviente había recibido
carta de un amigo de Yedo elogiando la belleza de Dekijima, y
Itjikuro se había puesto inmediatamente en camino para verle.
Era una persona de gran refinamiento y dignidad, de una categoría
que raras veces se encuentra en un país tan distante. Jutaro,
el hijo del droguero, había visto a Itjikuro y se había
enamorado de él. Pensó: "Mi tersa juventud no podrá
durar siempre, y pronto seré un adulto. Muchos hombres me aman
y admiran a causa de mi belleza, y he recibido más de un
centenar de cartas de amor; pero no he leído una sola de ellas.
La gente dice que no tengo corazón. Pero ninguno de esos
hombres tenía atractivo para mi. Sólo ese elegante varón me
ha trastornado. Si pudiera siquiera corresponde a mi amor, yo le
amaría durante toda la vida, ya que en verdad le amo
desesperadamente. Su belleza varonil me ha hecho perder la
cabeza. Me ha fascinado". Su sangre demasiado caliente y
juvenil lo inflamó de tal suerte, que su pasión le hizo
derrumbarse. Sus ojos se quedaron fijos y parecía un loco.
Embestía a su alrededor, sosteniendo su muy estimado perro de
aguas en la mano derecha, mientras blandía una espada con la
otra. Nadie podía acercársele. Finalmente, con riesgo de su
propia vida, su nodriza se las compuso para sujetarlo. Lo
consoló y confortó: "Mi querido joven amor, cálmate.
Nosotros llamaremos a ese viajero y arreglaremos tu amor. Te
suplico que te domines, mi querido amo". Entonces el joven
se quedó mas tranquilo. Sus padres tomaron a su servicio u sacerdote
peregrino para que rezara por su restablecimiento. Hiusuke,
el padre del joven, se había casado, a los treinta y cinco
años, con la hija de un rico mercader, pero había llegado a la
edad de sesenta años sin haber tenido un hijo. Entonces él y
su mujer rezaron a Tenjin para que les concediera un hijo y estuvieron
rezando durante siete días ante el altar del dios. La noche del
séptimo día soñaron que una flor caía de un ciruelo a la
boca de la esposa y que ella quedaba preñada. estuvieron muy
contentos y agradecidos al dios Teijin. Entonces nació Jutaro. Apenas
tenia cinco años cuando empezó a escribir cartas en chino sin
haberlo estudiado nunca. A los trece escribió un cuento acerca
del encuentro entre dos jóvenes amantes que tenían que
separarse poco después de una noche de verano. Tituló el libro
"El amor de una efímera noche de verano". Tal era su
talento. Por
esta razón su repentina enfermedad causó una gran aflicción a
sus padres y amigos. La plegaria del sacerdote no surtió
demasiado efecto. Jutaro se encontraba en un continuo delirio, y
cada día estaba mas decaído. SU pulso se hizo tan débil que
perdieron toda esperanza de salvarlo. Sus padres tejieron una
hermosa mortaja blanca y confeccionaron un bello ataúd para su
entierro; puesto que esperaban su muerte en cualquier momento. Pero
un día. repentinamente, el joven levantó su fatigada cabeza y
dijo con voz débil a sus deudos: "Soy feliz porque el
hombre al que amo pasará por la calle mañana por la tarde.
Paradle y traédmelo" Quienes
le escucharon pensaron que estaba delirando; pero para calmarlo
enviaron a un hombre llamado Biwajutji a esperar al extranjero a
la puerta de la ciudad. Y he aquí que tal como el enfermo
había predicho, llegó el extranjero. Lo condujeron a la casa
de Hiusuke, y el padre, dominado por la emoción, le
contó la extraña enfermedad de su hijo. Itjikuro
se conmovió por este amor, y dijo al padre: "Si tu hijo
muere, me haré sacerdote, para así poder rezar toda mi
vida por la salvación de su alma. Pero deseo verlo antes de que
muera. Me gustaría decirle adiós antes de que deje este
mundo". Entraron
en el dormitorio del joven, y el debilitado Jutaro enseguida se
incorporó en su cama, tan pronto como vio a quien amaba. Y se
recuperó inmediatamente, y se encontró tan bien como antes había
estado. Todo el mundo quedó sorprendido por este hecho. Jutaro
dijo a Itjikuro: "Mi cuerpo permanecía aquí, pero mi alma
ha estado contigo todo el tiempo. Quizás tú no te has dado
cuenta. Señor, te amo. Una noche cuanto tu habías entrado en
la habitación interior en Hirizumi, después de haber visitado
los sitios históricos de Takadatji, mi alma durmió contigo en
la misma cama y te amo sin decirte una palabra. Entonces
coloqué un poco de mi incienso especial en tu manga. ¿Todavía
lo tienes?" Itjikuro
sacó un pedazo de incienso de su bolsillo y dijo: "Esto es
ciertamente extraño. Fui feliz al encontrar este incienso
exquisito en mi manga, pero no podía explicarme de donde había
venido. Ahora lo entiendo, y es un milagro. No sabia que habíamos
establecido un contrato de amor" El
joven replicó: "Deseo darte una prueba de ese contrato,
que hará que me creas". Tomo un pedazo de incienso de su
bolsillo y, juntando las dos piezas demostró que
encajaban perfectamente; también su perfume era el mismo
Itjikuro quedó convencido, y juraron amarse mutuamente por
siempre, hasta el fin de su existencia. Itjikuro regresó a su
ciudad natal, llevando a Jutaro en su caballo, y los deudos del
muchacho de buena gana accedieron a entregarlo a su amado.
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