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El
sirviente contestó: "Ni siquiera en tan miserable situación
deseará morir": Con todo, salió en busca del mendigo y le
dijo: "Querido amigo, tengo que pedirte un favor. La vida
humana no es, como sabes, una cosa vana. También es tan
incierta como los chaparrones nocturnos. No podemos saber cuanto
pueden durar ni cuando cesarán. Tú has llegado realmente
a una situación lamentable, y pienso que la vida no te ofrece
muchos placeres. Mi joven amo me ha mandado preguntarte si
estarías dispuesto a darle tu vida para morir por medio de sus
espada, porque desea practicar sus armas con una persona
viva. Pero antes de matarte, te permitirá que te quedes
con él treinta días y durante ese tiempo te facilitará vivir espléndidamente.
Encargará también a un sacerdote que oficie un hermoso funeral
para tí. ¿Qué te parece?. El
mendigo contestó: "Yo no sé si viviré hasta la próxima
primavera, y todas las noches sufro por causa del viento frío.
No tengo amigos, y a nadie le importará lo que haya sido de
mí. Estoy completamente dispuesto a que tu amor me mate". El
sirviente entonces le condujo hasta Shyume sosteniendo su débil
y tembloroso cuerpo, con sus manos, y le contó el éxito que
había tenido su misión. Primero hicieron que el hombre tomara
un baño para lavarse; entonces le dieron ropas limpias y una
habitación de sirviente. Lo alimentaron durante diez días con
los mas deliciosos platos, según su deseo. La noche señalada,
cuando ya era tarde, fue conducido a un apartado lugar del
jardín de Shyume. Shyume
miró su pálida y macilenta cara y preguntó: "¿Estás
realmente dispuesto a ofrecerme tu vida como presente?" El
mendigo estiró su cuello para recibir la herida mortal
diciendo: "Estoy completamente preparado, señor. Corta mi
cabeza". Shyume levantó su falda para poder tener mas
libertad de movimientos y se dirigió hacia el otro blandiendo
su espada. Lo golpeó con ella pero no lo hirió en absoluto,
porque apenas tenía filo. El mendigo y el sirviente se quedaron perplejos
por ello. Pero Shyume despidió a todos sus sirvientes y cerró
la verja del jardín. Ahora se encontraba solo con Guzayemon, a
quien condujo a su aposento diciendo: "Reconozco tu cara;
tu debes haber sido un samurai". Pero el mendigo lo negó. Shyume
insistió: "Estás mintiendo. Yo sé que tu me amas
apasionadamente. Ábreme tu corazón y no escondas tus
pensamientos. Si ahora guardas tu secreto ¿cuando lo
revelarás, y a quien, sino a mi? ¿O me equivoco al pensar que
me amas? El
mendigo extrajo de su pecho un pequeño paquete enrollado con
una corteza de bambú y lo abrió. Tomó de él una bolsa
dorada de seda que ofreció a Shyume diciendo con lágrimas en
los ojos: "Mi corazón está encerrado ahí dentro".
Shyume desató la bolsa y sacó de ella sesenta hojas de papel
fino sobre las cuales Guzayemon había escrito la historia de su
amor, desde el primer día que vio a Shyume cerca del templo
hasta aquel ultimo día en que lo había esperado ante la
puerta. Shyume
leyó cinco de las hojas y luego las volvió a colocar dentro de
la bolsa. Llamó a sus sirvientes y les ordenó que custodiaran
a Guzayemon. Al día siguiente por la mañana se dirigió al
señor y le dijo: "Señor, un hombre está locamente
enamorado de mi, y yo no puedo ser tan cruel como para
rechazarlo. Pero si acepto su amor, te desobedezco, señor, y me
muestro a mi mismo ingrato para contigo. No sé qué hacer. No
se me ocurre ninguna idea. Señor, te ruego que me mates con tu
espada y me libres de tal dilema" El
señor la preguntó los detalles de esta historia, y Shyume le
entregó los papeles escritos por Guzayemon, los cuales leyó el
señor secretamente en su habitación. Entonces hizo llamar a
Shyume y le dijo que regresara a su casa y esperase sus ordenes,
hasta que hubiera sopesado su decisión. Shyume preguntó:
"Mi amante está en mi casa, y si tu me envías allí de
nuevo, le amaré. Déjame morir aquí por medio del
hara-kiri" Después
de meditar brevemente el caso el señor sentenció que Shyume
fuera confinado en su propia casa, después de lo cual Shyume rápidamente
regresó a su casa e hizo que Guzayemon se vistiera el ropaje de
un autentico samurai y le dio dos espadas. Shyume y Guzayemon se
amaron entonces uno al otro con locura y apasionamiento,
esperando a cada minuto ser condenadas a muerte por orden de su
amo. Tan ardiente amor, al precio de la misma vida, era osado y
audaz. Pero pasados veinte días, el señor perdonó a Shyume, y
le entregó veinte conjuntos completos de trajes varoniles y
mucho dinero, diciéndole: "Envía a tu samurai de
vuelta a Yedo" Shyume
quedó muy agradecido por la amabilidad y generosidad de su
señor. Y sin esperar al día siguiente, preparó la partida de
Guzayemon. Cuando
llegó a la provincia de Yedo, Guzayemon hizo regresar a todos
los hombres de Shyume que le habían acompañado. En vez
de dirigirse a Yedo, subió a la alta montaña de Jatsororaju,
en la provincia de Yamato, y vivió allí como un eremita
permaneciendo en la montaña sin ver a nadie. Tomó el nombre de
Mugente, el sacerdote del sueño. Se cortó el cabello y empleó
todos sus días en contemplar el deshielo primaveral de las
nieves desde las rocas vecinas a su morada. *
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