UN SAMURAI SE HACE MENDIGO POR AMOR DE UN PAJE

Un joven samurai llamado Guzayemon Toyawa vivía en una casa solo en el palacio de su amor, cerca de Toranomon. Un día, estando de permiso, salió a dar un paseo porque se encontraba cansado de su vida solitaria de soltero. De joven había sido famoso por su belleza varonil y había vivido en la ciudad de Matsuyama en la provincia de Shikoku del Sur; pero finalmente había dejado a su antiguo amo y venido a Yedo. Allí pronto fue tomado a servicio por otro señor con el mismo salario que había recibido en Matsuyama.  Su casa se encontraba en el barrio de Shibuya.

Había transcurrido la mitad de la primavera  y la temperatura era deliciosa. Fue a visitar el templo del dios Tudo en Meguro, Pasando ante una pequeña cascada del jardín del templo vio a un hermoso joven. este muchacho llevaba un ancho sombrero adornado con plata y sujete con una cinta de color azul pálido. Su túnica de amplias mangas era tan purpúrea como las gloriosas flores de la mañana. Ceñía en su faja dos espadas de vainas hermosamente decoradas. Caminaba tranquilamente sosteniendo un ramo de flores amarillas en su mano. Era tal su belleza que Guzayemon por un momento se preguntó su el dios Roya no habría tomado forma humana, o si no habría nacido tal vez una peonia que había echado a andar bajo el sol de primavera.

Estaba fascinado por el joven, que iba acompañado por dos cortesanos rapados y varios sirvientes, y lo siguió. Guzayemon pensó que debía de ser el paje favorito de algún noble príncipe. estaba profundamente alterado y le siguió.

Los dos cortesanos rapados marchaban cantando alegres canciones, porque estaban un poco bebidos. El joven se encaminó hacia un palacio cerca del templo de Koroku, y entró en él por una puerta coronada con hojas de paulonia violeta. Guzayemon preguntó a un guardia de quien era aquel palacio, y se enteró que el nombre del joven era Shyume Okuyama, el paje favorito de su amo.

Guzayemon soñó con el chico toda la noche. Al día siguiente permaneció delante de la puerta del palacio esperando ver el paje; pero fue en vano. De regreso a su casa, no pudo mantener la atención en su trabajo. Simuló estar enfermo y dejó su servicio. Pasó entonces a vivir en una casita de una calle del barrio de Kojimachi. Como disponía de todo su tiempo, todos los días iba a pasear ante la puerta del palacio, desde el veintitrés de mayo al mes de octubre; pero nunca volvió a ver al joven. No tenia modo de enviarle una carta de amor, y en consecuencia sufría cruelmente su pasión de día y de noche.

Por aquel entonces el amor del joven paje obtuvo permisa del shogun para regresar a su propio país, y la fecha de la partida fue fijada para el día veinticinco. Guzayemon decidió seguir al paje; para lo cual vendió todos los muebles de su casa, la cerró y pagó sus deudas al droguero, al pescadero y al vendedor de vino, despidió a su joven sirviente, y siguió al cortejo del señor.

El séquito se detuvo a pasar la primera noche  en la ciudad de Kanayawa y al día siguiente sentó sus cuarteles en Oysso. Aquella noche el paje salió en una litera a visitar el histórico Shigitatsusawa. Abrió unos centímetros la puerta de la litera y murmuró el famoso poema que Saiyó, el sacerdote budista, había escrito refiriéndose al palacio: Aunque he renunciado a todas las humanas emociones / como sacerdote de Buda/ me embarga una profunda tristeza/ al encontrarme aquí en Shigitatsusawa/ en una noche de otoño.

Guzayemon solo pudo contemplar a su amor desde lejos; no obstante el otro también le percibió, y sus miradas se cruzaron. Pero inmediatamente se separaron y Guzayemon no volvió a ver al paje hasta un día en que se dirigían a lo largo de una rocosa carretera por la cima del monte Utsunoyama. Guzayemon permanecía detrás de una gran roca al lado de la carretera, y lanzo una mirada a la litera del joven; entonces, a despecho de si mismo, empezó a llorar emocionadamente. El joven volvió su agradable rostro hacia él, y Guzayemon se sintió mas enardecido que nunca.

