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El gran maestro
Mizi, cuyo nombre de pila era Xia, era favorito y amante del
Gran Señor Ling de Wei. De acuerdo con la ley del reino, el uso del carruaje
sin autorización del Señor Ling estaba absolutamente prohibido a
todos los cortesanos, bajo pena de ser castigado el culpable de
tal utilización cortándole un pie. Una
vez sucedió
que la madre de Mizi cayó gravemente enferma,
y un mensajero sin aliento llegó al palacio en medio de la noche
para avisar el gran maestro de la preocupante noticia. Él
preocupado cortesano, sin el menor reparo saltó al carruaje del
Señor y se marchó al pueblo donde su madre estaba doliente. Cuando el
Gran Señor Ling de Wei se enteró, en lugar de castigarlo lo elogió, diciendo: "¡Qué hijo tan
devoto! ¡Para consolar a su madre se arriesga a perder sus propios pies!"
En otra ocasión, en una tibia y apacible tarde de verano, Mizi Xia estaba dando un paseo con el
Gran Señor por el huerto real. Un hermoso melocotón que colgaba de una
rama baja llamó su atención y lo arrancó. Le dio un mordisco a la
fruta, y tras saborear la dulzura de la jugosa pulpa, ofreció el resto a
Ling de Wei. El Gran Señor, conmovido por el gesto íntimo, dijo:
"¡Mi amado me quiere hasta el punto de olvidar su propia boca y
darme el resto del dulce fruto!". Con
el paso del tiempo, la belleza de Mizi Xia comenzó a desvanecerse, y el
amor del Gran Señor comenzó a declinar paralelamente. En una ocasión en
que el Gran Maestro fue acusado de alguna falta nimia, Ling de Wei
comentó: "Este cortesano en una ocasión secuestró mi carruaje sin
permiso, y recuerdo que en otra ocasión, estando paseando en una cálida
tarde de verano me ofreció un melocotón mordido y medio comido" Mizi
en verdad no había hecho nada anómalo ni delictivo. Si en ese momento
era acusado por algo ello era debido a que el gobernante había cambiado
el pasado amor en odio presente.
Desde
esos días, cuando la gente se refiere en China al amor masculino, uno
de los términos que emplea es "los placeres del melocotón
mordido"
Otro
termino, asimismo utilizado para referirse a este amor es "el de la
manga cortada". La historia habla de un príncipe cuyo amante se había
quedado dormido a su lado, aprisionándole una de las mangas de su túnica
de seda. Era tal el amor que sentía por su amado que para no despertarle
prefirió cortar la manga de la prenda para incorporarse y atender a las
obligaciones de su cargo.
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