No volvió a ver a su paje antes de que llegaran a la ciudad de Tsuyama, en la provincia de Mimasaka, y allí solo consiguió deslumbrarlo por un instante. Fue su ultima oportunidad porque pronto llegó, sin tropiezo, el señor a la provincia de Yezumo. Allí Guzayemon se hizo jornalero para ganar su alimento ya que había gastado todo su dinero durante el largo viaje de Yedo a Yezumo.

Al año siguiente el señor volvió a marchar a Yedo, para rendir homenaje al shogun en abril. Guzayemon siguió su cortejo por segunda vez, pero solo contempló al paje tres veces durante todo el viaje: una vez en el embarcadero de Kuwanam la segunda vez en la escarpada colina de Shihomizaki, y la ultima en la arboleda de Suzuga, muy cerca de Yedo. En aquella ocasión el señor permaneció un año entero en Yedo.

Guzayemon iba cada día al palacio con la esperanza de ver a su amor. Con la vida que llevaba, todo su refinamiento y si apariencia distinguida habían desaparecido. Se encontraba macilento y mísero. Nadie podía distinguir en él a un samurai venido a menos, cuya belleza había sido otrora famosa. Su salud también se encontraba afectada.

Al año siguiente volvió a seguir al señor desde Yedo a su provincia. Parecía un mendigo, tanto era lo que había sufrido. Sus vestidos estaban llenos de agujeros y sus mangas se encontraban hechas jirones, pero conservaba aun sus dos espadas, que son como el alma del samurai.

En la afueras de una ciudad llamada Kanaya vio la litera del paje. Y Shyume vio a Guzayemon desde su litera y comprendió que Guzayemon aun le amaba. Quedó profundamente conmovido por tanta fidelidad, mientras el corteja hacia una corta parada en el monte Sayono Nakayama, y esperó a que Guzayemon se acercara. Pero Guzayemon se encontraba demasiado lejos para poder llegar cerca de él, y no se vieron mas uno al otro en aquella ocasión. Guzayemon, por cierto no volvió a contemplarle durante todo el resto del viaje, aunque no cesó de pensar en él.

Sus pies estaban malheridos y sangraban de tan larga andadura; no tenia ya dinero y acabo convirtiéndose en un mendigo callejero. Pero se aferraba desesperadamente a su miserable vida. Protegía su cuerpo de la lluvia, el viento y la nieve con un delgado sombrero de junco y una capa de hierba trenzada. Tiritaba cuando soplaba el frío. Durante el día permanecía en una infame cabaña embardada en un campo, y por la noche, cuando Shyume regresaba a casa en el palacio de su amo, se quedaba cerca de la puerta del palacio y se consolaba a si mismo observando el querido muchacho desde lejos.

Un atardecer lluvioso Shyume llamo a su sirviente, Kuzaye, porque se sentía solo y muy aburrido después de cumplir sus diarias obligaciones y le dijo: "Yo nací en el seno de una familia de samuráis, y todavía no he matado a un hombre vivo con mi espada. Así y todo, debo tener practica para caso de batalla. No puede ser un buen guerrero si no tengo practica en el arte de matar. Kuzaye, deseo probar matar un hombre vivo esta noche"

 Su sirviente le reprochó: "Querido amo, tu eres un excelente espadachín y muy experto con tu arma. No eres inferior a ninguno de los cortesanos de esta comunidad. No tienes nada que temer a este respecto, en absoluto. El cielo te castigará si matas a un hombre vivo sin una razón suficiente, por mero capricho. Te suplico que esperas a ocasión mas seria para ejercitar tu destreza"

Shyume le explicó: "Yo no deseo matar a un hombre honorable, querido Kuzaye. Allí junto al arroyo de la calle hay un mendigo, que parece totalmente desgraciado. No puede sentir amor por la vida. Pregúntale si me quiere entregar su vida una vez yo haya satisfecho todos sus deseos.....

 

 

 

* * * * * * * 

 

 

ENTRADA  Historias de amor entre samuráis

 

m

 

ISLA  TERNURA RINCONES AMABLES AUTORES  ESCRITORES TEXTOS CLÁSICOS

 

 

NOTA: Si tienes algún texto clásico de temática acorde a la de ISLA TERNURA, esta zona está a tu disposición. Los demás navegantes amigos podrán leer y apreciar ese trabajo. Simplemente envíanos un Email con el texto como archivo adjunto, o indicándonos la dirección en donde esté el mismo,  e intentaremos ponerlo en el site.